El 9 de junio, He Liwen estaba feliz de recibir una entrega inusual. Unas personas habían encontrado dos osos pequeños que, de alguna manera, habían sido separados de su madre. Luego de alimentarlos con un poco de leche, habían decidido llevarlos a la oficina de administración de la Reserva Natural de Baishuijiang, en la provincia de Gansu. “Esto significa que la conciencia de la gente sobre la protección de los animales salvajes ha mejorado”, sostuvo He, director de la oficina de gestión de pandas gigantes en la reserva.

Con más de 24 años trabajando como protector de animales salvajes, especialmente de pandas, He ha dedicado su vida a esta causa y ha sido testigo de los cambios en la protección de estos animales y del entorno ecológico de la reserva.

La última investigación nacional de pandas salvajes, publicada en 2015, mostró que había 1.864 pandas en todo el país, distribuidos en las provincias de Sichuan, Shaanxi y Gansu, y 110 que viven en la reserva de Baishuijiang.

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Según He, a pesar de que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza informó que la población de pandas gigantes había mejorado lo suficiente como para que la categoría de especies en peligro bajara a “vulnerable” en 2016, los pandas gigantes todavía se encuentran bajo amenaza porque su hábitat está muy fragmentado. “Debido a razones naturales y actividades humanas, como la construcción de rutas y el desarrollo de lugares pintorescos, los pandas salvajes están divididos en pequeñas poblaciones, lo que influye de manera negativa en su reproducción”, sustuvo He.

Como resultado, los pandas aún necesitan ser protegidos. Eso no solo significa cuidarlos a ellos, sino también a su hábitat y toda su flora y fauna, señaló. “El panda es una especie paraguas. Proteger a los pandas puede indirectamente proteger muchas otras especies, como el mono dorado que compensa la comunidad ecológica de su hábitat”.

He comenzó su viaje de conservación cuando se le asignó el trabajo en la reserva después de graduarse en silvicultura en 1996. La oficina de gestión de pandas gigantes en la que trabaja es responsable del patrullaje de la reserva, el monitoreo del estado de los animales salvajes, el rescate de las criaturas heridas y la promoción de la toma de conciencia sobre la importancia de la protección de los animales. “Patrullamos una vez por mes para chequear y desalentar la caza furtiva en la reserva. También controlamos la actividad y distribución de los animales, basados en imágenes captadas por cámaras infrarrojas que hemos instalado en toda la reserva y recolectamos pelo y materia fecal para analizar”.

Cinco personas de la oficina de He y unas 70 personas de seis estaciones de protección y un centro de reproducción y domesticación de pandas de la reserva se turnan para trabajar en medio de los bosques. En general, van a la jungla en grupos de tres a cinco y permanecen por períodos de entre varios días a dos semanas.

He y sus colegas tienen que enfrentar muchos desafíos en los bosques, debido al difícil terreno montañoso, al clima cambiante o ambos. Todavía recuerda una vez, cuando participó en una investigación, que el grupo caminaba a una altura de 3.700 metros, planeando regresar a la mañana siguiente. Sin embargo, a los 10 minutos de su descenso, se encontraron con una fuerte niebla y se vieron obligados a esperar, ya que no podían ver hacia dónde iban. Cuando la niebla se disipó y pudieron continuar, comenzó a llover fuertemente. El grupo tardó 12 horas en descender a 1.800 metros, con la lluvia que no cesaba.

Con los años, ha sido testigo de los progresos en la protección de los animales y la ecología de la reserva. “Las cámaras pueden capturar más imágenes de las pandas madres y sus bebés y podemos ver animales con mayor frecuencia que antes”. Al igual que las personas antes mencionadas que le llevaron los ositos, He reconoce que el deseo de la gente de proteger a los animales y su conciencia sobre la necesidad de hacerlo han mejorado, especialmente desde que China implementó la segunda fase de su programa de protección de bosques naturales en 2011. Además, más personas que viven dentro de los límites de la reserva se dedican a la protección forestal. “Las tareas de protección de los bosques en nuestra reserva se han asignado a hogares específicos y las personas pueden ganar algo de dinero por su trabajo. En base a esto, dedicamos más esfuerzo a la protección”, señaló He.

Los avances tecnológicos también han contribuido al trabajo de He. Desde fines del año pasado, las cámaras instaladas en la jungla se han equipado con un sistema de reconocimiento de pandas gigantes, que puede identificar automáticamente a aquellos que aparecen dentro de las zonas de detección de las cámaras e informar a las personas en la oficina de administración para comenzar a grabar.

Sin embargo, sostuvo que el sistema aún necesita ajustes para identificar animales con mayor precisión. El sistema puede identificar pandas con una precisión del 98 %, pero tiene dificultades al identificar muchos otros animales, ya que estos no permanecen inmóviles ni miran a las cámaras como harían las personas. “Luego, queremos crear una base de datos que contenga las imágenes capturadas por nuestras cámaras, de modo que el sistema pueda hacer comparaciones y analizar y reconocer mejor a los animales. Esperamos que esa base de datos sea un gran apoyo para nuestro trabajo de protección”.

Aunque el trabajo es difícil y desafiante, He no lo considera un trabajo y lo describe como “doloroso y dichoso” a la vez. “Siempre me siento feliz cuando me acerco a los animales en su hábitat natural. Puedo ver muchas cosas y animales que otros no ven”, sostuvo He.

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