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domingo 06 de mayo de 2018

"El derecho ha institucionalizado el control sobre el cuerpo de la mujer"

¿Qué es lo que lleva a una mujer a identificarse con la lucha por conquistar sus propios derechos?

En la realidad el feminismo es un movimiento social, una doctrina que exige el reconocimiento y la igualdad de oportunidades, que no es avalado por los diferentes grupos de mujeres por simple identificación, empatía o solidaridad de género. Muchas veces sucede, tal y como lo decía la filósofa francesa Simone de Beauvoir en su ensayo El segundo sexo, para las proletarias es más sencillo identificarse con los proletarios que con sus compañeras, y lo mismo sucede con las burguesas, se solidarizan más con los burgueses que con las mujeres de su misma clase.

Es que el feminismo no es un camino recto, sino lleno de atajos, de pendientes, de trechos en los que las ramas de un árbol ocultan la espesura de un bosque. Sin embargo, la conquista de esos derechos y la elaboración de redes de sonoridad están siendo espacios cada vez más frecuentes, en los que las feministas se encuentran.

En pos de estas conquistas la abogada Patricia González Prado abordó la problemática de la legalización del aborto visto desde una perspectiva más amplia que la de legislar sobre una práctica que existe y por la que mueren las mujeres más pobres y vulnerables del sistema. A la abogada le interesa poner el foco en la autonomía sexual de las mujeres, esto es en la capacidad que cada una debe tener para decidir si quiere o no llevar adelante una gestación.

Esta inquietud se convirtió en un trabajo de investigación y luego se concretó en un libro que hace algunos días se presentó en la Cámara de Diputados de Mendoza. En esta nota, la doctora en Derecho y Filosofía reflexiona sobre la necesidad de develar los dispositivos patriarcales que se han anquilosado detrás de las normas que hasta el momento rigen nuestros cuerpos femeninos.

–¿Cómo llegás al feminismo?
–Fue en el 2004 durante el Encuentro Nacional de Mujeres que se hizo en Mendoza. Las feministas y organizadoras sufrieron muchos ataques. Yo venía de los Derechos Humanos. Ya era abogada y a partir de allí comencé en una organización feminista Las Juanas y las Otras.

–¿Cómo fue que plasmaste tu aprendizaje en un libro?
–Me fui a España a hacer una maestría en Estudio de las Mujeres, Género y Ciudadanía, en la Universidad de Barcelona, y un doctorado en Derecho Público y Filosofía Jurídico Política en la Universidad Autónoma de Barcelona. Allí milité en otra organización de feminismo lesbiano. Cuando volví seguí en distintos espacios feministas: la coordinadora feminista, la Asociación Descosidas, y en la campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Todo lo aprendido se convirtió en la tesis de mi doctorado y de allí surgió este libro.

–¿A qué apunta "Feminismos y Autonomía Sexual de las Mujeres"?
–El libro hace un recorrido por la idea de autonomía tal cual ha sido entendida en el derecho, que es un sentido androcéntrico, no sólo pensado en clave decimonónica, que apuntaba a un sujeto de derecho restringido: varones, blancos, heterosexuales, de clase media, sino también individualista. Una de las preguntas con las que empiezo a trabajar es cómo pensar una autonomía para las mujeres que pueda desbordar esta noción, ponerle cuerpo al derecho y también ser pensada en otra clave, que no sea esta individualista, sino en conexión con las comunidades en las que las mujeres estamos insertas.

–¿Cuáles son las temáticas que aborda tu trabajo?
–A partir de ahí recojo las contribuciones feministas a la noción de autonomía, tal cual está reconocida en la Constitución y luego hay una segunda parte en la que hago un análisis de legislación y jurisprudencia comparada, cómo otros países han resuelto los cambios en la legislación del aborto, hacia qué sistemas han ido. Y ahí analizo sentencias de tribunales superiores de Colombia, del Estado Español, de Ciudad de México, y la nuestra. (Nota de la Redacción: se refiere al fallo de la Corte Suprema de Justicia que interpreta a la violación como causal para realizar un aborto legal, y la interpretación es ampliada, es decir, no sólo para casos en los que la mujer sea discapacitada mental, o cuando corre peligro su vida).

–¿Qué aportó al debate sobre la legalización del aborto el fallo FAL de 2012?
–Desde los feminismos hemos podido conseguir certezas con el fallo FAL, que están plasmadas en el libro. Es un fallo cuyos argumentos los escribimos las feministas. La producción de las categorías jurídicas que incorpora el fallo FAL habían sido producidas bastante antes desde la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Son plasmadas y reconocidas en esa sentencia. Y cuáles son los desafíos pendientes, que básicamente, son los que tenemos hoy, con despenalización y legalización. Por qué aún esas interpretaciones ampliadas en el sistema de causales no son equiparables a la legalización del aborto.

