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Un baño de pueblo en el Dakar

A esta altura del partido, y visto el fragor volcánico que ha caracterizado a enero, correspondetrasladar una pregunta pertinente a la clase política: ¿cómo será 2010?

¿Seguiremos, los hombres comunes, con el corazón en la boca, mirando la lucha de todos contra

todos en la conducción del país; absorbiendo, desde abajo, la mala onda y la bilis negra que

destilan los de arriba?

¿O, en honor al espíritu del Bicentenario, habrá un cacho de sensatez para fomentar la

concordia, el encuentro, la convocatoria a un destino común?

Ya hemos perdido, prácticamente, el primer mes del año, observando, atónitos, los rounds,

llenos del inquina, del Club de la pelea, en torno a asuntos que deberían unirnos en vez de

apartarnos como el Banco Central, la deuda externa, la independencia de los tres poderes, las

relaciones internacionales, el rol de la oposición, los derechos del Ejecutivo a trazar su hoja de

ruta, etcétera.

Faltan 11 meses. ¿Podremos transitarlos bajo el signo de la conjura permanente y planetaria,

como siente la Presidenta que la acosa, sin perecer en el intento?

Mendoza en otra cosa

Por fortuna, la Provincia vivió estos últimos días entregada al Dakar. La competencia, una de

las más famosas del calendario mundial, apasionó a miles de ciudadanos y le dio la oportunidad al

gobernador Celso Jaque de darse un baño de multitud y de calorcito popular.

Sólo por obligación, y ante la insistencia de la prensa, Jaque aludió a la enmarañada crisis

nacional. Como no podía ser de otra manera, se mostró solidario con la presidenta Fernández, pero

su tono dominante fue la moderación.

Dio por sentado que había algo así como un complot en contra de Cristina y dio a entender,

aun de manera más elíptica, que el vicepresidente Julio Cobos era parte de ese plan destituyente.

No fue más lejos. No emitió ninguna frase concluyente que echara más leña al fuego. No viajó

a Buenos Aires para hacer el aguante, como acostumbraba antes. No se encaramó al atril para

fustigar a los que piensan distinto.

Esto último se lo dejó, como licencia, a su secretario de la Gobernación, Alejandro Cazabán,

que acusó a radicales y cobistas de querer incendiar la Provincia por su insistencia en controlar

las cuentas públicas.

Cazabán, como James Bond, es el único en el gabinete que tiene licencia para matar.

Calma en los cuarteles

La UCR mendocina no quiso enfangarse en una discusión pública con el secretario de la

Gobernación. Creen allí que el Presupuesto enviado por el Gobierno es un mamarracho insostenible y

que los demócratas han terminado de suicidarse pactando con Jaque en éste y otros asuntos.

El ex vicegobernador Juan Carlos Jaliff, uno de los aludidos como pirómanos, no emitió una

declaración pública. Pero su pensamiento íntimo fue: "Nos acusan de incendiarios. Pero ellos van a

fundir la Provincia. Ahí sí ocurrirá el verdadero incendio".

Por lo tanto, diga lo que diga Cazabán, los coborradicales continuarán marcando la cancha,

metódicamente, con la mirada tendida hacia 2011.

Ya tienen demasiado con los furibundos ataques que viene recibiendo, día tras días, hora tras

hora, su principal referente, Julio Cobos, por parte de la cúpula kirchnerista. La Presidenta en

persona no para de castigarlo en cuanta tribuna esté.

Con rivales tan altos, que catapultan en cada agresión más arriba la figura del

vicepresidente, la peleíta local suena aburrida y de poca monta.

Mejor así. Mendoza fue casi todo Dakar, mientras el país arde.

Cristina luce demudada y tensa.

Jaque, en tanto, sonreía beatíficamente desde el Sur, junto con su jefe de Turismo, Luis

Böhm, que anunciaba, también radiante, 30% más de visitantes en la primera semana de enero.

El dios devaluatorio volvía a ser benéfico con nosotros.

Con viento de cola

Reina la felicidad en el Gobierno provincial, aunque pueda ser una foto fugaz.

Hasta el vicegobernador Cristian Racconto sintió bullir la sangre en sus venas.

En un rapto de entusiasmo se corrió hasta Chile para enfrentar un problema bochornoso e

insoluble: las colas eternas que humillan a los viajeros en la frontera. La solución, imaginada

junto con las autoridades de Valparaíso, de implementar una tarjeta magnética para los ciudadanos

de esta parte del mundo puede funcionar o no (las burocracias de ambos países son capaces de trabar

cualquier cosa). Pero ha sido bueno el intento y desde ya se le agradece.

Con el impulso que traía desde la cordillera, Racconto voló, presto, hasta San Martín. Los

mendocinos Orly Terranova y Sebastián Halpern venían de hacer su mejor etapa en el Dakar, en la

llegada a San Juan.

Racconto también quiso un baño de pueblo y de masa rugiente. Y mientras en Nueva California

esperaban la llegada de los competidores, el vice se subió a un vehículo y atinó a saludar a la

gente cual reina de la Vendimia.

Sólo recibió rechiflas.

No importa. El optimismo y la ingenuidad entusiasta de Racconto son incombustibles.

Sin embargo, sirve para poner las barbas en remojo. Se acerca el festejo central de la

Vendimia. El año pasado, el Gobierno le echó la culpa de los silbidos al intendente de Godoy Cruz,

Alfredo Cornejo.

Difícilmente este año pueda esgrimir una coartada similar.

MDZ y Raúl Moneta

Finalmente, una aclaración, honrando, como exige el fair play, los buenos modales del derecho

a réplica.

Hace dos domingos, en esta columna se aludió a una gestión para pactar una tregua y

recomponer relaciones luego de dos años de total divorcio entre el representante del Gobierno,

Alejandro Cazabán, y un Ejecutivo del on line MDZ, al que se aludía, textualmente, como "el diario

de los Terranova y de Raúl Moneta".

Pues bien, en un encuentro fortuito del arriba firmante con uno de los dueños del periódico,

éste aclaró que Territorio Digital, la empresa a la cual pertenece MDZ, es en 50% de Orlando

Terranova y en 50% de Eduardo Terranova.

"Y de nadie más –subrayó, con énfasis, nuestra calificada fuente–. Que quede claro: no

tenemos nada que ver con Raúl Moneta. Nada".