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Los españoles, tan modernos, tan nuevos ricos, se pasaron los últimos años mirando por sobre el hombro a los argentinos. ¿Y ahora, hermanos ibéricos?.

Oye, chaval, ¿no eras un avispao?

Por UNO

Viene rarito el mundo. Mire, si no, a los españoles. Durante los últimos 20 años nos han mirado alos argentinos con la soberbia de nuevo rico. Y no se han cansado de darnos lecciones desde sus

atriles modernosos.

Y ahí los tiene ahora, con una crisis económica del demonio que los ha obligado a rebajarles

el sueldo a los empleados públicos y a los jubilados, y a eliminar los subsidios para los bebés. ¡Y

con 20% de desocupados!

Esas son cosas que no podían comprender cuando recortes similares ocurrían en la Argentina,

en 2002.

Por entonces ellos consideraban esas atrocidades como un signo fatal de nuestra inveterada

decadencia sudaca. Es decir, algo que jamás iba a ocurrir en una economía estable y controlada,

como la de la nueva España europea. Una economía auditada por el FMI y por todos los entes de

control serios que en el mundo existen.

¡Tu también, gallego!

Para colmo, todo esto les sucede a los españoles en un gobierno socialista, es decir en una

administración progresista, a priori avispada que, uno supone, debería tener más luces y más

ductilidad para detectar problemas y soluciones que otros gobiernos.

Y cuando se dice otro gobierno muchos tienden a pensar en uno de derecha lleno de "conservas"

carcamanes.

El presidente del gobierno español, José Luis Zapatero, venía repitiendo desde hace mucho

tiempo que él no iba a dejar caer ninguna de las conquistas sociales del llamado Estado de

Bienestar.

Más o menos como nuestra Cristina, que insiste en que ninguna crisis mundial afectará "al

modelo" de los Kirchner.

Párvulo sin papilla

Por no ajustar a tiempo, como le ocurre a uno con la economía familiar, Zapatero ha tenido

que ajustarle a todo el mundo, desde los bebés hasta los viejos, porque si no, el que iba a

desaparecer iba a ser él.

Hasta hace un tiempo uno leía los suplementos económicos de los diarios españoles y no se

transparentaba con claridad lo que se les venía encima.

Pero en cambio en esos periódicos se seguía poniendo mucho el foco en esos bárbaros de

América Latina que le podían generar problemas a la gente bien del Primer Mundo. Esa gente en cuyos

países tuvieron lugar lindezas como el fascismo, el nazismo o el franquismo.

Me corrijo: la crisis brutal que se venía sí se notaba en las encuestas hechas a la gente

común y corriente y que publicaban esos diarios, pero no tanto en los opinólogos y economistas

probos que escriben con ese tono de perdonavidas.

Calladitos, los chicos

Como los griegos, nuestros "gallegos" venían acallando la debacle desde el momento en que

estalló la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos.

Y cualquiera sabe que hay mucho "espíritu Marbella" en España. Mucha construcción non sancta.

Mucho crédito dado al boleo. Mucho empleo público, mucha creación de cargos políticos al cuete.

Es decir, como en casa. De algún lado sacamos nuestro ADN social, ¡qué joder!

Mensaje para Aristóteles

Pero no todo es España. Mire, por caso, a los griegos. Ahora nos enteramos de que hace años

que los helénicos venían mintiéndole con los números al supragobierno de la Comunidad Europea, del

que forman parte.

Resulta que estos descendientes de los creadores de la civilización occidental resultaron más

peligrosos que el fantoche nuestro llamado Guillermo Moreno, secretario de Comercio de la Nación y

alma máter de esa vergüenza nacional en que se ha convertido el otrora creíble Instituto Nacional

de Estadística y Censos (INDEC).

Moreno es un impresentable, pero por lo menos no quiere pasar por otra cosa. No se disfraza

con ningún laurel de Harvard. Cuando le tuvo que decir al ruludo ministro Martín Lousteau que le

iba cortar la cabeza lo hizo en público y ante cámaras de TV. Le salió la mazorca y listo.

Y encima echan a Baltasar

Como si el descalabro económico español no fuera ya demasiado grosso, Baltasar Garzón, el

juez más prestigioso que dio la Madre Patria desde su vuelta a la democracia, ha sido suspendido

por la Corte por intentar investigar los crímenes del franquismo.

Sus superiores lo acusan de prevaricato, es decir, de proponer algo –juzgar a los asesinos de

la dictadura de Francisco Franco– sabiendo que proponer eso es una manifiesta injusticia.

En los mismos diarios españoles ya aludidos nos hemos cansado de leer en los últimos años a

perfumados bienpensantes que acusaban a los argentinos de no terminar de ajustar cuentas con su

pasado de dictadores y desaparecidos.

¡Hay que tener cara!

Después de llevar sobre sus espaldas la nefasta dictadura del franquismo durante casi 40

años, algunos españoles de nota se permiten dictar cátedra sobre lo que tenemos que hacer los

argentinos con nuestros dictadores.

Aquí por lo menos hubo un histórico juicio a las juntas militares de la última dictadura. Y

hoy, después de indultos polémicos, se está empezando a juzgar a los autores de delitos de lesa

humanidad.

Allá todavía no saben ni dónde están enterrados los restos de García Lorca, fusilado por el

franquismo.

Atrasados

El ex presidente español Felipe González ha admitido que su país en particular y Europa en

general llevan 15 años de atraso en las reformas. Zapatero, que es de su mismo partido, no sabe, no

contesta.

En Europa se pueden decir o hacer determinadas cosas que allá suenan chic pero que dichas por

personajes de aquí serían una grasada.

Por ejemplo, la bonita de Carla Bruni no dudó en revelarle a Michelle Obama, primera dama de

Estados Unidos, que en una ocasión llegaron tarde con su marido, el presidente francés Nicolás

Sarkozy, a una recepción con la reina de Inglaterra porque se demoraron haciendo el amor. ¡Andááá,

Carlita!

Para insulto, ¡el español!

Hay una interesante ficción española de TV llamada Cuéntame cómo pasó, que aún se ve por TVE.

Retrata a una familia en los últimos años del franquismo y los primeros de la democracia

reconquistada. El principal papel masculino lo hace Imanol Arias, quien suele protestar ante los

continuos avatares que le depara la vida diciendo frases tales como "me cago" en esto o en lo otro;

por ejemplo uno muy bonito, muy ibérico, que reza: "Me cago en la leche".

Hace unos días los problemas lo habían abrumado demasiado y con ese talante desaforado,

netamente español, el personaje de Imanol logró una frase notable que involucraba a más de medio

mundo y que hoy la podría decir Zapatero para exorcizar sus desaciertos y los del mundo: "Me cago

en el mar".

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