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lunes 12 de febrero de 2018

Mejor que subirse al tren de la queja inconducente, ocupar un lugar en el colectivo y si es de pie, mejor

Todo aquél que tenga la facultad de discernir, de cribar entre un asunto y otro, que posea la habilidad de reconocer las diferencias indisimulables entre dos o más objetos, es definitivamente: un crítico. Qué cualidad debería acompañar a ese crítico para que no sea identificado como un discriminador carente de ética, es otro cantar.

Cada vez que queremos justificar nuestra ignorancia de argumentos o el desdén por los datos, apelamos al confortable calificativo que pareciera perdonar todo error apreciativo diciendo: "es subjetivo", como si acaso hubiese algo que pudiera huir completamente de ese adjetivo. Nada.

La importancia de la crítica también reside en el momento y lugar en los que se efectúe. Esto no inhibe a realizar críticas de carácter histórico, esto depende del propósito que la ordena. Y en ese caso, el desafío es superlativo como el que afrontan los que se dedican a la historiografía, ya que deben merituar las circunstancias de ese momento.

Aquello de críticas destructivas y críticas elogiosas, en realidad sólo revela la intención previa de quien se manifieste, y la importancia que le otorga al hecho o al sujeto al que hace referencia. Para clarificar, si se destaca de manera minuciosa cada yerro de un proceso político, de ninguna manera se le debería admitir el reclamo –como suele hacerse de modo frecuente- que también ponga en evidencia los aciertos. Pero sí es dable exigir que esas observaciones no sean azarosas, o peor, rotundamente caprichosas. La famosa y redundante "lo sacaron de contexto" es de imposible cumplimiento estricto, pero es posible aproximarse. Y también como en todos los órdenes de la vida, y en toda actividad humana, es requisito actuar desde la honestidad.

En ocasiones confundimos contundencia con exageración. Y sí es prudente considerar siempre que pronunciarnos públicamente, más allá de la eficacia del medio, no es innocuo. Algo modifica. Hay grandes posibilidades de que en algo trastorne la vida del aludido.

La ausencia de perfección humana nos garantiza que errores conceptuales habrá siempre. Y confusiones. Ambos son tan admisibles en su ocurrencia como obligatorio corregirlos, salvarlos, aclararlos, y encauzarlos. Lo otro es lo que ahora llaman post verdad, que no es muy distinto a la conducta mendaz de inescrupulosos y el resultado perverso de la negligencia.

También existe una crítica preventiva. Algo que está incluido en los deberes del periodismo y de todo ciudadano que se precie de tal, cada vez que tenga oportunidad. Podemos ejemplificar esto con lo que está ocurriendo en Mendoza, con un grupo de personas, de dirigentes, que con un "criterio" anticipatorio, conformaron un colectivo humano, como soporte no estatal de algunos encuentros que se realizarán en nuestra provincia.

El periodismo, igual que las disciplinas científicas (convengamos que sería irreverente calificarlo como tal a este oficio) construye su esencia inspirado en la duda. Cuando en vez de cumplir con los mandatos de esta profesión, nos quedamos con uno ó con el primer dato sin contrastarlo, o acaso nos permitimos armar hipótesis desprovistas de los antecedentes, y enviamos mensajes más empujados por las vagas percepciones de la sociedad que por la averiguación acabada, la duda deviene sospecha. Y esto en poco contribuye a la indispensable relación de confianza social que necesitamos para que Argentina, además de un país de grandes dimensiones territoriales, sea un Nación soberana.

Organizar un colectivo heterogéneo y muy diverso es una acción encomiable y extremadamente desafiante. Cuando los requisitos incluyen: despojarse de posiciones personales; acercar o disimular diferencias de toda índole; atenuar vanidades, morigerar las veleidades intelectuales –legítimas- de cada sujeto y acordar no sólo conceptos sino además funciones, asignar tareas y ordenar un discurso sin que la polémica aturda e impida la consagración del objetivo, es digno de ser criticado. O sea, en este caso, con una visión elogiosa.

Así el Gamab (Grupo de apoyo de mendocinos a la asamblea del BID) está consiguiendo algunos propósitos que quizá hoy no puedan dimensionarse, y tampoco está en sus objetivos obtener aplausos apresurados. Sí resulta inevitable destacar la iniciativa de los líderes del Foro Diplomático de Mendoza y de Film Andes, como así el intenso aporte de los responsables de Grupo América, del consorcio de universidades de la provincia, de dos sindicatos, de dirigentes del sector privado, de algunos funcionarios del Estado provincial, en definitiva de todo el conjunto que se impuso como meta que todas y todos en Mendoza fuésemos anfitriones en la Asamblea General de gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo, fuera del ámbito estrictamente oficial, tarea y organización que llevarán a cabo los gobiernos provincial y nacional.

Desde lo individual pero con una enorme dosis de consciencia grupal, algunos con y otros sin representación institucional, trabajando, poniendo recursos propios, de las empresas, de las organizaciones del tercer sector para que este acontecimiento no pase desapercibido para los que nos visiten y principalmente, para el conjunto de la sociedad mendocina esté más que enterada de lo que ocurrirá y algo no menor, de lo que significa este encuentro.

Sonará obvio para muchos relevar la cantidad de obras que ha financiado el BID en Mendoza, principalmente de carácter hídrico, en favor de producción agrícola y energía, rescatando una de los principios fundantes de este banco que es colaborar a la equidad social de todos los países de América Latina y el Caribe, a través del desarrollo institucional y económico.

Aunque pudiera parecer subsidiario el dato, para evitar que las percepciones venzan a la realidad, es necesario saber que el BID no responde al FMI ni tiene relación orgánica con el Banco Mundial.

El FOMIN, –fondo Multilateral de Inversiones, brazo del BID, es el órgano que más aporta para la región, modificando la calidad de vida de millones de latinoamericanos a través de sus inversiones en obras públicas.

Fiel testimonio de esto son las obras que viene desarrollando el BID desde 1996 en Mendoza, participando en las gigantes como la del dique Potrerillos, y en las no menos importantes obras hídricas, canales que benefician a productores y a gran parte de la comunidad en los departamento San Martín, General Alvear, San Rafael y del Valle de Uco. Como financiamiento para rutas y pavimentación de calles como la avenida San Martín, tan emblemática e histórica.

Descripciones. Información documentada. Números. Para que esto se traduzca en elogio, dependerá de los cómo. De las conclusiones a las que arriben los responsables y de las decisiones que definan en esa Asamblea, a la que asisten autoridades financieras de 48 países.

Sobre el devenir, también como en la mayoría de los aspectos que atañen a los humanos y a sus políticas, hay dos concepciones últimas. Para unos, el futuro está escrito y es inamovible (fatalismo); la otra corriente es la que entiende que somos artífices de ese destino. En cualquiera de ambas, es conveniente estar atentos y ser protagonistas activos en vez de lentos e inútiles depredadores de la fiera que ya no podremos alcanzar.

Van a llover las críticas, lo interesante es que haya vendedores de pararrayos esperando.

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