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“Yo quiero una nena linda y flaca”

Por Marcela Furlanomfurlano@diariouno.net.ar

Hace unos días estaba charlando con un amigo que es profesor de Educación Física. En ese momento recibió una llamada que le cambió la cara. Alguien le decía que una mamá lo estaba buscando para contratarlo como personal trainer de su hija de 10 años porque la nena era “gordita”.

Mi amigo, que al otro día partía a Buenos Aires con un equipo, decidió arreglar un encuentro con la mamá a su regreso. Cuando terminó la comunicación, me dijo: “Quiero conocer a esta mujer para aclararle que un personal trainer no es para una niña. Si la nena necesita bajar de peso, tiene que llevarla a un nutricionista y a hacer actividades en un club, donde se relacione con chicos de su edad. Y, sobre todo, hacerle entender a su hija que si debe bajar de peso, es por una cuestión de salud, no de estética”.

El enojo de mi amigo era evidente, porque no es la primera vez que se encuentra con estos casos. Y el problema no son las niñas, son las mamás, que hasta incluso parecen “avergonzarse” de no tener una heredera que sea todo lo bonita –y delgada– que ellas desean. Y son capaces de someter a sus hijas a dietas –sin supervisión médica– para perder unos kilos.

Mi amigo me sumaba un ejemplo: en una escuela de verano, un grupito de chicas de unos 12 o 13 años llevaba días comiendo fruta en la merienda. Entonces les preguntó por qué comían sólo eso, pensando encontrar en sus voces el eco de unas mamás responsables que les hubieran hablado de los aportes nutricionales de estos alimentos frescos. La respuesta fue: “Estamos a re dieta, porque el sábado tenemos un cumpleaños y queremos llegar flaquísimas”. Es probable que en esto también se esconda la influencia –nefasta– de sus mamás.

Una pinturitaEn la tele vemos esos espantosos concursos en los que niñas, desde unos pocos meses de edad hasta la pubertad, participan en certámenes de belleza donde las maquillan, peinan y hacen mover como sensuales modelos adultas. Y detrás del rimmel, los vestidos bordados y el contoneo de las caderas que se les enseña, están las mamás que no dudan, incluso delante de las cámaras, en retar a sus pequeñas porque el vestido no les entra porque “están gordas”.

Y si bien esas postales son de programas de Estados Unidos, acá, en nuestra Mendoza, fuera de concurso, muchas madres están haciéndoles creer a sus hijas que el mundo sólo es de las flacas. Quizá más adelantes les agreguen que tampoco lo es para los feos, los diferentes ni los viejos.