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Algo que para Hebe de Bonafini era un “puterío” de periodistas amenaza con amargar al Gobierno. Sola, Beatriz Sarlo enfrentó al team apologético.

Hay pus donde menos se espera

Por UNO

Manuel de Pazmdepaz@diariouno.net.ar

Hebe de Bonafini asegura que “eso” que andan averiguando los periodistas es un simple “puterío” del que ella no piensa hablar.

“Eso” es nada menos que la revelación de que habría un importante desmanejo de los generosos y constantes fondos públicos que el kirchnerismo ha aportado a la fundación Madres de Plaza de Mayo en los últimos años.

La astillaPor lo pronto, “el hijo adoptivo” de Hebe y administrador de la fundación , Sergio Schoklender, ha sido echado en medio de un gran escándalo en el que su propio hermano menor de este, Pablo Schoklender, le ha recriminado (con trompadas en la vía pública) sus manejos turbios con dineros públicos.

La manchaOtra vez, el fantasma de la corrupción no sólo promete hacer mella en el gobierno de Cristina Fernández sino también en uno de los santuarios de la izquierda ortodoxa, como es la entidad que dirige con mano de hierro Hebe de Bonafini.

De ser una valiente entidad civil para la defensa de los derechos humanos, lo que le había valido un justo reconocimiento internacional, Madres de Plaza de Mayo ha devenido en una especie de unidad básica del kirchnerismo.

Y quién te veSería de necios no reconocer la lucha que cientos de mujeres encararon durante la dictadura para tratar de dar con sus hijos desaparecidos durante el sangriento proceso desarrollado por Videla, Masera y de una larga lista de sátrapas.

Pero también sería de ciegos e hipócritas no advertir el cambio de rumbo que esa organización civil ha tenido durante los ocho años de kichnerismo.

La empresaHoy “Madres” se ha convertido en una megaentidad de amplio espectro, una de cuyas variables es una empresa constructora que levanta casas con plata que aportan todos los argentinos. Pero tampoco le hace asco a otras formas de clientelismo.

Lo cierto es que este “puterío”, ha devenido en un búmeran que promete convertirse en uno de los escándalos más impensados para Cristina Fernández.

Nadie vio nadaComo sucede cada vez que un suceso turbio está soterrado y explota por los aires, los argentinos se están enterando de que hace más de un año que legisladores opositores habían denunciado a Schoklender por lavado de dinero, sin que hasta ahora se haya avanzado un ápice en la investigación.

También se están desayunando con que las obras que encaran las “Madres” habían crecido sin los controles que se exigen a otros proyectos que también se ejecutan con dineros de los contribuyentes.

O que Sergio Schoklender tenía un nivel de vida –con yate y mansión incluida– que era escandaloso, pese a que ahora él diga que ese dispendio se lo podía permitir con empresas que eran de su propiedad y que no tenían nada que ver con la de las Madres.

Por la plata¿Se da cuenta, lector, por qué el periodismo no puede ser “militante”. Ni de la causa “nacional y popular” (como quieren los comunicadores y artistas afines al kirchnerismo) ni de la izquierda, ni de la derecha.

El periodismo, para decirlo con las propias palabras de Hebe de Bonafini, tiene, entre otras misiones, la obligación de revelar “puteríos”, sobre todo si estos se hacen con plata de los contribuyentes.

El periodismo es por esencia extrapoder. Por eso si se convierte en “militante” deja de ser periodismo para convertirse en propaganda.

Juegos de rol¿Se da cuenta, además, caro lector dominguero, cómo en la Argentina se han tergiversado los cargos?

Cada vez más dirigentes gremiales se transmutan en ricos y poderosos empresarios al amparo del calor oficial.

Y no faltan, claro, los dirigentes cívicos que, como Hebe de Bonafini, se convierten en funcionarios sin cartera y que se dedican a recibir dinero público para que se puedan lucir con obras e inauguraciones.

Como contraprestación sólo tienen que hablar barbaridades de la oposición.

Un poco de aireLa contrapartida a tanto despropósito quizá haya sido la lección de rigor y seriedad que dio en la Televisión Pública otra mujer, Beatriz Sarlo, hoy por hoy, la intelectual más original entre las que tienen el coraje de salir al ruedo y plantear debates que ponen en cuestión “el modelo” con el que nos machaca la Presidenta.

La gran virtud de Sarlo es que cuestiona desde el raciocinio y no desde la intolerancia ni el fanatismo.

Su honestidad intelectual radica en que trata con empeño de entender las claves más profundas del kirchnerismo.

Así es como disecciona a este fenómeno político como si fuera un médico forense con un cadáver al que debe encontrarle las causas escondidas de su deceso.

Conmigo, noEn sólo una hora de programa televisivo Sarlo les sacó la careta a más de uno de los habituales apóstatas del Gobierno que están al frente de ese esperpento que se llama 6,7, 8 y que todas las noches por la Televisión Pública trata de disfrazar de periodismo algo que es canallescamente apologético para con el Gobierno.

Ese programa recibe uno de los presupuestos más generosos por parte de la presidencia.

Esa plata que pagamos todos los argentinos se rifa en atacar a la oposición, cuestionar a las “corporaciones periodísticas”, y en ensalzar tontamente al oficialismo.

One wayEl ciclo desdeña sin miramientos una de las claves del periodismo: escuchar a más de una campana. Allí todo es unidireccional: hay que atacar a la oposición y si se trata de Macri, hay que atacarlo dos veces.

Quizás para refutar esa crítica y creyendo que si llevaban a Sarlo al programa la iban a destruir, el martes pasado la invitaron por primera vez al ciclo.

La claridad conceptual de Sarlo fue demoledora. Uno a uno fue desmontando los argumentos ladinos con los que se ha construido la base conceptual de ese envío televisivo.

Hablamos de esa base que indica que las corporaciones periodísticas privadas tienen engañados a sus lectores o televidentes o radioescuchas y que es hora de iluminar a las masas para que entiendan que el modelo kirchnerista ha salvado la vida de los argentinos.

El logosLo más interesante de Sarlo es que no pretende destruir al kirchnerismo. Busca entender su lógica para poder refutarla con más justeza. Incluso, rescata varios aspectos de la gestión.

Pero no puede soportar la corrupción, ni la soberbia, ni los manejos poco democráticos, ni los brutos negocios para amigos. 

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