Diario Uno afondo

“Lo suyo es siempre”, dice Santiago Kovadloff en el verso final de un poema de Líneas de la mano. ¿Quién es la dueña de esa persistencia? Pues, no es otra que la muerte.

Mirando a esa que ronda

Por UNO

Por Fernando G. Toledofgtoledo@diariouno.net.ar

“Lo suyo es siempre”, dice Santiago Kovadloff en el verso final de un poema de Líneas de la mano. ¿Quién es la dueña de esa persistencia? Pues, no es otra que la muerte.

La muerte ronda en cada uno de los poemas de este hermoso libro, que, sin dudas, parece un eco, más sombrío acaso, e igual de inspirado, que el poemario anterior de este filósofo y poeta argentino.

Pero si en Ruinas de lo diáfano la idea de precariedad de lo aparente era la que motorizaba los versos, aquí esa misma precariedad –Kovadloff atestigua, como un cronista de los días– avanza de manera ineluctable hacia la bruma oscura de la muerte.

Kovadloff no declama ante la muerte, no llora frente a ella: simplemente se permite ir descubriendo los signos que muestra su ronda eterna y silenciosa, tanto en las cosas que lo rodean como en su propio cuerpo. El poeta asiste con serenidad a ese destino y detecta todas sus señales, las de la muerte, e incluso sus disfraces, que usa “para hacerme creer, mientras cava y roe, / que nada pasa, / que nada nos sucede”.

Líneas de una manoAutor: Santiago Kovadloff.

Género: poesía.

Editorial: Vinciguerra.

Año: 2012.

Páginas: 76.