–¿Cómo planteas la noción de autonomía sexual de las mujeres?
Parto de una serie de premisas. Si tensionamos esa noción de autonomía entendida en abstracto –cuando se habla de las mujeres– la autonomía pasa de una manera central por las decisiones que podemos tomar en relación a nuestra sexualidad. Gran parte de los dispositivos de control han sido establecidos a partir del control de la sexualidad y la reproducción de las mujeres.

–¿Qué papel juega la discusión sobre el aborto en esta cuestión de la autonomía sexual?
–El aborto funciona como una lente de aumento, hay muchas cosas que se dicen con respecto a la autonomía, pero sufren un quiebre cuando se toca aborto. Es como el test límite. Por eso, hay que analizar que el derecho al aborto es mucho más que interrumpir un embarazo. El reconocimiento del derecho a abortar es el reconocimiento de la humanidad de las mujeres.

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–Se plantea el aborto como un límite en la autonomía sexual
–Lo que busco explicar es por qué a nuestro sistema jurídico y a nuestra sociedad le cuesta tanto reconocer que las mujeres tenemos derecho a abortar cuando lo decidamos. No solo cuando está en riesgo nuestra vida o cuando hemos sido violadas, pareciera que en esos casos se redujera el shock de reconocernos plenamente capaces de tomar esas decisiones sobre nuestras vidas. Lo que está en juego es el reconocimiento de la libertad de las mujeres para tomar esas decisiones.

–¿Es más fácil plantear el aborto como una cuestión de salud pública que como un derecho inherente a las mujeres?
–Hemos escuchado en el Congreso argumentos de algunos juristas y de algunos médicos que plantean que si disfrutaste de la relación sexual no tendrías derecho al aborto y que si fuiste violada, sí tendrías derecho al aborto. Son argumentos que carecen de todo sustento científico. Son puramente morales, ni siquiera son éticos, que sería un ámbito de cruce de disciplinas. Estos son los desniveles de decisión.
A las feministas nos ha resultado mucho más fácil esgrimir el argumento socio–sanitario o el argumento de la violencia sexual, que decir "reivindicamos este derecho porque si existe un derecho a ser madre, existe también un derecho a no serlo, o a no serlo en el momento en el que quedo embarazada. A elegir cuando quiero serlo.

–¿Es como si la mujer fuese una rehén del embarazo?
–Hay algunas ideas, que son morales, que no provienen ni de las ciencias jurídicas, ni de las ciencias sociales, ni de las ciencias de la salud, en la que se entiende que las mujeres somos una especie de vasijas reproductoras. Que en cuanto quedamos embarazadas, aparece una entidad que nos trasciende. Que pasa a ser más importante, y que autoriza a que otras personas ajenas tomen decisiones sobre nuestro cuerpo. Esta es, de todas las marcas patriarcales que tiene el derecho, quizás una de las más visibles.

–¿Los varones no sufren un control de este tipo en ninguna situación?
–En verdad no hay ninguna situación en la que los cuerpos sexualizados como macho pasen por un tipo de control semejante. Es imposible de pensar alguna situación vital de los varones en la que se habilite el control estatal, o el control ajeno, médico, social o jurídico sobre decisiones tan personalísimas que tienen que ver con sus cuerpos

–¿Cuáles son las marcas patriarcales que tiene el derecho?
–Invertiría la pregunta, y diría cuáles son las marcas despatriarcalizantes del derecho en las que podemos pensar hoy. Cuáles son los reconocimientos legislativos que necesitamos, porque el derecho es uno de los dispositivos patriarcales más fuertes. Te diría que casi todas las instituciones han sido pensadas en clave masculina por y para los intereses de los varones.

–¿Falta participación de mujeres en la Justicia?
–En la redacción de la Constitución Nacional de 1853 no participó ni una mujer, tampoco en la elaboración del Código Penal, ni del Código Civil (de Velez Sarfield) ni que decir de una mujer con perspectiva de género.

–¿Podríamos decir que derecho equivale a derecho patriarcal?
–Lo que ha hecho el derecho es institucionalizar los controles sobre el cuerpo de las mujeres, la patria potestad, la forma de entender la familia, los derechos sociales y políticos. Las mujeres hasta el siglo XX no sólo no podíamos votar sino que éramos tratadas por el Código Civil como incapaces. No teníamos derechos económicos. Nos estaba vedado el acceso a una cuenta bancaria. Todo esto estaba organizado por el derecho.

–¿Qué cuestiones deberían quedar fuera del debate sobre la legalización del aborto?
–Principalmente, el origen de la vida, puesto que no hay acuerdo científico al respecto ni social sobre cuándo la vida comienza.

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