Diario Uno afondo

La Vendimia necesita de mucha vitamina creativa para que no se nos enferme de repetición y, sobre todo, de tonta conmiseración

La Fiesta, un fenomenal pastiche conceptual

Por UNO

Por Manuel de Paz

Pregunto: ¿debemos aceptar la Fiesta de la Vendimia como si fuera una fatalidad mendocina?

¿O tenemos que considerarla una buena iniciativa que a lo largo de los años nos ha salido medianamente bien (con picos excepcionales y con caídas en la mediocridad y la ridiculez) y que por lo tanto necesita de mucha vitamina creativa para que la celebración no se nos enferme de repetición y, sobre todo, de tonta autoconmiseración?

Un rejunteA favor digamos que desde 1936, año en que arrancó, pero sobre todo a partir de los ’50 y ’60, la Vendimia se ha consolidado como un género fatto in casa, que no es ni teatro, ni musical, ni ópera, ni music hall, ni revista, ni recital.

Es todo eso mezclado y algo más: es espíritu de radioteatro, fiesta de fin de curso, ranchería y movida tecno.

Además la Fiesta ha dado sus hijos, como la Fiesta de la Vendimia Gay, que desmiente aquello de un supuesto tradicionalismo extremo.

ExportamosNos guste o no, sea una virtuosa o una perdida, la Fiesta de la Vendimia es una de las cosas que nos diferencian de otras provincias.

Sí, lo sé, no faltará el avispado que me diga: “Ya que nos queremos diferenciar, hagámoslo en serio”.

Lo cierto es que en muchos lados del país nos han copiado esto y aquello. En otros, como en San Juan, directamente nos han calcado para hacer su Fiesta del Sol.

El brebajeEntonces, argumentemos un poco más.

Nuestra Vendimia es una fenomenal mescolanza conceptual que siempre está al borde del precipicio.

A veces la Fiesta se desbarranca, otros años está en el filo, y en no pocas ocasiones acierta con algo original, creativo y popular.

En su seno hay quienes quieren hacer catecismo con la Fiesta, almidonarla, sacralizar sólo lo tradicional: la Virgen de la Carrodilla, el huarpe, los duendes del vino, los inmigrantes, la voz grave e impostada del relator de turno recitando “Soy el granizo”.

Para estirar, el chicleNo falta el año en que algunos de esos componentes “nos dan cosa”, un poco de vergüenza, por lo repetitivo, por lo ñoño, o porque no tienen todo el efecto y la profesionalidad que podrían conseguir.

Pero también es cierto que en parte de estas fiestas suele relucir un profesionalismo aceitado, algo que en otras situaciones escasea peligrosamente.

Por ejemplo, los finales de la Fiesta suelen ser estirados al cuete, como diciéndole al espectador “¿vieron lo que sabemos hacer?”.

Uso y abusoBaste citar aquellos espectáculos vendimiales donde se hacen flamear banderas. Es un efecto hermoso, pero si se abusa de él pierde todo impacto.

O lo que pasa habitualmente con el saludo de despedida del elenco. Eso debe estar milimétricamente testeado. Es entrar y salir.

Acá en cambio el elenco suele demorarse una eternidad para que los aplaudan y los vuelvan a aplaudir. Como si en lugar de haber participado en un show hubieran salvado vidas humanas descubriendo una nueva vacuna.

Acá los artistas no sólo demoran su salida del escenario sino que después van y vienen por el proscenio para poder ver de cerca la elección de la reina, afectando la visión de los espectadores que han pagado una entrada. Una falta total de profesionalismo y una fulera concesión que hacen los directores de las puestas en escena.

Un relojitoMontar un espectáculo significa armar un mecanismo de relojería sobre un escenario.

La música, el baile, los textos y los efectos deben tener un uso exacto de tiempo.

Uno de los secretos es que el espectador quede satisfecho pero con cierto gusto a poco. Para que vuelva, para que recuerde ese espectáculo como único. Y lo recomiende.

Y si bien la Vendimia es como esas colchas de parches, es decir algo que está hecho con pedazos de géneros diversos, para que abrigue bien los recortes tienen que estar bien cosidos.

Digame...Aunque reiterativa, hay que repasar la pregunta acerca de para quién está destinada la Vendimia.

¿Para los mendocinos? ¿Para que nos autocelebremos, como si fuera un cumpleaños?

¿O es una fiesta abarcativa, un mix proyectado para gustar a propios y extraños y para que esa celebración nos siga proyectando al mundo?

La Vendimia, con todos sus piojos y tonteras, con su marchita machacada hasta el cansancio, suele dar cabida a una de las virtudes mendocinas más interesantes: la de mezclar la conservación con el avance.

En síntesisSi queremos participar con handicap en un ranking de fiestas populares del mundo, los que tienen en sus manos mantener a flote la Vendimia no deben olvidarse de que ahora podemos hacer comparaciones minuto a minuto con los eventos populares que vemos en la TV: desde el Carnaval de Río hasta la Fiesta de la Cerveza en Alemania y los recitales de rockstars.

Un rescate ahíPor eso es que también debemos echarles el ojo a los dos grandes complementos del Acto Central: la Vía Blanca y al Carrusel.

Como ya lo hemos explicitado en varias columnas, muchas veces esos dos desfiles populares se siguen pareciendo a una estudiantina amateur, cuando en realidad son parte vital de una de las fiestas más famosas de las capitales del vino.