Diario Uno afondo

El gran simulador

Por UNO

"Escoleosis", la columna torcida de Ariel Robert

Exactamente después del carnaval, empiezan las clases. Terminado el tiempo de challa, bailes, algunos excesos festivos y tanto niño en casa, las campanas se harán sentir en los patios de los colegios y veremos a los pequeños perfectamente formados en fila, con guardapolvos impecables, blancos la mayoría, almidonados, escuchando atentamente el discurso inaugural y muy nutritivo de la señora directora. La bandera se izará y así el nuevo ciclo lectivo dará comienzo. Las vacaciones se irán disipando en los recuerdos y los prolijos cuadernos tapa dura, forrados en papel araña, se llenarán de clara caligrafía. Lecciones que no se olvidarán jamás.

Ese panorama que supusimos, no existe. Y deberemos aprender a asimilarlo. No es la añoranza lo que nos sacará del actual estado de situación. Tampoco esos mails, ó spam en que ponen de manifiesto lo bueno que había en nuestra infancia y hemos perdido. Si acaso nuestra formación y hasta podría decir adoctrinamiento escolar y formativo hubiese sido tan perfecto como lo evocamos, hoy, no estaríamos atravesando la realidad tal como no es dada. Debemos admitirlo, vivimos la consecuencia de nuestrospropios antecedentes.

Hoy no comenzarán las clases como lo indicaba el calendario escolar. Los motivos no son de carácter natural. Es una decisión. Los que deben remunerar a los trabajadores y los docentes, no llegaron a un acuerdo. Aunque haya explicaciones de carácter ideológico, la cuestión medular es aritmética, numérica, material. Lo que ofrecen en dinero los representantes del poder ejecutivo no es apreciado por los maestros. Resumiendo: no alcanza. El Estado no tiene capacidad de atender las pretensiones del gremio de los educadores. No le alcanza al Gobierno, no les alcanza a los educadores pero esto sí les alcanza a los alumnos. Y a la sociedad en su conjunto. Al presente y cómo no, al futuro.

La instrucción es insuficiente. Los diseños curriculares observados. Los métodos pedagógicos muy cuestionados. La calidad educativa, en definitiva, viene sufriendo un deterioro elocuente. En todas las encuestas surge entre las primeras preocupaciones de la sociedad el tema “educación”, y no hay candidato que no mencione en sus discursos, críticas severas en relación al tema. ¿Entonces?. Mentimos. Simple. Los unos y los otros.

¿Qué clase de ciudadanos somos?

Sabíamos que no iban a comenzar las clases. Es parte del nuevo folklore que nos describe. Cada año, antes de que los chicos deban asistir e inagurar sus lugares dentro del curso, hay una discusión pendiente que no ha sido zanjada, y no hay un esfuerzo por cumplir con lo prometido, con lo comprometido. Recién nos ponemos a mirar la gravedad de la situación cuando llegan resultados de exámenes comparativos, como el famoso PISA Y despotricamos, protestamos íntima o públicamente y nuestro dedo índice crece para señalar a los culpables. Que inexorablemente siempre, los culpables, son los otros.

Si se apuró en comprar guardapolvo, canastita de mimbre o corbata y blazer, no se preocupe, seguramente servirá para atenuar la inflación.

Y cuando sus hijos le pregunten por qué no van hoy al colegio, puede comenzar por una abreviada lección de idioma. No están de paro los docentes, para que algo pare, según esa acepción, debe estar en movimiento. Y no hay tal detención. No iniciación, ó sea, no arranca. A propósito de arrancar, aproveche este día de inactividad escolar para revisar que en su vehículo funcionen bien todas las luces, así cuando se detiene en doble fila, perturbando el tránsito, e infligiendo la norma, tenga como respuesta la correspondiente pregunta ¿no vsite la baliza?

Si lo sorprende que no se dicten clases, saque un papel y una birome.