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lunes 23 de octubre de 2017

Entiéndanlo: "Lo único inmutable es el cambio"

Reflexión. Con un oficialismo fortalecido, el peronismo, falto de reflejos, deberá hacer un esfuerzo por adecuarse a los tiempos.

Decía Heráclito, El Oscuro de Éfeso, ya en los albores de la civilización occidental, que "lo único inmutable es el cambio".

Una máxima que algunos se niegan a aceptar, aunque los vientos huracanados del siglo XXI los vayan barriendo de sus cómodos sitiales.

La sociedad, el domingo, ratificó que busca otros rumbos para el país. Por ejemplo, que un gobierno nacional no peronista logre terminar su mandato como Dios manda. Más allá de aciertos y errores.

Más allá de Cristina, que recargó su caraculismo de hace dos años. En 2015 se negó a traspasarle la banda presidencial a Macri. Bufando. El domingo se negó a saludar a los triunfadores en Buenos Aires.

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Foto: NA
Foto: NA

Este pareciera apuntar como otro de los cambios requeridos: basta de la negatividad permanente.

Antes que en favor de Macri mismo y de la coalición Cambiemos, la sociedad repitió la dirección establecida en las primarias: negarse a un salto al vacío. Y la necesidad de percibir algo creativo en las propuestas, no solo la piqueta para voltear lo mucho o poco construido.

Ahora bien, en cuanto a la era constructiva por venir, Macri deberá ponerse los pantalones largos. Darle una segunda ola de generación a su gobierno. Para que la Argentina permita generar negocios viables.

¿Y en Mendoza?

"Quizá nos haya faltado trabajo de base y con la militancia", ensayaba para explicar la amarga derrota del peronismo mendocino Luis Böhm, uno de los hombres más lúcidos, más vanguardistas que tuvo el partido tiempo atrás y, hoy, uno de los más extraviados por su cerrazón ideológica.

Si fuera por la labor de los punteros, José Luis Ramón no hubiera pasado, siquiera, la zaranda de las PASO.

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Es otra cosa la que vibra en el aire. Y que no entienden aquellos que insisten en salvar la ropa con los cánones y las mañas de la vieja política.

El PJ mendocino se ha marchitado como cuerpo colectivo. Sus reflejos son torpes. Su elasticidad es nula.

El gobernador de Mendoza Alfredo Cornejo leyó mucho mejor el signo de los tiempos. Lo que pide un ciudadano harto de la palabrería política.

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Captura de video
Captura de video

Por eso dijo, dos años atrás, basta de verso.

Y se puso a hablar sin pelos en la lengua. Con honestidad brutal.

Apuntó a la seguridad.

A tener más días de clases y a elevar los estándares educativos, con el ítem aula a la cabeza.

A mejorar la eficiencia en la gestión y en las cuentas públicas.

Tuvo en cada ministro a un soldado a tiempo completo en pos de cada una de las causas: Venier, Gullé, Correas, Kerchner, Garay...

"Estoy conforme con el gabinete, pero podemos hacer algunos cambios hacia fin de año", dijo, aun así, en una de sus alocuciones para darle sentido al triunfo, que él puede facturar como propio.

"No hay que ensoberbecerse con la victoria. Pero tampoco hay aflojar", señaló también.

Lo que retrata a un Cornejo de una sola pieza. Que nunca busca mostrarse simpático, sino rendidor. Útil.

Si el peronismo, por su parte, se ilusionaba con alguna recuperación, aunque mínima, recibió un mazazo definitivo. Que se sintió hasta en los bastiones fundamentales: Maipú, San Rafael, San Martín.

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Tendrá que patear, ahora sí, el tablero. Zamarrear el árbol.

José Ramón se recibió de meteoro. Fulminante. Su gran desafío será, de aquí en adelante, hacer fructificar un suculento capital político con una estructura casi nula.

Parece que le da el cuero.

Y el FIT tal vez entienda que el recurso facilista, obtuso, decirle que no a todo, terminó hartando hasta al electorado propio.

Decía un sitio dedicado a rescatar la obra del maestro Miyazaki: "La peor mentira es mentirse a uno mismo. Porque la verdad está ahí y es inquebrantable, tarde o temprano te enfrentarás a ella".
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