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Para los argentinos "si no se tiene algo feo que contar, no hay contacto posible. Si te va bien sos un garca", opina el filósofo Alejandro Rozitchner.

Victimizarse, el deporte nacional

Por UNO

El filósofo Alejandro Rozitchner analiza en su página (100volando.net) una de las característicasesenciales de los argentinos: el lamento y la victimización permanente.

Este es el artículo completo que escribió:

Victimizarse es ponerse en el lugar de quien vive padecimientos injustos o fuera de lo común,

para poder denunciar (intima o socialmente) la responsabilidad ajena de la propia desgracia. Hay en

tal construcción una pasión tal que incluso se elige el padecimiento como forma de vida, porque

este tiene en semejante marco un sabor a justicia y a verdad. Quien se victimiza prefiere tener

razón a crecer, aun cuando esa razón sea demasiado dudosa, y la principal ocupación del victimizado

deba ser la descripción minuciosa de su padecimiento y de la culpa ajena. De tan dudosa que es, su

razón, requiere de una argumentación constante, de un fino trabajo de mantenimiento discursivo en

el que se agota toda la inteligencia disponible. La victimización es un trabajo que requiere

atención permanente, una especie de guardia hospitalaria dedicada al trabajo de agravar las

circunstancias y demostrar la propia impotencia. Y además, hay que estar alerta, porque si se

expresa alguna forma de felicidad, el victimizado se vuelve enseguida sospechoso, y convence menos.

Para victimizarse bien hay que pasarla mal todo el día, encontrar en cada hecho o tema

motivos para tener prolija la fosa en la que uno se sumerge a sí mismo, para tener razón y no tener

que hacer nada.

Porque el victimizado es básicamente un quieto, un pasivo, alguien que dedica toda su

capacidad al arte de la descripción de una situación imposible. En vez de buscar formas de salir de

ella, el victimizado busca constantes pruebas de que no puede hacer otra cosa que pasarla mal.

¿Sabés la última?, puede decir, feliz de poder amargarse un poco más ante el nuevo abuso, o ante el

recién aparecido detalle que provoca aun más dolor.

Es una de las formas de la neurosis, o su base constante detrás de todas las variaciones

posibles. ¿Es un dolor real? Debe serlo, aunque sea en gran parte un dolor construido, alimentado,

militado. Es un dolor preferido, elegido antes que el otro dolor del crecimiento, en el que en vez

de reconstruir el propio sufrimiento todo el tiempo uno dedica sus esfuerzos a construir una

superación de los problemas que lo acosan. El de la victimización es un dolor querido, que salva,

un dolor que se siente por ser bueno (cree uno, o trata de hacer creer), un dolor refugio que sirve

para evitar los desafíos que hay en el hacerse cargo de sí mismo.

Hay un enorme prestigio, en nuestra mentalidad nacional deformada, en ocupar este rol (social

o íntimo). Para muchos, si uno no tiene algo feo que contar, no hay contacto posible. ¿Te va bien?

Sos una basura, garca, derechista, desalmado, frívolo. No merecés entrar el Club del Padecimiento

Meritorio, salí de aquí...

Porque también, desde esta perspectiva insana, se disfruta de denigrar a quienes han elegido

el otro camino posible, el del crecimiento. ¿Qué hacen esos nefastos, saludables, que no se

victimizan? Dan la batalla por su vida. Le buscan la vuelta. Se hacen cargo de sus defectos, de sus

incapacidades, de sus temores, y tratan de crecer. Generalmente lo logran, porque no es tan

difícil, porque se puede, porque toma tiempo y esfuerzo pero no somos tan incapaces. No, no se

puede todo, pero se puede mucho, de a poco. Claro, si uno avanza por ese camino, pierde los

privilegios del victimizado: el consuelo constante de una mirada buenita que entiende la gravedad

extrema de todo lo que te pasa.

Y no, no digo que no haya problemas, ni motivos para padecer. Los hay, los hubo, los habrá.

Digo que la vida tiene esa constante, la de la producción de problemas, y que no se gana nada con

ponerse en situación de aniquilado, excepto el consuelo de saberse colmado de una gracia

trascendente e inventada.

Mucho dolorido es el principal responsable de su dolor. No todos, es verdad. Hay vidas que

arrastran pesos excesivos, o que viven circunstancias muy pesadas. Pero la observación del

mecanismo de autoconstrucción de la víctima es muy útil, porque hay una tendencia nacional a creer

que es mejor, más valioso, hundirse que nadar.

Y hay que decirlo con claridad, repetidamente: la vida es difícil, está llena de

contratiempos y problemas, de límites que no se desean ni se aceptan y producen dolor. Pero esta es

su condición básica, no un defecto de fábrica. En este panorama nos corresponde a nosotros actuar,

luchar o trabajar para generar una mejoría de las condiciones (íntimas o sociales). La

victimización es una manera de huir de las cosas. Aun las verdaderas víctimas, tienen que aprender

a dar la batalla. No hay otro lugar adonde ir.

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El filósofo Alejandro Rozitchner.
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El blog de Rozitchner.
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