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Viaje hacia el fin del mundo

Javier Cusimanocusimano.javier@diariouno.net.ar

Héctor Baptista (30) y Victoria Pardo (25) son dos jóvenes inquietos que se conocieron viajando. Por pura casualidad compartieron tiempo atrás el mismo recorrido en micro por calles que componen el circuito de la ciudad. Ella iba para la facultad de Ciencias Agrarias para completar sus estudios como ingeniera en Recursos Naturales Renovables y él tenía en manos los preparativos finales para la presentación en el Espacio Contemporáneo de Arte de su novela, Suero.

Del encuentro de dos almas afines surgieron las primeras salidas y al poco tiempo el noviazgo. Luego se fueron a vivir juntos, convencidos como Oliveira y la Maga de Rayuela que un encuentro casual era lo menos casual en sus vidas. Tres años más tarde emprendieron otro viaje. Esta vez seguros de que hay experiencias que la academia, los libros o las fotos no pueden entregar. La travesía consistió en recorrer 2.000 kilómetros en bicicleta, durante 50 días, para conocer el Sur de la Argentina.

La idea inicial era disfrutar de la infinidad de paisajes que ofrece la geografía del país en carne propia, es decir lo más cercano a vivencias difíciles de googlear. Porque tal como cree esta pareja de andariegos, viajar de un sitio a otro puede estar impulsado por infinidad de motivos, pero existe, entre todos los viajes posibles, el viaje como experiencia transformadora.

Para esta aventura no son necesarios pasajes, maletas, ni destinos, sino sólo la voluntad de renunciar a las comodidades cotidianas para plegarse al encuentro con el paisaje y uno mismo, ya que viajero que antes de salir prevé y conjetura con la imaginación los derroteros y vivencias que podrán suscitarse en su periplo, va descubriendo que el viaje todo lo cambia, y que cada kilómetro de carretera andado se instala en su espíritu quebrando la rutina cotidiana y ensayando a la par nuevas posibilidades de ser en el mundo.

Este es el tipo de viaje que Héctor y Victoria planearon y soñaron por meses y también el que comenzaron a transitar la mañana del 24 de setiembre del año pasado hasta su regreso, un mes y medio después de  partir.“Teníamos pensado viajar cada uno en su propia bicicleta pero nos robaron una de ellas mientras atendíamos el puesto de compra y venta de libros usados que tenemos en la Alameda”, cuenta la pareja de novios para justificar la elección, que agregó algo de extraordinario a su hazaña. Porque a diferencia de viajes similares, ellos usaron para transportarse por la ruta 40 una tándem, a la que apodaron cariñosamente La Mulita. Esta compañera se transformó en una de las herramientas indispensables para el camino y se acopló a la travesía casi por accidente.

“Luego de buscar y buscar alguna alternativa un poco más económica que la sofisticada bicicleta que nos arrebataron, apareció muy deteriorada en el depósito de un taller la bicicleta para dos. En cuanto la vimos sabíamos que le daría al viaje un giro inesperado porque indudablemente cambiaba un poco el esquema que nos habíamos trazado”, cuenta Héctor, y añade que quedaron muy satisfechos con el precio, a pesar de que tuvieron que restaurarla en su totalidad añadiendo o cambiando piezas por otras mejores o nuevas.

La pareja describe que la bicicleta fue sólo una de las tantas cosas que tuvieron que prever antes de partir. Para planear el viaje leyeron experiencias de otros ciclistas por internet y de a poco fueron armando una larga lista, en la que ningún detalle quedara afuera, porque sabían que el mínimo error sería demasiado caro de pagar en la desolación de la ruta. Fue así como se hicieron de un extenso equipo compuesto entre otras cosas por resistentes alforjas usadas para contener los repuestos, la ropa y la comida indispensable del viaje.

Sin embargo explicaron que por más que se sumen todos los esfuerzos por no dejar ningún cabo suelto siempre termina faltando algo en el momento menos pensado. Como les ocurrió en una de las innumerables veces que tuvieron que detenerse para arreglar la bicicleta. En la primera ocasión, a 150km del pueblo más cercano se dieron cuenta de que ninguno de los dos había cargado suficiente pegamento para emparchar las ruedas.

