Afondo Miércoles, 11 de julio de 2018

Ternura de buena hombría

En Cartas al rey de la cabina, el escritor Luis María Pescetti cuenta la historia de amor de Paloma, mientras Juan Quintero la viste con su voz y su guitarra

Luis María Pescetti no sólo es un autor de vasta y prolífica trayectoria en la literatura infantil, sino que este escritor y músico nacido en Santa Fe puede prodigar la poesía de sus textos, por ejemplo, en una historia de amor.

Este es el caso de Cartas al rey de la cabina, donde la voz de una joven mujer, Paloma, deshoja los avatares de un amor y un abandono, mientras su palabras encuentran eco en las canciones interpretadas por el músico tucumano Juan Quintero, con la producción de Latinoamérica Soy, Feria del Mandala y el Le Parc.

Se trata de una travesía a través de 22 poemas (leídos por Luis María Pescetti) y canciones de Cuchi Leguizamón, Joan Manuel Serrat, Jaime Ross, Juan Luis Guerra -entre otros- en la voz de Quintero, que se conjugan para crear un clima íntimo entre ellos y el público, para juntos recorrer la historia de esta mujer que, es por cierto, la de muchos de nosotros.

Así vive y transita este espectáculo Luis María Pescetti, tal como lo contó en esta charla con Diario UNO.-En escena se advierte la buena asociación que has logrado con Juan Quintero. ¿Cómo ha sido trabajar con él?-Nos ayuda mucho que los dos somos mendocinos, pero de vocación (risas). Es muy grato trabajar con Juan, es una persona de una gran sensibilidad y ductilidad humanas y con mucho sentido del humor. Además es un virtuoso del canto y la guitarra, así que estoy más que contento.-¿De qué se conforma la química que hay entre los dos?-Creo que tiene que ver con esos encuentros afortunados que uno a veces tiene.-¿Cómo fue ese encuentro afortunado con él?-Los dos coincidimos en un encuentro de cantautores en Córdoba que organiza Adolfo Barrera, un librero de Alta Gracia. Me habían contado que él cantaba El niño caníbal, que no es mía la canción, pero que hice conocida, entonces cuando me lo crucé, lo saludé y charlamos. En ese momento yo estaba presentando el libro Cartas al rey de la cabina y ahí se me ocurrió invitarlo para este formato, algo que yo había hecho pero con un grupo de jazz. Cuando se concretó, fue una explosión.-¿Cómo seleccionaron las canciones?, porque tienen una perfecta concordancia con lo que vos vas leyendo...-Cuando lo invité le dije que yo era conocido por hacer humor para niños y cuando escribí Cartas al rey de la cabina me corrí de ese lugar por completo. Le dije a Juan: "Vos sos conocido por hacer folclore, fijate de correrte de allí y vayamos sintonizando propuestas". Después él se lanzó a buscar, por ahí propuse alguna yo, pero no más. Después yo propongo, propongo y él me bocha (risas).-¿Cómo se te ocurrió que fuera una mujer joven, Paloma, la protagonista de esta historia?-Hacía rato que tenía ganas de escribir algo en la voz de una mujer, porque me habían gustado mucho algunas cosas que leí de John Berger, un novelista inglés, o de Chico Buarque, que escribió canciones como si él fuera una mujer. En todo caso nunca es una mujer, sino una mujer imaginada por un hombre. Tenía pendiente eso, que coincidió con una etapa de lluvias muy fuertes en México, cuando llevaba muchos años viviendo allí, algo que me traía cierta melancolía y arrancó por ahí.-Paloma le escribe al rey de la cabina, el hombre que la abandonó, pero también parece que escribe para sì misma, para entender su amor. ¿Es así?-Escribe para tratar de entender el amor y también con terquedad, para ver si puede reconquistarlo, como siempre hace uno en esas situaciones: por un lado negándose a aceptar, negándose a soltar y por otro escribiendo como un duelo de quien ya no se tiene. Pero cuando se produce el real entendimiento, la aceptación, surge un enojo muy grande, que es uno de los momentos del libro. En realidad yo empecé a escribir el libro y me faltaba el final, hasta que una amiga, de la vida real, tuvo una decepción amorosa muy grande. Me di cuenta de que me faltaba el final porque yo seguía lírico y cuando esta amiga pasó por este tránsito personal se enojó mucho y yo dije: "Claro, eso es lo que me falta, el enojo". Pude escribir eso, la reconciliación después y finalmente el abrazo del adiós.-¿El enojo es necesario?-No es que sea necesario, pero es lo real, que uno se enoja con la frustración cuando se rompe una ilusión.-Cuando uno los ve en el escenario la palabra "ternura" parece ajustarse a las canciones de Juan y sus textos. ¿Ustedes sienten que el espectáculo los une en ese sentimiento?-Sí, tal cual. Una vez yo fui a Mendoza, a San Rafael, y me dedicaron una serenata, una tonada. Y me sorprendió, porque no estaba acostumbrado a creer que las serenatas también se las dedicaban a hombres. No sabía que esa costumbre existía. Finalmente es eso: una ternura de buena hombría.-Queda probado entonces que los hombres están habilitados a mostrar ternura...-¡Vamos a reclamar la ternura como patrimonio de la humanidad! (risas).-En un momento del show, se habla de una llaves encontradas en un desarmadero y cómo la poesía puede estar en cualquier objeto y en cualquier lugar. ¿Vos lo sentís así?-Esa fue un poco la intención, hablar del amor pero con elementos urbanos no bellos, y al contrario, hablar de lo bello con elementos oxidados, viejos, pollos al spiedo...Lo busqué muy a propósito.-En la obra se habla de ser "libres por fin de ser útiles". ¿El amor es a veces un esfuerzo inútil?-Justamente parte del adiós de Paloma es no seguir sosteniendo un esfuerzo de ese tipo y darse cuenta de que está hablando sola.-¿Ese adiós de Paloma supuso para vos un adiós al personaje?-No, nunca lo sentí así, aunque creo que no podría volver a escribir desde el personaje de Paloma. Nunca sentí que me despedía, fue algo natural.-¿Hay algo de Paloma que no sepamos, que no esté escrito?-No, nunca me imaginé nada más allá de lo escrito: una muchacha joven, de entre 19 y 22 años, guapa, pero escondiendo su belleza. Si usted quería saber si Paloma existió, la respuesta es: supongo que sí (risas).-¿El ser músico lo ha ayudado a encontrarle más musicalidad a las palabras?-Yo supongo, que como dicen en México, "viene junto con pegado". Es muy difícil no tener oído musical y que no esté todo junto, aunque uno no se dé cuenta. Había una psicoanalista argentina, creo que era Arminda Aberastury, que decía una cosa muy buena, que cuando uno hace psicoanálisis para niños tiene que estudiar, estudiar y estudiar y a la hora de analizar el dibujo del niño, olvidarse de todo. Ese no es el momento de las cuentas, sino de que todo se convierta en una experiencia lúcida. Y con la poesía es algo parecido. Uno puede estudiar y estudiar, pero la hora de escribir es otro estado y hay que olvidarse de todo.