Diario Uno

Encuentra armonía

Por Luciana Morán

La búsqueda del equilibrio, de la integración del ser humano con su entorno, de la armonía, son un ejercicio que todos los días Susana Mur realiza en su Casa Abierta para el Aprendizaje Orgánico. Pionera en la provincia en cuanto a la aplicación de los llamados “movimientos organizadores”, Susana armó su propio espacio de tranquilidad, donde trabaja y comparte lo aprendido durante más de 30 años con todos los que acuden a tomar clases y aprehenderse a sí mismos. Su técnica cruzó las fronteras y está invitada a dar un seminario en los Países Bajos.

Esta mendocina emprendedora –no quiso revelar su edad– estudió zooterapia en Buenos Aires y osteopatía en Santiago de Chile. También se formó en distintas disciplinas como el aeróbic.

¿A qué le llamás movimientos organizadores del cuerpo? ¿Qué es este método que practicás?

Movimientos organizadores es la síntesis con que menciono una serie de metodologías unidas – algunas aprendidas en distintos países de Europa– que apuntan a recuperar la integridad del hombre, no solamente física sino que, a través de esa integración física se logra también la integración del alma, las emociones, las sensaciones y los sentimientos. Los movimientos organizadores plantean, desde un abordaje sencillo, una manera para tomarle el gusto a la lentitud, incorporándola a nuestra vida y recuperando el respeto por ella.

Cómo hacer cada cosa sin apuro, sin ansiedad… Una manera más humana de vivir (...) No se trata de un simple ejercitar de músculos, sino de cambios en el cerebro mismo, ya que despierta habilidades ocultas y refina las ya existentes. Estos movimientos mejoran la postura, a través de ellos recuperamos las sensaciones, el cuerpo se afloja, se ablanda tornándose liviano, grácil y joven. Se usa una mirada interna en esta práctica. El desarrollo de las capacidades o cualidades motoras: fuerza, resistencia, velocidad, equilibrio potencia, flexibilidad, elasticidad y elongación se ven favorecidas por este método. Existe un lenguaje libre de palabras, rico en sensaciones, pequeños movimientos que actúan en los niveles más sutiles y profundos del ser.

¿Es para vos una forma de vida?

Soy una mujer muy activa, pero siempre hay que estar organizados, en armonía, valorar la lentitud como forma de vida, de conocimiento.

¿Cómo trabajás?

Investigo hasta en sueños. Muchas veces me despierto y desarrollo una nueva secuencia de movimientos organizadores, la experimento en mi propio cuerpo después al transmitirla veo que funciona, es decir, que mejora alguna o varias de las capacidades motoras.

¿Estás todo el día con talleres?

Les dedico bastante tiempo y lo que me queda libre lo vuelco al diseño, mi otra pasión, y a escribir. También a andar a caballo. Aprendí a montar antes que a caminar y eso fue gracias a mi madre.

¿Cómo iniciaste este camino y qué te llevó a hacerlo?

Me he cuestionado desde muy chica esta relación entre el hombre y el medio que lo circunda, y esa fue una dirección permanente desde muy chica. Mucho de lo mío tiene que ver o está influenciado por el amor a la filosofía o a buscar la esencia de todas las cosas que surge de la pasión de (la escritora mendocina) Manuela Mur, mi tía, que caló muy hondo en mí. También los animales tienen mucho que ver en todo esto. Soy amante de todos lo

animales, tengo muchos. Acá, en casa (el centro) tengo cinco perros y cuatro gatos, y en el campo tengo más de 12 perros que protejo. Los animales tienen mucho que enseñarnos. Todas las maravillas, la construcción de nidos por las aves, la confección de tela por la araña, obedecen a la necesidad de calmar el hambre, la sed, a la protección y el abrigo. Esto sucede con todas las especies, también con la humana, y es esto lo que intento desarrollar a través de los movimientos organizadores.

¿Cómo surge idea de armar este centro?

Empecé en los años ’80 con un espacio llamado SUMUR (Susana Mur), un centro de actividades recreativas en la calle Yrigoyen del barrio Bombal. Tuve ese centro nueve años. Eran épocas en las que la actividad física con respecto a la mujer adolescente y hasta la adulta estaba muy influenciada por Jane Fonda. Como una cosa bonita que me pasó acá fue que en ese centro de actividades hicimos la primera publicidad de (la bebida) Gatorade en Mendoza. En ese lugar dirigía a grupos de profesores porque el centro tenía una mirada muy amplia. Fue el primero que hubo en Mendoza ycontemplaba actividades para niños, jóvenes y adultos. Daba gimnasia aeróbica y musculación. Era muy lindo el instituto, una casa grande de dos plantas.

