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Los peligros de ser padres hipócritas

Paola Piquerppiquer@diariouno.net.ar

La semana pasada fui testigo de cómo varios padres salieron corriendo –algunos en sentido figurado y otros, literalmente– a revisar las cuentas de Facebook de sus hijos menores.

De un momento para otro sentían la necesidad de repasar al derecho y al revés la lista de “amigos”, los últimos chats y las publicaciones de los muros, y de sentarse con sus hijos a charlar sobre los peligros a los que se encuentran sometidos cada vez que prenden la computadora para navegar durante horas en las redes sociales.

Conozco, incluso, a algunos más inseguros que obligaron a sus chicos a cerrar sus perfiles, medida sin sentido si las hay.

El repentino ataque de responsabilidad y/o autoritarismo sobrevino luego de que se conociera que en Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, detuvieron a un profesor de fútbol infantil acusado de “corrupción de menores”, a partir de la denuncia de la madre de una nena de 12 años, a quien el hombre le exigía que le enviara fotos desnuda a través de la “compu”.

No está mal que una noticia de estas características nos interpele como padres. Al contrario. Tomar conciencia es bueno. Pero seamos sinceros:

Hace rato que las organizaciones que luchan contra la pedofilia vienen alertando que desde Argentina se trafican al mundo alrededor de 30 mil fotografías de niños abusados que no pueden ser identificados por la Justicia.

Hace tiempo que los expertos analizan los riesgos del sexting, ese fenómeno en el que los adolescentes se sacan fotos en poses provocadoras y sugerentes para luego difundirlas a través de las redes sociales, sitios web o chat.

Hace años que en los medios de comunicación masiva los expertos advierten sobre el grooming, delito por el cual un adulto busca ganarse la confianza de chicos y chicas a través de internet, con la sola finalidad de concretar un abuso sexual.

Con esto quiero significar que si quienes tienen menos de 14 o 15 años pasan sus días frente a dispositivos tecnológicos como notebooks, netbooks o celulares inteligentes con conexión a internet sin el control permanente de parte de sus padres, es porque estos últimos han decidido –a conciencia– hacerse los distraídos.

Ocuparse y jugar a ser estricto sólo cuando un caso grave gana protagonismo es hipócrita. Suena bastante a comodidad.