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lunes 07 de mayo de 2018

"Me gusta escribir libros que perturben"

Nueva novela. El autor de La trilogía de Nueva York pasó por la Feria del Libro de Buenos Aires. En este reportaje habla de su última novela, 4321, que en sus 967 páginas recorre algunos de los episodios más fuertes de la vida del escritor.

El escritor estadounidense Paul Auster, quien participó en Buenos Aires en la Feria del Libro, desafía su genoma literario con 4321, una descomunal novela que ensaya cuatro variaciones en torno a la vida de un personaje, un ejercicio contrafáctico que intenta calibrar el peso del contexto y el azar sobre aquello que se plantea como el núcleo irreductible de una persona.

El narrador parece haber cedido a la fantasía perturbadora de la novela totalizante que se incrusta en una genealogía de narradores –Herman Melville, Thomas Pynchon– que ya han sucumbido antes a la tentación de escribir "la gran novela americana" y que funde en un mismo plano la epopeya individual de un hombre -en este caso ramificado en cuatro- con el devenir colectivo de un país, Estados Unidos, radiografiado a través de hitos como la guerra de Vietnam, el asesinato de John F. Kennedy o el movimiento por los derechos civiles de mediados de los '60.

El hombre de destino maleable que recrea Auster en su nueva novela se llama Archie Ferguson, pertenece a una familia de inmigrantes judíos radicada en Nueva Jersey y ha nacido en 1947, el mismo año de su natalicio: no es el único referente biográfico que cede a su personaje en esta saga de sintaxis desaforada que retoma experiencias vividas por el narrador, como la historia del amigo a quien vio morir en su adolescencia cuando fue atravesado por un rayo y que en este caso se convierte en la fatalidad que aniquila una de las vidas del protagonista.

El autor de La invención de la soledad disemina en esta estructura de 967 páginas algunas de las vivencias que más lo han marcado, pero no con pretensión evocativa, sino ante todo lúdica, porque de lo que se trata en 4321 es de confrontar a un hombre con la constatación en paralelo de quién es y quién pudo haber sido. Y lo que sobrevuela en el cuarteto de progresiones es la sospecha de que las personas asoman al mundo con un núcleo genético que sobrevive al peso del azar y la contingencia.

Así ocurre con las cuatro variantes de Ferguson que se narran alternadamente de acuerdo a un circuito cronológico que arranca en la infancia y confluye en la adultez: ya sea que su padre se vuelve rico y no le dedique mucho tiempo o que muera en un incendio y lo condene a la penuria económica, en todos los casos se mantendrá inalterable la vocación de Ferguson por la escritura.

4321 (Seix Barral) ocupa el decimoséptimo lugar en la producción novelística de Auster, que hoy acumula unas treinta obras entre poesía, ficción y ensayo que incluyen trabajos como La trilogí­a de Nueva York, El palacio de la luna, Leviatán y El paí­s de las últimas cosas, que le han valido el Premio Medicis o el Premio Príncipe de Asturias, así como una breve incursión en el universo cinematográfico que exploró en filmes como Smoke, Blue in the Face y Lulu on the Bridge.

–Por su extensión y sus connotaciones ¿este texto es el más disruptivo de su producción?
–Este es un libro más, no se puede tomar como una evolución ni como la contracara de mi obra previa. Parece distinto porque es muy voluminoso –nunca habí­a escrito un texto tan extenso– y porque se puede leer como cuatro novelas, pero no lo es. La escritura me conecta con el mundo de una manera que la vida cotidiana no logra hacerlo. Hace más de 50 años que vengo escribiendo y ya no tengo que pensar la escritura de la misma manera que lo vení­a haciendo cuando empecé: ya es algo corporal. Siempre está esa sensación de riesgo, aventura y confusión. Y en este caso, el disparador fue pensar en cómo hubiera incidido en mi vida esta idea de la variación que exploro en el libro: qué hubiera pasado conmigo, por ejemplo, si mi padre hubiera muerto cuando yo tení­a siete años.

–En la novela justamente son recurrentes las alusiones a la muerte, en especial cuando en una de las versiones muere el padre de Ferguson ¿Hay alguna conexión entre lo que reflexiona el personaje y el hecho de que empezó a escribir este libro cuando tenía 65 años, la edad en que su padre murió?
–No sé si esas cosas están relacionadas, pero sí­ es cierto que cuando llegué a la edad que tení­a mi padre cuando murió fue una experiencia muy extraña. Sentí­ que perforaba una especie de cortina y aterrizaba en un paí­s nuevo, extraño. Me llevó un tiempo superar esa sensación de que estaba viviendo una edad a la que mi padre no habí­a llegado sin sentir que en cualquier momento yo también me podí­a morir. Durante ese proceso, sentí­ ganas de abandonar este proyecto, me asaltaba la idea de que podí­a morir en cualquier momento y el libro iba a quedar inconcluso. Mi padre murió haciendo el amor, le estaba haciendo el amor a su novia cuando tuvo un ataque al corazón. Imaginé que yo podí­a morir así­ tan de golpe. De hecho, mientras he escrito otros libros acepté invitaciones para hacer alguna presentación o me he ido de vacaciones. Con este en cambio la dedicación fue absoluta. Creo que hubiera sido terrible escribir un libro de mil páginas y morir antes de terminarlo.

–¿Cómo funciona para su escritura esa zona de intersección entre la verdad y la ficción?
–Los libros siempre nos cuentan cosas extrañas, cosas que a veces no necesitamos saber y otras cosas que ya sabemos. Creo que hay que tratar de vincular lo familiar con lo extraño en un intento de entender la realidad de una manera nueva. Los escritores tenemos que cambiar la forma en que miramos el mundo cotidianamente. ¿Para qué sirve el arte si no es para provocarnos y tratar de ver las cosas con una nueva mirada? Lamentablemente a veces la gente se conforma con leer libros que son muy parecidos a otros libros. Sienten que eso los reconforta. Por eso se leen tantos thrillers, que cuentan una y otra vez la misma historia. No es para eso que decidí ser escritor. A mí me gusta escribir libros que perturben y desorienten.

–¿El recorrido que plantea la novela es indeclinable o piensa que el lector puedo imponer su protocolo de lectura leyendo cada variante de Ferguson por separado?
–Algunas personas me comentaron que lo leyeron de esa manera: eligiendo a un Ferguson y siguiendo su historia hasta el final. Creo que no es la mejor manera de leerlo, es más, le diría que es erróneo concebirlo así. La novela es una especie de máquina en movimiento y si no te dejas llevar por ese ritmo no tiene mucho sentido escoger una historia y seguirla hasta el final para supuestamente entenderla.
Fuente: Télam

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