Diario Uno afondo

Espejo

Por UNO

"Escoleosis", la columna torcida de Ariel Robert

Deberíamos considerarlo seriamente. Como sociedad, en general, carecemos de un espejo, me refiero a un espejo que nos abarque a todos y sea lo suficientemente fiel. Tenemos a nuestro Espejo, general Gerónimo, orgullo del ejército libertador, dándole nombre al liceo en el que estudiaron varios gobernadores contemporáneos y a la calle céntrica, pero es muy breve . Como sabemos, Espejo nace cuando Catamarca pierde su nombre al atravesar San Martín, ocupa apenas ocho cuadras y en Belgrano concluye para convertirse en otro pro hombre mendocino, el intelectual, militar y jefe de policía Agustín Álvarez. A don Agustín, ni su interesante historia como sobreviviente del terremoto de 1861 ni su potente caudal intelectual -miembro destacado de la generación de 1880- le permite extenderse.

Llega prontamente a Boulogne Sur y desaparece en el parque, parque General San Martín. O nuestra historia es excesivamente rica y profusa, o nuestra ciudad muy exigua. Muchos próceres, pocas calles. Algo similar a la economía y su gráfica en los billetes de curso legal.

Volvamos al reclamo del espejo.

La vendimia, tal como denominamos al tiempo y a los acontecimientos artítsico- culturales que anteceden y prolongan al acto central de la fiesta nacional, es un hecho demasiado amplio y heterogéneo, vasto, variado, multitudinario y sin pudor digo, popular. Adjetivos suficientes como para que se tome una determinación en el calendario. Debe instrumentarse una ley y declarar feriados los días previos, y por qué no, uno ó dos días depués. En absoluto adhiero a la vagancia, ni al ocio abúlico, es simplemente para darle institucionalidad a nuestra costumbres.

En el accidentado terreno político de Mendoza, hay una palabreja que penetra los discursos de oficialistas, opositores, militantes de derechas, centro derecha, súper derecha y si los hubiese también, de la izquierda. Ese término es: institucionalidad.

Demandaría exagerado tiempo y excesivo espacio explicar lo que significa ese adjetivo con pretensiones de ser sustantivo en la vida de los mendocinos. Grosera y sintéticamente, esa institucionalidad de la que se jactan, es un respeto entre los representantes de los distintos poderes y un apego a la legalidad. En los papeles, claro.

Solemos escuchar casi con arrogancia, que somos muy distintos a los feudos con los que limita nuestra geografía.

¿Es así?

Procurando mantener el sutil equilibrio que se nos exige, me inclino, con el riesgo de caer en las fauces de algunos de los poderes, a decir enfáticamente que es de una hipocresía tremenda lo de la institucionalidad.

Volviendo al espejo y a la vendimia, sostengo lo de los feriados ya que desde hace años se promete el inicio de clases antes de vendimia. Y no. No ocurre.

El corso al que llamamos de manera afrancesada carrousell, es el ámbito propicio para amenazar o cumplir con manifestaciones de protesta, principalmente de gremios estatales, pero no faltan la de productores, ambientalistas y víctimas de diversa índole.

O sea, la excusa del recorrido: señoritas que representan a departamentos, exihiben belleza y gracia. Pero es un carrusel que sirve como actual ágora de Mendoza, en el que confluye lo bueno, lo malo, lo feo y lo bello, ante todos. Reclamos y glamour. En el que también, el espectador es protagonista y visceversa.

Ya tenemos una ética de vendimia, tan sincrética como la del carnaval, pero más genuina. Solicito que actúe de oficio algún legislador y eleve como proyecto la propuesta. De no hacerlo, el año que viene desfilo con una pancarta o con un espejo.