¿Cómo siguió tu carrera?

Gran parte de las clases que daba allí las dediqué a la vuelta a la calma, la elongación de la musculatura, el momento de reflexión, de quedarse quietos. Siempre tuve esa tendencia. Me enteré que existían estos método

de Europa a raíz de una prima mía que se llama Marisa Mur y es una médica muy talentosa, ciega, que vive en Buenos Aires. Ella me avisó que empezaban estas formaciones en Buenos Aires y me fui. Me encontré con que todo aquello que estaba recibiendo era casi lo que yo estaba haciendo en el centro. En forma empírica había logrado secuencias de movimientos muy parecidas a las que traían de Europa, por eso cada vez me inclino más a ese tipo de actividad más reflexiva.

¿Cuándo inauguraste este centro?

En 2002.

¿Qué hiciste durante los diez años en que cerraste el lugar anterior y abriste este?

Me ocupé de otro proyecto desde 1990 hasta el 2000, creando un espacio cultural que se está llevando a cabo por otras personas y eso me hace feliz.

¿Qué personas acuden al centro?

Podés trabajar con gente con problemas neurológicos, ortopédicos, problemas de columna y con atletas de alto rendimiento, es tan grande el espectro que contempla que de acuerdo con cómo enfoqués las clases le servirá tanto al que se está rehabilitando de su rodilla como a aquel que quiere subir un escalón más dentro de su práctica porque llegó a un techo metodológicamente. Trabajo con grupos muy pequeños, no más de diez personas, de manera individualizada y actualmente asisten al centro cerca de 50 personas. Se acercan muchos extranjeros y gente de otras provincias que vienen especialmente a esto. Generalmente médicos, ortopedistas, gente que practica muchos deportes y gente común que quiere vivir mejor, mejorar la calidad de vida.

¿Tu familia te ayuda en esto?

Tengo tres hijos, ya adultos. Mi hija María Florencia es profesora de yoga y es la encargada de esa clase.

Trato de imaginarme una clase...¿vas enseñando determinados ejercicios y la gente los copia?

No se muestran, son consignas habladas, lo que lo hace diferente a otro método, donde sugiero a través de la palabra movimientos. Doy una consigna, pero si hay 50 personas en el grupo, verás 50 interpretaciones diferentes porque el valor de la palabra es relativo, resuena diferente en una persona y en otras. Entonces lo que es arriba para una persona, puede ser adelante para otra. Sin embargo, también trabajamos movimientos que son suaves, lentos, similares a los que el niño realiza desde la gestación hasta los tres o cuatro años de vida. Igual, la gente va aprendiendo a aprehenderse a sí misma, entonces aquella persona que se mueve con dificultad en el espacio circundante se empieza a organizar y a organizar su vida, que se vuelve más cómoda dentro del espacio donde la desarrolla. Al conectarte con vos misma, te conectás con la tierra y si mejorás tu relación con el planeta, vivís mejor. Siempre se trabaja en forma individual cuando así lo requiere la persona, uno la llama y la invita. El método es muy respetuoso del otro, no se impone. Si querés hacerlo cambiar de golpe, eso es más violento aún que dejarlo que siga funcionando con deficiencia. Si vos caminabas sobre las manos y de golpe te dicen que debés caminar sobre los pies, es un golpe muy grande para la persona, entones se sugiere, se invita, todo es lentamente, es un proceso donde la lentitud es una condición sine qua non. La propuesta no es que la persona cambie, sino que aprenda sobre sí misma, que se relacione más con su cuerpo, que sea una persona más conectada.

¿Cuándo considerás que una persona está organizada?

Lo primero, cuando es feliz. Una persona organizada, en general, es una que pase lo que pase, aunque la vida no es pura felicidad, puede recobrar esa armonía y paz interior que la hará feliz nuevamente.

¿La salud también es otra condición?

La salud también… lo que pasa es que es parte de la felicidad. Cuando logro integrar cuerpo y espíritu, lo físico y lo emocional, cambia mi manera de mirar, de pensar y de hacer.

¿Por qué hacés esta actividad?

Por vocación. Siempre tuve vocación de servicio hacia el hombre y el entorno.