Diario Uno afondo

Llevamos más de 60 años reuniendo frases devocionarias del peronismo.Se podrían resumir en una sola: todo pasa, pero el peronismo siempre está.

Entre J.W. Cooke y Dady Brieva

Por UNO

Por Manuel de Paz

Dady Brieva dijo hace unos días en una entrevista: “Me duele que el peronismo sea todavía una esperanza. Es medio jodido explicar las pasiones, pero es como si te enamoraras de una puta: en cualquier momento te traiciona”.

El ex Midachi no lo manifestó en calidad de cómico ni de opositor. Lo acotó desde su alma de reconocido peronista. Y agregó: “Me gustaría abrirme a esas cosas que uno tiene como peronista negador y ponerlas sobre la palestra. Fijate que todavía no pudimos debatir cuántos muertos hubo en (la Masacre de) Ezeiza”•

Es evidente que mucha agua ha corrido debajo de los puentes desde aquella otra frase que, en los ’50, buriló el peronista de izquierda John William Cooke: “El peronismo es el hecho maldito del país burgués”. Al despuntar los ’60 esa máxima llevó a mucha gente de la clase media ilustrada a reconsiderar su visión del peronismo.

EternoLlevamos más de 60 años uniendo un rosario de frases devocionarias del peronismo. Hace unas horas, Jorge Obeid, ex gobernador justicialista de Santa Fe y actual candidato a diputado nacional por el kirchnerismo, explicó el fenómeno con otra máxima contundente: “Siempre hay vida para el peronismo. En este país todo pasa, pero el peronismo siempre queda”.

MassitaQue lo diga, si no, Sergio Massa que, de ser el Joven Maravilla en un tramo del primer gobierno de Cristina, pasó a convertirse en mala palabra para el kirchnerismo.

Ahora Massita, como le decía Néstor para denigrarlo, es la figura que promete reagrupar al justicialismo ante la declinación del kirchnerismo, que terminará su ciclo en 2015.

El temploEl ideario republicano y democrático dice que los hombres pasan, pero que aquello que debe quedar en pie son las instituciones. Bonito, pero poco práctico.

El peronismo ha tenido la habilidad de afianzarse no como un partido sino como parte de algo inconmovible de la política argentina. Algo superior que de una u otra manera termina reuniendo a todos los argentinos, del pelaje que sea. Padre y madre.

El peronismo es un ámbito que hoy puede ser de derecha (Menem), mañana de izquierda (los Kirchner) y pasado, populista de centro (Duhalde). Y cuyos popes circunstanciales no dudan en sorprendernos dando virajes ideológicos dentro mismo de esa esfera en la que los “relatos” de cada época los han ubicado.

Pero, sobre todo, el peronismo conserva lo más que se pueda el poder, cualquiera sea el viento que lo haya trastocado.

Bajo el mismo techoEl peronismo, entonces, ya es una institución en el imaginario de la mayoría de los argentinos.

Y la institución es lo contrario de la fracción. La institución es un tesoro que guarda los derechos y obligaciones de todos. No de una parte.

El peronismo ha terminado haciendo realidad aquella frase supuestamente graciosa de Perón acerca de que en este país podrán existir radicales, socialistas o conservadores, pero que en el fondo todos somos profundamente peronistas.

Este concepto se ha trasladado también a otros ámbitos de la vida nacional. Por ejemplo, el Indio Solari, un peronista cada vez menos soterrado, ha viralizado con habilidad ese concepto hacia el rock. Así es como hoy todos somos ricoteros, desde Florencia Kirchner, la hija cineasta de Cristina, hasta los chabones del Las Heras profundo. Si no hay gobierno sin peronismo, tampoco hay rock sin Indio Solari.

¿No somos Gardel?Loris Zanatta es un politólogo italiano que ha estudiado al peronismo y a la política de nuestro país. Y acaba de dejar en Buenos Aires esta conclusión: “Uno de los problemas de la Argentina es que exagera su propia importancia. No hay, como se cree aquí, una excepcionalidad argentina.

Insistir en eso hace que el peronismo lea sus errores como éxitos y los repita”.

Zanatta encaró además contra esa idea tan extendida aquí acerca de que los extranjeros no están capacitados para entender al peronismo.

Con ese criterio, refutó, ningún investigador o historiador nacido fuera de Italia, Alemania o Rusia podría haber buceado y sacado conclusiones sobre el fascismo, el nazismo o en el stalinismo.

Estamos mal, pero...Pregunto: ¿Fue entonces a caballo de esa idea de la excepcionalidad argentina que un peronista como Carlos Menem llevó al paroxismo el uso ilimitado y desprejuiciado de los recursos públicos? ¿Y habrá sido también por eso que un peronista como el economista Domingo Cavallo terminó de hundir al ya pésimo gobierno radical de Fernando de la Rúa, instalando a la Argentina en todos los manuales de Economía con algo llamado “corralito bancario”, es decir, la incautación de los ahorros de millones de argentinos?

A fuegoY sigo con las preguntas: ¿fue así que otros se engolosinaron con la idea de rescatar los violentos años ’70 como una forma de homenajear a la “juventud maravillosa”, esa a la que Perón alentó para que pasara a la acción y luego mandó a la hoguera cuando no quisieron dejar las armas?

En realidad, para la actual cultura política argentina buscar un salvataje acrítico de aquellos años de guerrilleros (pero también de lopezrreguismo y represores) ha terminado siendo una forma de demorar el futuro que debemos darnos los argentinos.

Yo o el diluvioOtra constante del peronismo es su formidable gatopardismo: cambia constantemente para que, en el fondo, el poder siga en manos de ellos. El peronismo siempre marca presencia, no es de dejar huecos vacíos.

En 2003-04 Néstor y Cristina (sobre todo él) entendieron que había que demonizar al “pejotismo”, es decir, al viejo folclore partidario, instaurando la transversalidad como nueva fuerza política. Para eso llamaron al redil no sólo a radicales, socialistas y liberales, sino a líderes de las ONG o de entidades sociales. Pero la idea no era la de concertar, sino la de que todos estuvieran bajo la batuta kirchnerista, el nuevo nombre del peronismo, como en la década anterior se había llamado “menemismo”.

De allí que sea tan apasionante lo que pueda pasar el 27 de octubre. Los sueños de Cristina eterna se diluyeron. Y un alumno descarriado promete tomar la posta con otro ropaje para la misma idea: siempre hay vida para el peronismo.