Diario Uno afondo

Seguramente alguna vez te ha pasado que te dijeran que “te envidiaban sanamente”. Pero la envidia sana no existe, como tampoco la “enfermedad sana”: es una energía negativa de destrucción.

¿Existe la envidia sana?

Por UNO

Bernardo Stamateas*bernardoresponde@gmail.com

Seguramente alguna vez te ha pasado que te dijeran que “te envidiaban sanamente”. Pero la envidia sana no existe, como tampoco la “enfermedad sana”: es una energía negativa de destrucción. La envidia nunca es positiva, y si conocen a un envidioso comprobarán que ¡la envidia es terrible!

Todos en mayor o menor medida somos envidiosos; la envidia es una emoción que tenemos que tener clara porque en general está oculta, es secreta.

Muchos confunden la admiración con la envidia. La primera es positiva: lo que el otro logró me inspira, me motiva a que yo también lo logre. Pero la envidia no.

El mecanismo de la persona que envidia es muy sencillo, lo que hace es compararse. Y en su interior hace una evaluación: “¿Yo puedo tener el auto que tiene mi amigo? No. Entonces lo destruyo”.

El envidioso es una persona con baja estima. Cuando una persona es insegura no puede alegrarse por nuestro éxito. Tiende a copiarnos, y eso demuestra que es inseguro y que nos tiene como un modelo de idealización. Por eso todos deberíamos preguntarnos: “¿Cómo nos sentimos cuando a otro le va bien, realmente nos alegramos?”.

Una de las cosas que debemos hacer es no compararnos con nadie ni dejar que nos comparen. En la comparación siempre hay uno que gana y otro que pierde. Tenemos que celebrar las cosas buenas que le pasan al otro, porque es una señal que también nos va pasar a nosotros.

Un ejemplo que nos explica lo que produce la envidia es la fábula de la serpiente y la luciérnaga.

Una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Esta huía rápido, con miedo de la feroz predadora y la serpiente no desistía. Escapó un día y dos... Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:–¿Puedo hacerte tres preguntas?

–No acostumbro dar este precedente a nadie pero como te voy a devorar, puedes preguntar– contestó la serpiente.

–¿Pertenezco a tu cadena alimenticia? –No –contestó la serpiente.

–¿Yo te hice algún mal? –inquirió la luciérnaga.–No –respondió la serpiente.

–Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo?–¡Porque no soporto verte brillar!

Debemos seguir avanzando, siempre va a haber gente que no disfrute tu éxito, tus logros. Elijamos a quién contarle nuestros logros y no dejemos de brillar.

*Psicólogo, sexólogo y escritor. Autor de los best sellers Gente tóxica, Quiero un cambio y Fracasos exitosos, entre otros.