En cuanto a la preparación física y mental previa, los novios también coincidieron en que es algo imposible de resolver con anterioridad. “Uno desde su casa puede practicar y entrenar enérgicamente por meses, pero realmente nunca sabe con lo que se enfrenta hasta que comienza a pedalear horas y horas, durante días y días”, remarcaron, y subrayaron a su vez que viajar en tándem no es nada fácil.

“Teóricamente las personas comparten el impulso y la fuerza del movimiento. Sin embargo creo que viajar en solitario es mucho más fácil. En dos bicicletas podés multiplicar las cargas porque cada uno tiene sus propias alforjas y hay más lugar. Además cada quien lleva su propio ritmo. En tándem en cambio la comunicación con el otro tiene que ser casi perfecta. Compartir una bicicleta entre dos personas requiere una buena dosis de confianza y el equilibrio es primordial ya que un movimiento en falso puede detener bruscamente todo el recorrido y terminar en una mala caída”, detalla.

Victoria.“Cuando planteamos en nuestro entorno más íntimo que teníamos pensado recorrer el Sur de la Argentina en bicicleta nadie apostó un solo centavo en el proyecto. No tenían fe de que resistiríamos el extenso periplo. Sin embargo nos animamos y no nos fue tan mal”, relata Victoria, y agrega que el primer tramo los condujo desde Mendoza hasta Tunuyán. El 25 de setiembre sobre el kilómetro 3.185 hicieron su primera parada para acampar.

Los viajeros narran que durante la travesía debieron someterse a situaciones extremas en todo momento. “Sufrimos mucho calor y también mucho frío”. Aunque admirados señalan que el organismo después de los primeros 5 días comenzó a comportarse en equilibrio con las posibilidades del entorno. “Es increíble, pero si nos quedábamos sin agua, inmediatamente dejábamos de tener sed. Lo mismo con la comida. Nuestra principal dieta consistía en una galleta compuesta de avena, pasas y almendras. Sólo cuando parábamos a descansar en algún camping nos dábamos el gusto de preparar una comida más elaborada”, recuerda Héctor.

“Mientras más nos acercábamos al Sur más emocionante se hacía el viaje, por los paisajes repletos de verde y agua, y también por la gente”, comenta Victoria. “Las personas que nos cruzamos fueron, salvo excepciones, todas muy afectuosas y nunca dudaron en asistirnos aun cuando no lo necesitábamos”, dice y trae hasta su memoria los días que compartieron junto con Claudia y Valeria, del hostel Pehuenia, en El Bolsón; a Alejandro el policía que conocieron en Cholila, de Chubut, y a los chicos de la comunidad mapuche en Chorriaca.

“Uno termina descubriendo que todo lo que tiene no es más que exceso y lujo, que para vivir no se necesitan demasiadas cosas y que lo más importante es la gente”, asevera convencido Héctor. “Estuvimos 50 días sin televisor, computadora, celular y todos los artefactos que hacen supuestamente nuestras vidas más ágiles y confortables y realmente descubrimos que no son tan necesarios o que al menos no nos hacen falta para ser felices”, describe.Por San Martín de los Andes, por Lago Hermoso, en Villa la Angostura, por el lago Nahuel Huapi, por el Parque Nacional los Alerces y Trevelin, entre muchos lugares más, anduvo paseando esta pareja de enamorados y tejiendo con cada pedaleada su sueño.

En el camino aprendieron a conocerse más allá de las palabras y también a entenderse y escucharse en situaciones adversas. Sintieron una conexión distinta con el mundo y conocieron algunas costumbres ehistorias de otras gentes. Después de 50 días, a falta de recursos para seguir, tuvieron que regresar.

Volvieron a Mendoza el 11 de noviembre pasado, cansados pero seguros de que este fue el primero de muchos otros viajes por delante.

“Queremos volver a intentarlo y probar con otros sitios, porque realmente ha sido fascinante todo lo vivido en tan poco tiempo. Para la próxima vez, seguro todo será mucho más fácil. Ya le conocemos las mañas a La Mulita y también qué cosas son necesarias agregar al equipo inicial”, relatan entusiasmados mientras preparan las maletas para una estadía en Uruguay.