Afondo Martes, 4 de septiembre de 2018

Cuando el café de Starbucks te lo sirve un adulto mayor

El grupo restaurantero Alsea anunció la apertura en Ciudad de México del "primer Starbucks en Latinoamérica operado por personas mayores".

Un reportero de Factor Capital Humano, cliente habitual de la cadena estadounidense, se fue a tomar un café y un panini en el lugar y aquí cuenta su "experiencia", para decirlo con la palabra que tanto gusta a los profesionales del marketing.

Son las 10:30 de la mañana del viernes. Como en todas las franquicias de Starbucks, el aroma a café me da la bienvenida al local en el Corporativo Coyoacán, la sucursal que el 28 de agosto fue anunciada como la primera de la franquicia en toda la región a ser exclusivamente operada por adultos mayores. Primera observación: no es atendida al cien por ciento por personas de la tercera edad. Varios baristas jóvenes enseñan a los nuevos colaboradores cómo preparar las bebidas y atender a los clientes.

Cuando me acerco a la caja para hacer mi pedido, sólo veo a jóvenes. Rectifico: al final de la barra hay un adulto mayor sirviendo las bebidas. Me atiende un joven amable llamado Gio y le pido un café del día y un panini tres quesos. Mientras, unos colegas reporteros toman imágenes de vídeo de Miguel, el adulto mayor que sirve las bebidas.

Las representantes de la agencia de relaciones públicas me explican que los adultos mayores aún están en fase de aprendizaje y que ahora la cafetería opera en un esquema mixto (jóvenes y adultos mayores), pero la meta es que llegue a ser operada únicamente por adultos mayores.

Un café con sonrisota

Miguel llama por su nombre a los clientes para entregarles sus bebidas y alimentos "¡Jerry, café del día!". Me acerco a la barra y me entrega mi vaso, repitiendo mi pedido. Junto con mi mi café me regala una sonrisota y regresa a la máquina de café.

El lugar no está tan lleno y la mayoría de los clientes son colaboradores del corporativo que se llevan sus pedidos a la oficina. Solo dos hombres están sentados, trabajando en sus laptops y permanecen casi hora y media en la cafetería. Vuelvo a escuchar mi nombre, pero ahora Miguel dice: panini de tres quesos.

Regreso a la barra y nuevamente con una sonrisa me entrega mi plato con mi desayuno. Me siento en una mesa larga y compartida. A lado de mí un señor hace una vídeollamada y tiene muchos papeles membretados junto a su laptop.

El volúmen de la música de este Starbucks tiene un nivel medio. Es una balada en inglés que no me suena pero tiene buen ritmo. A las 11 de la mañana, empieza a trabajar un segundo adulto mayor, Gerardo. Hace lo mismo que Miguel, prepara y entrega bebidas.

Un señor mayor no quiere café sino empleo

En la fila de clientes que están por ordenar hay un adulto mayor con un portafolio negro que le cuelga del hombro derecho. Cuando le llega el turno para ordenar, observo que está platicando con Gio. Minutos después es atendido por el gerente entre mi mesa y la barra. No puedo evitar escuchar la conversación. Al fin y al cabo, soy reportero, y por lo tanto, chismoso.

"¿Usted quiere trabajar aquí?" le pregunta Lucas, el gerente de la cafetería. El señor, que ya luce varias canas, le comenta que viene a pedir informes sobre el proceso de contratación.

Lucas le explica que debe tener la prepa terminada y una edad entre los 60 y 65 años y sobre todo, estar afiliado al Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM).

El señor saca de su portafolio un papel, es su currículum. Pero en Starbucks, le explica el gerente, no reciben el currículum en físico. Tendrá que hacérselo llegar a la empresa través de la página de internet.

Las propinas que recibe un empacador no alcanzan

Cuando terminan de charlar, Arnulfo, así se llama el hombre mayor, acepta mi invitación a sentarse conmigo. Trabaja de empacador de un Superama y a sus 68 años está buscando un mejor trabajo porque lo que gana en una jornada metiendo las compras de los clientes en bolsas de plástico, ya no le alcanza.

"No tenemos un sueldo. Vivimos de una propina, porque eso es lo que te da el cliente conforme al servicio que tú prestas. A veces dos pesos, cinco, diez y en ocasiones no te dan nada", me platica.

Arnulfo trabaja cinco horas al día o al menos es el tiempo que pasa en el supermercado. Pueden llegar a estar sentados en una banca hasta dos horas en lo que llega su turno. Una caja cerrada no sólo es un problema para el cliente, para los empacadores representa una pérdida de ingresos.

"Cuando ganas 300 pesos te fue bien. Pero es una friega. Yo he tenido dolores en mis hombros, pasan con medicamentos, pero sí son comunes", comenta.

Arnulfo se enteró por los medios de comunicación de que Starbucks está contratando adultos mayores. Considera que esta es su oportunidad de tener un sueldo fijo y un trabajo menos cansado para su edad.

"Las personas de la tercera edad hemos sido rezagados. Muchos sienten que ya no servimos. Yo me siento con la fuerza para trabajar aún. Aquí me atendieron muy bien. Voy a postularme", afirma.

Problemas para encontrar un empleo fijo

A los 48 años Arnulfo perdió su empleo en un almacén fiscal. Hace 20 años la empresa para la que trabajó,° cambió de razón social y liquidaron a todo el personal. Desde entonces ha hecho trabajos temporales, pero la edad y la falta de una licenciatura han sido sus complicaciones para encontrar un puesto fijo.

Cuando termino de platicar con Arnulfo ya son las 11:30 de la mañana. Junto a Miguel está Carmen lavando los utensilios que usan para preparar las bebidas y los alimentos. Plutarco ya se sumó al equipo de trabajo y está en la caja recibiendo indicaciones de Mely, una joven barista. "Recibes la tarjeta de débito y crédito y la insertas aquí en la terminal, después presionas este botón", le comenta a Plutarco.

Minutos más tarde Sergio se pone un mandil verde para ayudar a sus compañeros. Coloca los paninis en el horno y también prepara bebidas. Hay más movimiento de clientes en la sucursal y algunos muestran asombro cuando ven a los adultos mayores trabajando. En estos instantes ya son cinco adultos mayores que están activos detrás del mostrador.

Sergio se acerca a mi asiento para retirar el plato donde me sirvieron el panini. Le doy las gracias y ofrezco una disculpa por no llevarlo hasta la barra. - No se preocupe joven, tenga un buen día - contesta con una sonrisa.

Servicio eficiente

Me vuelvo a formar para pedir otro café con la ilusión de que me atienda Plutarco, pero cuando llega mi turno no es posible. Mientras toman mi orden, escucho que le recuerdan a Plutarco preguntar el nombre del cliente y el servicio es igual de eficiente que en otra sucursal atendida únicamente por jóvenes. No hay lentitud al momento de tomar la orden o servir las bebidas.

Paradójicamente, pienso, en el Starbucks del corporativo Coyoacán son los jóvenes quienes les enseñan a los adultos. Pero lo más importante, este equipo de personas de la tercera edad disfruta el trabajo y regala sonrisas, como cualquier otro colaborador joven.

Fuente: El Economista