Diario Uno afondo

Hubo un tiempo en que los dinosaurios dominaban la tierra, las fotos se hacían en una cosa llamada diapositiva y para enseñarlas tenías que montar un pequeño cine de barrio en casa con un proyector y una pantalla (o una sábana, en su defecto).

De las diapositivas a las fotos desde el celular

Por UNO

Hubo un tiempo en que los dinosaurios dominaban la tierra, las fotos se hacían en una cosa llamada diapositiva y para enseñarlas tenías que montar un pequeño cine de barrio en casa con un proyector y una pantalla (o una sábana, en su defecto).

Lo de los dinosaurios ocurrió hace 160 millones de años, pero los carros de diapositivas, aunque parezcan también del Jurásico, se usaban hasta hace cuatro días. La manera de compartir las fotos de viajes ha cambiado tan rápido en tan poco tiempo que apenas nos ha dado para meter en los museos de Historia aquellos pesados proyectores y las cajas amarillas de las diapos de Kodak o de Fuji.

Confieso que yo era de los que le daba la brasa a la familia más cercana y a los pocos amigos que podía pillar, torturándolos durante sesiones interminables de 400 diapositivas de mi último viaje.

Fui un contador de historias compulsivo desde pequeñito y no comprendía que los demás no estuvieran ansiosos por saber cómo me las había apañado en el Congo o cómo me las había arreglado para encontrar cerveza fría en el desierto. Sin darnos cuenta hemos pasado del carro de diapositivas en familia a aplicaciones fabulosas que permiten subir fotos a la red, archivarlas, organizarlas, unirse a grupos y compartirlas con miles de personas al instante.

Yo estoy enganchado a Instagram, una app que permite añadir filtros creativos a la imágenes tomadas con el móvil (Iphone o Android) y colgarlas inmediatamente en las redes sociales. De este tipo están también Photobucket Mobile, Lightbox Fotos o Streamzoo.

La forma de enseñar nuestras fotos de viaje ha cambiado. El carro de diapositivas murió. Hoy somos todos voyeaur de las vidas de los demás, y nos encantan que los demás metan sus narices en la nuestra. Antes, en el salón de tu casa podías colocar malamente a doce espectadores, como mucho.

Ahora, apenas que seas un poco hábil en redes sociales, puedes enseñarle las fotos de tu último viaje a miles de personas. Nunca antes hubiéramos imaginado tal capacidad de comunicación y de difusión para nuestras obras.