afondo - Francisco Francisco
sábado 13 de enero de 2018

Cruzando la otra grieta

El tamaño de la frazada suena irrelevante en un enero con sensación de 45 grados Celsius a la sombra. Sin embargo, el tironeo agita una brisa que lejos de atenuar el agobio, acentúa la temperatura externa y se respira una incontenible calentura interna que refrigerarla no resultará fácil. Abrigar una esperanza puede estar contraindicado. Poner el aire a menos de 24 incrementa el riesgo de corte, por exceso de consumo, y aunque no haya déficit energético, el riesgo persiste porque la factura puede llegar no apta para celíacos pero tampoco para cardíacos y menos para jubilados carentes de privilegios.

El debut de 2018 no insinúa nada espectacular en un mundo en el que la agenda se ordena según el tenor del escándalo. Ahí sí la variedad es generosa. Podrá liderar el show de la miseria un acontecimiento político internacional, como la publicación de un libro biográfico resuelto por Michel Wolff que devela lo oscuro que puede resultar la breve historia del rubicundo devenido presidente, adentro de la casa blanca. Sus últimas manifestaciones raciales, clasistas y ofensivas engordan el éxito del editor Henry Holt que va derecho a convertir "Fuego y Furia" en uno de los mayores best seller.

Alguien dirá y con razón, ojalá fuesen esas las más tremendas escenas inaugurales. No. Hay peores. Ejemplo y del costado Sur de la esfera terráquea, la liberación del ex presidente peruano de ascendencia nipona. Aún más cercano: prisión domiciliaria para un asesino torturador, en el paquete barrio Los Troncos de la perla del Atlántico, en la calurosa Mar del Plata , a la que podremos seguir llamándola "perla" pero nunca más "la feliz". Alojar a tamaño delincuente, repudiado hasta por su propia hija, le suma un grano de arena incómodo al cuestionado gestor municipal. O sea, si acaso cree que lo impiadoso es sólo la bravura del estío, siempre hay algo más próximo a la llama eterna del calefón.

Y tal como sentenció el profeta Discépolo, aunque omitió decirnos que el 21 no iba a ser muy diferente al 20-quizás de pura amabilidad- siempre al pie del calefón se avizoran las páginas tentadoras de una biblia que bien podrían incrementar el espíritu ígneo que nos mantiene al borde de la quemadura.

Desde la bucólica Mendoza, seguramente para no extrañar y para no sentirnos discriminados en el amenazante y desagradable escenario, agregamos al incipiente inventario del año el asesinato de un amigo creativo, Pepe Álvarez; el robo de una silla de ruedas a una criatura que ya padece dificultades como para soportar tanta inclemencia, y la absurda y prematura muerte de una nena en una plaza, días atrás, que estremece.

Ya no desde la política, ni desde las páginas policiales, sino desde la virulencia natural, el fuego se propaga sin perdonar la impotencia ni la diminuta capacidad del hombre para doblegar sus manifestaciones. Y la frazada sigue siendo insuficiente para ahogar ese monstruo en expansión, y absolutamente inútil, tal como presagian los meteorólogos.

Mientras el mercurio continúa su dilatación, después de Sampaoli, otro argentino recaudará del otro lado de la cordillera, aplausos por miles. Según se sabe no extrañará –además- otras no tan festivas bienvenidas. Jorge Bergoglio pero en su rol de Francisco, será uno de los escasos argentinos que no volverá de Chile con un televisor enorme en su baúl, ni un celular escondido bajo el asiento, ojalá tampoco lo demoren demasiado en los trámites aduaneros y principalmente en las requisas fitosanitarias por su apelativo vegetal. Dios quiera sea una experiencia de intensa hermandad. La historia reciente le debe bastante al vaticano por las pacíficas aunque siempre inestables buenas relaciones entre los estados de las repúblicas de Argentina y Chile.

Aunque quisiéramos evitar en estas ocasiones las pueriles comparaciones competitivas, esta y por vez primera, contamos con un Francisco más reconocido que su Francisco, Don Francisco, el de la Teletón. Ese Francisco tanto como el argentino, tampoco está anotado en el registro civil con el nombre que tanta fama ha obtenido. El de la televisión se llama Mario Luis Kreutzberger Blumenfeld, fácil deducir que no profesa el cristianismo en ninguna de sus versiones. Pero sí hay otras coincidencias entre ambos Francisco. Los dos nacieron en el mes de diciembre, a ninguno se lo menciona como Paco ni tampoco como Pancho y los dos se destacan por la vocación solidaria y la entrega al prójimo. Uno residente de honor en Miami, el otro habita el lugar al que todos los caminos conducen, antes del camino final.

Las medidas precautorias, las previsiones y toda acción planificada pueden quedar perfectamente desbaratada si hay un argentino en acción, dispuesto a exhibir su desparpajo a la hora de cumplir con lo que se ha acordado y pactado. Además puede desconcertar. Las medidas ingeniosas implementadas para evitar el caos ya habitual en el paso fronterizo Cristo Redentor - Los Libertadores, el primer día fue en vano. Como siempre, dos puntas tiene el camino y dos lecturas admite esta frustrada idea de encapsular cada 300 vehículos. Pudo ser un nuevo mal cálculo o acaso esto también revela que la religión no es un motor tan potente como suelen ser las ofertas en San Felipe o las baratas de Los Andes.

Las estadísticas indican que Argentina aporta a la religión católica apostólica romana el 77% de su población; según esos datos, el 60 por ciento reconoce no practicarla y sobre el 40 por ciento restante, muchos dudan que sea verdad el ejercicio cotidiano.

Para consagrar nuestro acervo profundo contabilizamos que es más numeroso el público posando sus esculturales músculos y sus curvilíneos cuerpos en Reñaca que aquellos que fueron a buscar un mensaje espiritual. Eso sí, a Reñaca asisten los argentinos religiosamente, se persignan ante cualquier edificio del culto y rezan para que el carabinero no haya advertido su infracción.

Un detalle que consolida una manera de ser. La algarabía y devoción que pudo vivirse en Mendoza el 7 de abril de 1987, supera con creces lo que exclaman los mendocinos en los pagos de Gabriela Mistral. Masiva apatía hoy versus entusiasmo celestial, casi eufórico, 30 años atrás. Podríamos ensayar cientos de argumentos, pero para no exagerar con un rosario de explicaciones, basta con saber que no se trata de una popular pérdida de fe ni de una súbita pandemia agnóstica. La razón de mayor incidencia es que aquél sumo Pontífice, Karol Jósef Wojtyla ó Juan Pablo II, como prefiera, era europeo, y quien hoy está allende el macizo de Los Andes, es argentino. Motivo suficiente para descalificarlo y observar con suspicacia sus logros y con desdén por su jerarquía.

El Papa no es Dios, pero también es argentino, y como todo quien se precie de tal y en su documento aparezca esta bendita nacionalidad, si acaso es trascendente el lugar que supo conquistar o sus capacidades son extraordinarias, tendrá como mejor destino y como lugar sagrado para el final de su camino: el exilio.

CRUZANDO LA OTRA GRIETA -


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