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“Me cuesta tener relaciones”

Por José Luis Rodríguez*sexosentido@diariouno.net.ar

Consultorio Sexológico de Diario UNO

*Médico, psicoterapeuta, especialista en sexología clínica. Docente en la Facultad de Medicina de la UNCuyo y en la Facultad de Medicina de la UDA.

►Tengo 50 años y hace 27 que estoy casada. El problema es que me cuesta tener relaciones sexuales. Primero, porque no las disfruto totalmente, ya que no sólo no tengo orgasmos frecuentemente y no me excito con facilidad, sino que estoy pendiente de todo lo que sucede alrededor (los chicos, los ruidos, pues tengo hijos adolescentes y siempre anda mucha gente en casa) y la otra es que mi marido no tiene erecciones con facilidad y se nos complica tener sexo, porque no abunda el deseo entre los dos. Este no es un problema de ahora y cada vez son más espaciadas nuestras relaciones, aunque no nos ocasiona problemas maritales, ya que por lo demás, somos muy compañeros y muy amigos, puesto que tenemos una vida muy complicada laboral y personalmente, con muchos problemas. Me gustaría saber si esto tiene alguna solución y cuál puede ser.

Rosi

Estimada Rosi: Como somos de la misma generación, le recuerdo aquella canción que decía: “Es la vida, que me alcanza”. Parece que no sólo nos alcanzó: nos pasó por encima. Más allá de los chistes malos, la respuesta a su pregunta final es variable: ¿tiene una solución? Probablemente. ¿Cuál es? No tengo idea. Pensemos juntos un poco, leyendo su historia. A la primera frase es posible leerla al revés, entonces: “Estoy pendiente de todo lo que sucede alrededor, no me excito con facilidad, no tengo orgasmos frecuentemente, no disfruto de las relaciones y me cuesta tenerlas”. He dado vuelta la frase y ahora es más fácil entender qué le pasa. Solamente siendo muy joven y entusiasta es posible aislarse de todo y engancharse en el sexo. El tiempo pasa, pero no nos ponemos viejos (otra canción de la época), lo que ayer era novedoso se transformó en costumbre, lo espontáneo se planificó y lo nuevo ya fue visto muchas veces. A todo esto le sumamos el no poder relajarnos y mucho menos concentrarnos, por estar pendiente de lo que pasa alrededor. Pensando de esta manera, su problema es razonable y con posibilidades de solución. Hay que empezar a cambiar varias cosas. A veces nos quejamos de la rutina sin darnos cuenta de que somos artífices de nuestra propia rutina. Entonces, así como creamos la rutina, podemos cambiarla. Lo dicho hasta aquí puede ser aplicable a los problemas de erección de su marido, sin dejar de hacer una consulta al médico clínico para descartar algún problema. Pensando que probablemente esté sano, hay algo que a los varones nos cuesta aprender. Y es que nadie tiene erecciones voluntarias, pues que son solamente (¡solamente!) una respuesta a estímulos, y que si esos estímulos no nos resultan eficaces o no podemos concentrarnos en ellos, la erección no va a aparecer. Y en esto de los estímulos... volvemos a la rutina. Finalmente, el deseo. El deseo no es un rayo misterioso que va a hace nido en el pelo de nadie (ya estoy cansándola con las canciones), sino que el deseo es un complejo mecanismo de interacción, de juego, de señales. Decía Helen Kaplan: “es una combinación de fantasía y fricción”. Es algo que se provoca, que no viene solito, que la pareja va generando todos los días, y que hay que tener ganas de tener ganas. Entonces, hay solución pero no es fácil, hay que trabajar. Reconocer que uno tiene un problema y pedir ayuda son los dos pasos más importantes. Les recomiendo que primero hablen los dos acerca de lo que están sintiendo y discutan algunas de estas ideas, busquen su creatividad. Si ven que hace falta ayuda, una terapia sexual en pareja seguramente los va a ayudar. Gracias por su confianza.