Diario Uno

Francisco ganaría en primera vuelta

Por Nacho Rodriguez@NachoRodriguezJ

Para todas las cosas hoy se hace una encuesta. Francisco tiene una aceptación cercana al 80% entre los argentinos y todos ellos dicen “creer mucho” en Jorge Mario Bergoglio, el hombre que sorpresivamente –de un día para el otro- entró a la página grande de la historia de nuestro país.

Bergoglio y Francisco son la misma persona pero no. Estaría casi demostrado que no fue un sacerdote cercano a la dictadura genocida en los ‘70. Sí que actuó con el temor que cundía en la época. Quien osaba desafiar la autoridad militar asesina era hombre muerto. Su silencio aun en tiempos de Democracia, teniendo bajo su órbita archivos y documentos que colaborarían con la verdad, es también una deuda que se llevó al Vaticano y quizá nunca pague. Es una nueva etapa en su vida, en la de su responsabilidad y en la del país.

Si Bergoglio hubiera sido tan humano como Francisco en el debate por la ampliación del derecho civil del matrimonio a personas del mismo sexo no hubiera hablado de "una movida del diablo". Nadie pretendía a ‘los católicos’ contentos por esa ampliación de derecho pero utilizar la figura y la simbología de “el diablo contra Dios” fue excesiva.

No dimensionó el arzobispo de Buenos Aires su poder como formador de opinión y el daño que podían causar sus dichos en familias católicas con algún hijo gay, que obviamente sobran en la Argentina. Mi madre, católica practicante, me enseñó que los cristianos debemos perdonar. Es doloroso pensar que alguien que elige amar a otro de su mismo sexo sea llamado por una autoridad eclesiástica “diablo”. Yo lo perdono a Bergoglio y rezo por el éxito de Francisco.

Cuando lo escuché decir "quiero una Iglesia para los pobres" pensé que si esa simple y sencilla oración se convierte en acción, Francisco le disputará al ‘Che’ Guevara el lugar del gran Revolucionario argentino.

El Vaticano es también una institución política, un Estado. No todo es mágico y lindo. No será fácil para el primer argentino que desembarca en el Vaticano como su autoridad máxima desanudar los muchos escándalos sexuales, financieros y de inteligencia que envuelven a ese Estado y a sus integrantes más encumbrados.

El Bergoglio antiprotocolo es un Néstor suelto en el Vaticano. No puedo dejar de ver a Néstor Kirchner muchas veces que lo veo a Francisco. Salvando las enormes distancias que hay entre uno y otro en términos de responsabilidades y alcances de su poder y sus cargos, ambos tuvieron un comienzo plagado de simbologías idénticas.

Ninguno de los dos llevaba 24 horas en el poder y un tropezón casi les parte la cabeza. De hecho, al expresidente argentino se le rajó la frente en una intentona por abrazar a todos los que lo vivaban en Plaza de Mayo.

Francisco, osa acercarse a los fieles que piden tocarlo, se acerca peligrosamente y los besa, los abraza.

Ni hablar de los gestos políticos de ambos. En 2003 Néstor agarró un país en crisis jodida. En 2013 Francisco agarra un Vaticano en llamas. Ambos hablan simple y sin eufemismos. Kirchner limpió la Corte Suprema apenas asumió. Bergoglio tomó el mando del Vaticano y le hizo saber a quienes habían encubierto la pedofilia que se mantuvieran alejados de la Iglesia que el conducirá.

El encuentro entre Francisco y la presidenta Cristina Fernández estuvo plagado de gestos y regalos mutuos. Él se mostró gentil y distendido. Ella pudo lucirse. Francisco se permitió una humorada para el cuadrito: "creo q me eligieron a mí porque no tenían otro", dijo a la Presidenta y ambos se rieron.

Sí señores, el Papa es matero, cuervo, tanguero, peronista y nacido en Flores, un mítico barrio porteño y como en el truco Francisco le ganó de mano a Máxima Zorreguieta y fue el primer argentino coronado monarca y gobernante de otro país.