Diario Uno afondo

Hoy, en Amanece en la ruta. Aunque la tablet y la netbook ganan terreno entre las preferencias de los viajeros que buscan escribir sus aventuras, las famosas libretas Moleskine hoy siguen siendo buscadas por los que eligen el pape.

Las Moleskine no pueden faltar en el bolso de viaje

Por UNO

Por Patricia Losadalosada.patricia@diariouno.net.ar

Aunque la tablet y la netbook ganan terreno entre las preferencias de los viajeros que buscan escribir sus aventuras, las famosas libretas Moleskine hoy siguen siendo buscadas por los que eligen el papel y el lápiz para plasmar sus impresiones, como en épocas pasadas lo hicieron famosos intelectuales y artistas, entre ellos, Vicent van Gogh, Pablo Picasso, Ernest Hemingway o Bruce Chatwin. Ellos en cada viaje que emprendían dejaban un espacio para guardar su pequeña libreta de anotaciones.

Hoy las Moleskine reproducen esos legendarios cuadernos que consistían en un simple rectángulo de tapas duras y negras con las esquinas redondeadas, un cierre de goma para sujetar las páginas y un bolsillo interior. La historia de este pequeño objeto tan útil como práctico cuenta que fueron fabricadas durante más de un siglo por una pequeña encuadernadora francesa que abastecía a las papelerías de París a las que acudían las vanguardias artísticas y literarias de todo el planeta.

Nadie imaginaba que con los años se transformarían en una especie de objeto de culto para los amantes de las travesías. Su formato de bolsillo colaboró para que se popularizaran y formaran parte indispensable de los interesados en guardar detalles, momentos inolvidable o simples curiosidades que aparecen en cada recorrido.

Las Moleskine eran las preferidas del novelista inglés Bruce Charles Chatwin (1940-1989) que en su libro Los trazos de la canción cuenta la historia del pequeño cuaderno negro que tuvo sus vaivenes económicos y por eso dejaron de imprimirlas en los años ’80. Sin embargo, como todo buen producto que guarda historia y encanto, en el año 1997 una pequeña editorial de la ciudad italiana de Milán devolvió la vida al legendario cuaderno.

De esta manera, retomó de nuevo su viaje presentándose como complemento indispensable de la nueva tecnología portátil. “Moleskine es un acumulador de ideas y de emociones que va liberando su carga a lo largo del tiempo”, dicen sus editores.

“Actualmente –agregan– Moleskine es sinónimo de cultura, imaginación, memoria, viaje e identidad personal, tanto en el mundo real como en el virtual”.

Con el tiempo, pasó de ser un simple cuaderno a ser una verdadera guía de viajes: contiene mapas, líneas de metros, secciones para anotar restoranes, bares, museos, información útil y hasta stikers recordatorios. La calidad de su papel, las finas terminaciones y su textura son parte de su atractivo.

Por eso, Moleskine es un concepto en sí mismo. Son conocidas en todo el mundo como un símbolo del nomadismo.

Lanzan su sensualidad cuando uno se sienta en un bar a tomar un café frente a una enorme ventana, mientras la mirada se pierde en el horizonte esperando que llegue la inspiración para escribir lo que no queremos que se borre.

También ingresaron al mundo digital a través de una extensa red de páginas web y archivos virtuales.