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El asesino es el mayordomo

El mayordomo que asesina, la biblioteca victoriana y el detective con gabardina marcan la historia de la literatura policíaca, que triunfó como pasatiempo en los largos viajes en tren en la Inglaterra del siglo XIX.

“Asesinato en la biblioteca: de la A a la Z en la ficción de detectives” expone hasta el 12 mayo en la Biblioteca Británica 50 novelas de los últimos dos siglos que convirtieron en icónicos a personajes, situaciones e incluso diálogos.

El “elemental, querido Watson”, el Orient Express, la lupa, el servicio bajo sospecha, la institutriz misteriosa y muchas razones para acabar con la vida de alguien son elementos que se popularizaron en la Inglaterra de finales del siglo XIX.

“Con el uso popular del ferrocarril en Inglaterra, las novelas de misterio se popularizaron y llegaron al gran público, que necesitaba entretenerse con algo. Antes se tardaba horas en recorrer lo que hoy nos supone 20 minutos”, explicó Kathryn Johnson, curadora de la exposición.

Desde entonces, este género ha crecido hasta constituir en la actualidad un tercio de las novelas en lengua inglesa que se publican, lo que obligó a la Biblioteca Británica a devanarse los sesos para escoger las piezas a mostrar, en muchos casos primeras ediciones.

El resultado es una distribución alfabética que comienza, como no podía ser de otra manera, con la A de Agatha Christie, creadora del estoico detective belga Hércules Poirot, al que la considerada “reina del crimen” describió como un “asqueroso egoísta”.

La escritora inglesa (1890-1976), que aseguró haber redactado su primera novela El misterioso caso de Styles (1920) en sólo dos semanas, era mucho más benévola con su otro gran personaje, Miss Marple, basado en su madre y nacido en 1927, como puede verse en la exposición. Christie es casi el único nombre propio destacado entre el resto de letras, que se centran más bien en personajes, como Sherlock Holmes, y en aspectos del género como Pistas, Eclesiástico, Forense, Xenofobia o Zodíaco.

Para poner constantes retos al lector, nada mejor que las pistas, que vivieron su mayor auge en los años 20 y 30, con obras como Asesinato en Miami (1930), de Dennis Wheatley (1897-1977), que incluía colillas, pelo humano y declaraciones ficticias de testigos para que el lector se convirtiera en detective.

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Martín Vecchio
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Florencia Colacito
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