Afondo Domingo, 22 de abril de 2018

No sos vos... soy yo

Por Bernardo Stamateasbernardoresponde@gmail.comUno de los rasgos de una persona que tiene sus emociones sanas es que es capaz de fijar límites en sus relaciones interpersonales. Esto es algo fundamental que podríamos comparar con una frontera invisible que nos protege y nos afirma como seres humanos independientes, pues nos permite diferenciarnos con claridad de los demás.En el aspecto físico también se establecen límites, como por ejemplo en nuestro cuerpo. Cada órgano está recubierto y la piel marca un límite entre la persona y el mundo que la rodea. Ya sea que nos demos cuenta o no, todos proyectamos límites físicos. Por esa razón, cuando alguien intenta transgredirlos, tenemos la sensación de que nos están invadiendo. De la misma manera, es necesario poner límites emocionales que dejen bien claro quiénes tienen acceso a nuestra intimidad y sentimientos más profundos. Quien vive sin límites queda expuesto a ser manipulado y maltratado y a depender de otros. Es así como alguien puede permitir que las palabras de los demás influyan en él o en ella y lo /la definan, lo cual trae como resultado emociones lastimadas. Siempre que el foco está puesto en el afuera, terminamos heridos. La desilusión no es otra cosa que una ilusión mal puesta. A veces idealizamos a una persona y creemos que es de una manera que en realidad no es, para luego desilusionarnos al "verla" tal cual es. Enfocarnos en el otro, sin ningún tipo de límites que nos proteja, es una especie de muleta emocional que nos conduce a la codependencia y, en los peores casos, nos hace vivir una vida que no deseamos vivir. Para ser protagonistas de nuestra vida, debemos amarnos y aceptarnos tal cual somos y convertirnos en nuestros mejores aliados. Aun cuando no lo hayamos aprendido de chicos, debido a la clase de crianza que tuvimos, siempre estamos a tiempo de aprender a poner límites y decidir quiénes formarán parte de nuestra vida y quiénes, no. Fuimos diseñados como seres con libre albedrío y tenemos el derecho de decidir quién se acercará o se alejará de nosotros. Para no entrar en (o lograr salir de) el laberinto entre "el yo y el otro", necesitamos lograr una estima sana. Es decir, tener una visión positiva de nosotros mismos en nuestro interior. Esto nos permite ocuparnos de nuestros propios asuntos, de nuestros éxitos y también de nuestros fracasos; y no sentir la necesidad de intentar solucionar los conflictos de los demás. Cuando nos paramos en esta posición, podemos relacionarnos con la gente sanamente, dando lugar solo a lo que nos suma y desechando todo lo que no nos sirve y nos hace daño. ¿A quién estás escuchando? ¿A las voces exteriores que tratan de decirte quién sos y cuánto valés, o a tu voz interior, la auténtica, que sabe quién sos y te guía para que te vaya bien en todo lo que hagas, aun cuando a veces las cosas no salgan como lo esperás? Si tus pensamientos son claros, tu estima estará sana y podrás avanzar en la vida y llevarte bien con los demás. La mayoría de las personas culpan a algo o a alguien por lo que les sucede pero lo cierto es que cada uno es 100% responsable de su vida y de sus decisiones y acciones. Por lo que deberíamos expresar: "No sos vos, soy yo" y entender que yo y solo yo decido qué pensar, qué sentir y qué hacer. Por eso, podemos convertir un fracaso en un éxito, si estamos dispuestos a asumir nuestra responsabilidad. Somos creadores tanto de nuestras equivocaciones como de nuestros logros. Creer lo contrario solo acarrea sufrimiento.