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lunes 11 de junio de 2018

Da Vinci, la persona más creativa de la historia

Walter Isaacson indagó en las miles de páginas de los cuadernos manuscritos que dejó el genio del Renacimiento para mostrar las características de su personalidad y las claves de una curiosidad que parecía no saciarse nunca.

"Todos podemos ser un poco Leonardo da Vinci", asegura Walter Isaacson, considerado uno de los mejores biógrafos que existen en el mundo del genio del Renacimiento, "la persona más creativa de la historia a la hora de innovar en el mayor número de campos", al que ha dedicado su último libro.

Tras sus retratos de Steve Jobs, Albert Einstein, Henry Kissinger y Benjamin Franklin, el autor ha indagado en las miles de páginas de los cuadernos manuscritos que dejó Leonardo da Vinci (1452-1498) para reconstruir su vida en una biografía publicada en español por Debate.

En ella destaca cómo la curiosidad insaciable de Leonardo da Vinci, su capacidad de observación y su imaginación, pueden estar al alcance de cualquiera.

"Todos podemos detenernos un poquito para preguntarnos por qué el cielo es azul o por qué vuela un pájaro y maravillarnos con la forma en la que aletea; analizar cómo la luz incide en un objeto, buscar qué hay detrás de la expresión de una persona y fijarnos en sus emociones internas", sostiene el autor.

Porque, dice Isaacson, la vida "se vuelve más emocionante cuando somos más observadores; ese fue el secreto de la genialidad de Leonardo".

Un genio pero "muy humano", recalca su biógrafo, que explica cómo Leonardo da Vinci se distraía muy fácilmente: esa era una de las razones por las que se interesaba por todo y saltaba de un tema a otro. Pero también sabía la manera en la que centrarse atentamente en la forma en la que el agua pasaba a través de un objeto en un río.

Una capacidad de observación que Isaacson, que ha sido presidente del Instituto Aspen (Estados Unidos,) y de la cadena CNN, además de editor de la revista Time, aconseja para los tiempos actuales.

"Debemos detenernos a observar con más atención en lugar de tomar nuestro teléfono celular rápidamente y buscar en Google lo que sea o mirar el último mensaje de texto que ha entrado", señala.

El genio del Renacimiento fue un "inadaptado auténtico": era hijo ilegítimo, homosexual, zurdo, vegetariano, se distraía..., pero también era "el más divertido y apasionado por cualquier tema. Le encantaba inventar instrumentos musicales, utilizar aplicaciones matemáticas, pintar La última cena o diseccionar un corazón humano", explica Isaacson.

Y tuvo la suerte de ir de niño a Florencia (Italia), donde fue muy bien acogido porque era una ciudad muy tolerante en aquella época, un lugar que se convirtió en la cuna de la creatividad con personas con diferentes talentos, trayectorias y personalidades, señala.

Da Vinci tuvo también la "suerte" de no recibir una educación formal por ser hijo ilegítimo y de que la expansión de la imprenta le permitiera disponer de joven de dos centenares de libros con los que se pudo formar de forma autodidacta.

Pero lo más importante es que, más que cualquier otra persona de la historia, Leonardo "quería saber todo lo que se podía saber sobre todos los campos que existían", desde el arte a la anatomía, desde las máquinas voladoras a la zoología: por eso es "el genio creativo por excelencia y es la razón por la que escribí sobre él", recalca Isaacson.

Entre sus contemporáneos tuvo la reputación de ser tanto un genio como una persona que no terminaba muchos proyectos, que los dejaba para después y sus mecenas se enfadaban tremendamente con él.

Porque era un perfeccionista y dedicaba mucho tiempo a cada proyecto. Pasó 30 años estudiando los músculos del cuello y realizando experimentos de anatomía para lograr que los del san Jerónimo que estaba pintando por encargo de un mecenas fueran exactamente como quería.

Y no completó el primer retrato que le encargaron, la esposa de un mercader de Florencia, porque estaba constantemente intentando mejorarlo.

Fue lo que ocurrió también con el cuadro más famoso del mundo, la Mona Lisa, un retrato que estuvo 16 años pintando, "añadiendo una y otra y otra capa para perfeccionar sus labios" y que, a su muerte, seguía en su estudio.

"Al mismo tiempo que pinta obras maestras como Mona Lisa desarrolla una reputación de alguien que no termina las obras y no se las entrega a los mecenas. Aunque a nosotros nos haya venido bien, porque nunca se ha hecho un retrato mejor que ese", recalca.

Fuente: Efe vía Télam.
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