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lunes 18 de junio de 2018

Fuerzas Armadas: lo primero debe ser lo primero

Leemos en varios medios lo siguiente: "Una versión originada en fuentes del Ministerio de Defensa da cuenta de la existencia de un nuevo plan para reformar el despliegue del Ejército, que coincidiría con el ajuste que se puso en marcha a raíz del acuerdo con el FMI. Según el plan, se dejaría de lado la organización actual del Ejército Argentino en tres Divisiones, 11 Brigadas, 135 Unidades y 33 elementos de Icia".

La reforma apunta a una "fuerza de operaciones" pequeña, flexible, sostenible, tecnológicamente equipada, y no tan desplegada territorialmente. Balanceada geográficamente, con capacidad de proyección, reducida en estructura y en cantidad de personal tanto en la conducción como en la "fuerza de sostenimiento" para equipar y completar con los cuadros de organización de la "fuerza de operaciones".

En el mismo tenor se augura una FDO ,"fuerza de despliegue rápido" potente, con la agrupación de unidades para la optimización de los procesos administrativos."

Pido disculpas al lector por la longitud de la cita, pero lo considero necesario para introducirnos en el tema que nos ocupa, cual es la reforma de nuestras Fuerzas Armadas.

Como deducimos de la cita, parecería que ya estaría todo decidido. Pues ya se habla de una nueva estructura. Nos preguntamos si esta sería la secuencia correcta, cuánto, todavía y, hasta donde sabemos, no se han definido sus misiones.

Cuando hablamos de misión o de misiones hacemos mención a lo que los clásicos definían como la causa final. Vale decir, aquella que nos habla del para qué una determinada organización existe.

Llegado a este punto, nos podemos preguntar respecto de cuál o cuáles deberían ser las misiones de nuestras Fuerzas Armadas.

Obviamente, ya existen algunas precisiones al respecto contenidas en nuestra Constitución nacional y en las leyes que reglamentan su ejercicio. En el caso específico que nos ocupa: en la Ley de Defensa y en la Ley de Seguridad Interior y, también, en su polémica reglamentación mediante el decreto 727.

También son evidentes para nosotros y para la mayoría de los expertos las contradicciones entre ellas y que las mismas fueron pensadas para un mundo que ya no existe.

Todo ello nos impulsa a reiterar nuestra propuesta en el sentido de que ha llegado la hora de que los argentinos nos demos el espacio para un debate al respecto. En este sentido, hemos visto a muchos referentes de nuestra sociedad expresar su opinión sobre un tema polémico como la legalización del aborto. Nos preguntamos por qué no podríamos hacer algo similar en relación a la Defensa y a la Seguridad.

Probablemente, no sea este un debate para toda la sociedad, ya que no a todos les interesan estos temas, al menos, en la misma medida que el ya citado tema del aborto.

Sin embargo, no es menos cierto que, el de la Defensa, no es uno menos importante, y que como tal merece ser debatido.

Ya lo hemos dicho y repetido. Este debate puede y debe ser realizado en el ámbito que prevé la mismísima Ley de Defensa. Vale decir, en el Consejo de Defensa Nacional o el Cosena, por sus siglas.

Tal como lo expresa el art. 14 de la mencionada ley, estos son quienes deberían ser sus integrantes:
"Estará presidido por el Presidente de la Nación... los ministros del Gabinete nacional y el responsable del organismo de mayor nivel de inteligencia. El ministro de Defensa podrá ser acompañado por el jefe de Estado Mayor Conjunto y los jefes de Estado Mayores Generales cuando el ministro lo considere necesario. Los presidentes de las Comisiones de Defensa del Senado y de la Cámara de Diputados de la Nación y dos integrantes de dichas Comisiones, uno por el bloque de la mayoría y otro por la primera minoría, quedan facultados para integrar el Consejo de Defensa Nacional.

Es en ese ámbito en el que se tiene que dar la discusión y buscar los consensos necesarios para que todo lo atinente a la Defensa pase a ser una política de Estado que trascienda a las sucesivas administraciones.

De todos modos creemos que, sí se pueden establecer, a priori, ciertos criterios de diseño con los cuales casi nadie podría estar en desacuerdo, pues constituyen el núcleo duro de una propuesta desde el sentido común, a saber:

-Lo primero es reconocer la necesidad de restablecer la salud moral de los integrantes de las FFAA. No se los puede seguir condenando por los errores cometidos por la conducción del Proceso Militar. Ya que pasaron 35 años, lo que es el tiempo de servicio de un militar. Lo que implica que todos ellos no prestaban servicios en esa época o que la mayoría no había nacido aún.

-Lo segundo es la necesidad de asignarle una misión o un paquete de misiones trascendentes. Pues su principal enemigo se llama, hoy, irrelevancia. De nada nos sirve tener una espada herrumbrada y sin afilar.

-Lo tercero, que es consecuencia de lo anterior, será la necesidad de educarlas, adiestrarlas y equiparlas para esa o esas misiones. Obviamente que –entre otros temas– habrá que discutir en el Cosena cuál debe ser el presupuesto asignado a ellas.

-Lo cuarto tiene que ver con condiciones, sine qua non, que son propias de toda fuerza armada moderna.

La primera se relaciona con la necesidad de mantener sobre ellas un control civil objetivo, basado en la promoción de los mejores profesionales entre ellos. Y la segunda, dada la complejidad de los conflictos modernos, radica en la exigencia de disponer de fuerzas con capacidades de amplio espectro. Vale decir, que puedan realizar operaciones no convencionales, tales como la entrega de ayuda humanitaria, el apoyo a la comunidad en situaciones de desastre natural y la ejecución de misiones de paz complejas y, también, las operaciones convencionales propias de la defensa y la custodia de nuestra soberanía.

Dicho todo esto, que no es poco, sólo nos resta seguir el gran consejo del filósofo español José Ortega y Gasset, quien tiene, precisamente, un libro dedicado a las misiones y nos decía: "Argentinos, a las cosas".
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