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Francisco, esperanza de Latinoamérica

Por Carlos Hernández Columnista de UNO

Además de la sorpresa, emoción y devoción, estalló la controversia cuando se difundió que el cardenal Jorge Bergoglio había sido elegido Papa. Lo llamativo es que las voces disonantes se han alzado fronteras adentro de nuestro país.

“En los confines de mundo”, donde fueron a buscar al sucesor de Benedicto 16, como dijo Francisco desde el balcón de la Basílica de San Pedro, sectores del kirchnerismo lamentan la designación del arzobispo de Buenos Aires. Desde los tiempos del gobierno de Néstor que vienen disputando con el religioso, el “relato” acerca de la realidad social y, de algún modo, la interpretación de las cuestiones políticas que vive el país. A tal punto, que se lo ha mencionado en más de una oportunidad como el líder de la oposición, ante la carencia de otra dirigencia de fuste en las canteras naturales de la política.

Las denuncias del periodista Horacio Verbitsky han sido en estos años el principal estilete de los allegados al Gobierno para minar su prestigio. Si fuera cierto que Bergoglio fue colaboracionista de la atroz dictadura militar y responsable de que “chuparan” a dos curas de su congregación, habría motivos justificados para repudiar su pasado. Sin embargo, se contraponen diversos testimonios que precisan que, en realidad, el jefe de la orden Jesuita fue quien hizo las gestiones para la liberación de los curas que militaban en las villas. La distancia entre las versiones es tan inmensa y el asunto tan serio que bien merecería pruebas despojadas de pasiones y de especulación que echen luz sobre la verdad histórica.

Por lo pronto, hay evidencias de la humildad que desde siempre ha profesado Bergoglio, aún ocupando las altas jerarquías de la Iglesia. Quienes lo conocen dicen que no es impostada su prédica por los pobres, contra la explotación, contra la trata de personas y su compromiso con la realidad latinoamericana. Ése es su costado progresista. Aunque, hay que admitirlo, no escapa al conservadurismo eclesiástico su tenaz oposición al matrimonio igualitario, las políticas de salud reproductiva y los temas históricamente controvertidos como lo referido al aborto, entre otros.

Con el papa Francisco, quien con un par de gestos ya está dando muestra de su austeridad a contramano del consumismo imperante, se abre una esperanza para los católicos y para muchos habitantes de las regiones más postergadas del mundo, sobre todo para la desigual América Latina. Al heredero de Pedro lo esperan grandes desafíos y asuntos urticantes, como el celibato, el rol de la mujer en la Iglesia, la anticoncepción y la lucha contra la corrupción en el Vaticano, por citar algunas cuestiones que ahuyentan a los fieles.

Y, por si fuera poco, como latinoamericanos, muchos esperamos que el líder de una comunidad que contiene mil doscientos millones de devotos y referente de tantos otros que no profesan el catolicismo, logre realizar una gran obra en favor de los pobres de estas latitudes.

Entre los títulos del momento se destaca su posición contra los pederastas: “No quiero que siga frecuentando esta Basílica”, dicen que sentenció el papa Francisco al apuntar contra el cardenal de Boston, encubridor de los abusos a menores en su arquidiócesis. Toda una señal del flamante Pontífice que da a entender que no se puede estar con Dios y con el diablo.