Diario Uno afondo

Opinión. Muchas ciencias han analizado los orígenes del suicidio, sobre todo en un país como el nuestro, que siempre tuvo una alta tasa de mortalidad por esta causa.

Lilly Süllös y el pacto suicida: muerte, desarraigo y medios

Por UNO

Pedro Piemontesi*Coordinador del Servicio de

Asistencia Telefónica en Crisis del

911 del Ministerio de Salud

El domingo 15 de setiembre pasado no fue un domingo cualquiera. En horas de la tarde los medios de comunicación masiva daban a conocer la muerte de los hermanos Luis y Lily Süllös, donde la causa del doble deceso se debería a un “pacto suicida”, es decir, Luis habría asesinado de un disparo en la cabeza a su hermana e inmediatamente él se habría efectuado un disparo que le quitó la vida en la habitación contigua. El arma utilizada, curiosamente era de fabricación casera.

Inmediatamente, los “medios de comunicación masiva” reprodujeron la información sobre la tragedia, la difundieron y hasta se hicieron presentes en el lugar del hecho. Como ocurre habitualmente, estos mismos medios continuaron trabajando el suceso los días posteriores con opiniones, invitados, paneles de discusión y otras expresiones sobre el tema “suicidio” y especialmente sobre el “pacto suicida”.

Sabemos que el suicidio es la única causa de muerte que tiene una motivación psicológica, y como tal es previsible y evitable. Sobre el fenómeno se han pronunciado todas las teorías psicológicas y sociales, las ciencias de la salud y, por ende, la opinión pública. Es no sólo un fenómeno sanitario, sino además un hito social que se expone comunicacionalmente. En la actualidad de hechos públicos queda expuesta a todos, no importa la profundidad y la riqueza científica de la o las ciencias que analicen el evento, si no que parece que lo importante es lo expuesto, lo exhibido, lo comunicado.

Muestra de ello es la frondosidad y diversidad de criterios y opiniones sobre un mismo hecho y tema que llevan necesariamente al vicio de la generalización.

Y aún es más preocupante la pregunta: ¿qué debe comunicarse? Parece una interrogación sencilla, pero no es así. Y repetimos específicamente: ¿Los suicidios, deben comunicarse? ¿Deben publicarse en los medios de difusión masiva? En este punto existen grandes controversias. Antiguamente se pensaba que la transmisión de la noticia de suicidios podía inducir a aquellos que estaban atravesando una situación psicológica crítica a concretar la conducta autodestructiva y

heterodestructiva. Nada más erróneo. Por el contrario, aquellas personas que atraviesan una crisis que incluya ideas o pensamientos de autoeliminación avanzarán a una etapa de decisión si se aíslan, pero no por la influencia de “mensajes sociales”. El suicidio es una problemática compleja, que depende de la conjugación de factores e influencias de diverso origen.

Entre esas situaciones que influyen se encuentra principalmente la estructura de personalidad, su origen y su proceso de desarrollo, basado fundamentalmente en un Yo débil y con escasez de recursos defensivos.

Pero además hay factores desencadenantes, como la estructura social a la que pertenece un sujeto, su historia, sus valores, su cultura y aquellos elementos que representan la “identidad social”.

Añoranza que dueleMucho se ha discutido el porqué en un país como la Argentina la tasa de mortalidad por suicidio ha sido siempre elevada en comparación con otros países de la región. Hay criterios llamativos, uno de ellos menciona que nuestro país es el único de Latinoamérica donde la población indígena fue casi reemplazada en su totalidad, durante la inmigración por población extranjera proveniente de lejanas latitudes, concretamente de Europa. La llegada y adaptación de estos europeos que provenían de guerras devastadoras a nuestro suelo no fue fácil. Por el contrario, se encontraron con una realidad física, social, cultural y hasta climática adversa.

El inmigrante atravesó así durante décadas una transformación seria de su perfil psicológico y social que se denominó “desarraigo”. Su añoranza por lo perdido buscó equivalentes culturales para compensar un duelo colectivo que nunca se completó. Así nació el tango, música popular cuya letra relata el dolor incesante por la pérdida y la satisfacción parcial en lo logrado. Los extranjeros nunca se adaptaron concretamente a nuestro suelo y penaron por la realización de una nueva cultura incompleta.

Ese es el duelo que nunca se completó, aún conservando idiomas y dialectos originales. Y hoy una nueva epidemia avanza desde lo cultural, la comunicación masiva, la instantaneidad del mensaje y la presión del éxito designan a comunes y famosos.

Estos últimos son tomados por la crónica diaria para procesarlos en una vitrina de exposición permanente. Pero, el famoso es exteriormente un personaje e interiormente una persona… Así, un individuo como otros con sus angustias, sus alegrías, sus tristezas, sus silencios, etcétera.

Así eran los hermanos Luis y Lily Süllös, no sólo conocidos por las disciplinas que desarrollaban, como la física, la astrología entre otras, eran además dos inmigrantes europeos que huyeron de la Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial, guerra como tantas otras, donde la vida y la muerte se confunden en una misma escena que reposa en la significación inconsciente.

La cultura avasallante, la comunicación que incomunica, la presión del éxito y la fama, para crear nada más que anonimato serán quizás el fenómeno social desencadenante de algunos suicidios de nuestra época, donde la globalización no sea más que una torre de Babel que certifique el anonimato… o quizás, si gozamos de la humildad científica que nos hace avanzar en el conocimiento de la realidad humana, podamos entender que sólo la escucha atenta y responsable del malestar del otro podrá permitirnos ayudarlo sin necesidad de recurrir a elementos virtuales, que simulan personajes extraídos de una ciencia… ficción.