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martes 03 de julio de 2018

La literatura feminista

La nueva era. En este proceso que está llevando adelante la sociedad, este arte también es parte y son muchas las mujeres que, a través de la pluma, cuentan historias.

En Nadie Nace Lector, el club de lectura que armamos en A24.com, este mes leímos Las aventuras de la China Iron (2017), la novela de Gabriela Cabezón Cámara que hace una reinterpretación a modo de spin off de El gaucho Martín Fierro, obra emblemática de la literatura argentina, pero en tono feminista.

En Las aventuras..., la China (la mujer, la sin nombre), personaje secundario en obra original de José Hernández, a la que Fierro gana en una partida de truco, se embarca en un viaje de aprendizaje y abordaje de su propia sexualidad, dejando atrás a sus hijos y a su vida precaria y repleta de violencias. El verdadero logro de Gabriela Cabezón Cámara es poner al frente las otras violentas, las que siempre estuvieron pero que ahora vemos con claridad.

Si el Martín Fierro podía leerse como la violencia del Estado hacia el gaucho, al hombre, Las aventuras de la China Iron muestra que una vez más la mujer estuvo y está incluso más violentada: son las violencias del Estado las que oprimen a los hombres y oprimen doblemente a las mujeres, que padecen, además, las violencias machistas, las de Fierro hacia ella, intercambiada como un animal, obligada a casarse y forzada (violada) a tener relaciones sexuales con un gaucho al que no quiere ni desea. Todo eso antes de cumplir 14 años.

En la Argentina, lejos de la ficción de gauchos y desiertos, las mujeres estamos en la calle, con nuestros pañuelos verdes, vestidas de violeta, desde hace ya tres años (y algunas, las pioneras, a las que les debemos todo, hace muchísimos años más) mostrando que ya no hay vuelta atrás, que no concebimos una vida no-feminista. La lectura de Cabezón Cámara sobre un personaje secundario invita a repensar cómo entendemos a nuestras mujeres en la literatura local. Invita a pensarlas desde el deseo de cada individualidad: heterosexual, lésbica, en solitario o de a muchas o muchos; desde la responsabilidad de nuestras propias decisiones sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos.

En La chica del milagro, Cecilia Fanti deja en claro que la forma de salir de una situación tan adversa es gracias a la propia voluntad y al cuidado, curiosamente, de otra mujer, una madre, nunca del padre ni de un novio.

En Distancia de rescate, Samantha Schweblin entiende a lo que la une con su hija como un hilo que se tensa, que corre peligro, está atenta, sabe que depende de ella, no espera rescates de terceros. Schweblin construye un relato que estremece, que da pánico, que no deja un respiro.

En El papel preponderante del oxígeno, Ángeles Salvador construye una mujer violentada económica, laboral y físicamente, que vive una sexualidad que en ocasiones pareciera elegir, pero que resulta igual agresiva y desgarradora.

En la poemario exquisito de Silvina Giaganti (Tarda en apagarse), se lee entre líneas el empoderamiento de una mujer que quiere trabajar, estar tranquila, entender a sus padres, vivir, cocinar, comer, amar, sin nada romántico, ni roles, ni mística. Ni heroína ni sumisa.

La suma de individualidades diversas, que tienen en común el deseo al derecho a la voluntad propia, construye este colectivo empoderado de personajes y escritoras que pisan firme, que asumen la responsabilidad que implica representar a la mitad del planeta.

Fuente: A24.com

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