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lunes 07 de mayo de 2018

Contaminación mental

Hemos sabido llegar hasta aquí a pesar de nosotros mismos, de nuestra acción, de nuestras omisiones, de nuestra ceguera intelectual o quizá gracias a nuestra ignorancia.

Por la implacable gravedad, ley que desafiamos, pero no logramos derogarla, aún estamos sujetos al piso, pero no siempre con los pies sobre la Tierra. Y eso no es tan nocivo como venimos repitiendo desde hace siglos.

Con gran similitud al temor que inspiran las religiones para que los dioses no se sientan ofendidos (ni siquiera cuestionado en el caso de las monoteístas) los dogmáticos auto definidos como ecologistas, propician amenazas de toda índole. En ocasiones por razones bien argumentadas, pero también por cuestiones que suenan más esotéricas que racionales.

De la misma manera que cuando las religiones se quedan sin respuestas verosímiles apelan a los misterios inabordables para los humanos no santos, estos fundamentalistas que se dicen ambientalistas, apelan al ocultamiento, a la mentira incisiva, y a la promesa apocalíptica de imposible comprobación, ya que, aunque sea para poder dar testimonio, nadie se atrevería a desoír las recomendaciones y esas catastróficas profecías, las que nunca se sabe muy bien quién las auspicia.

En la construcción maniquea de los discursos, esto podrá ser usado en nuestra contra, y me someto al riesgo con tal de saber cómo pueden presagiar con tanta precisión los mismos que no han parado de insuflar temor por naderías, y sin embargo se les escapan no las tortugas, sino crisis ambientales y ecológicas tremendas sin que nos haya prevenido, sin siquiera haber advertido a tiempo la aparición de plagas que ya suponíamos en extinción. Y peor, aún. Escasas veces suelen aportar alguna solución plausible ante esos desastres ambientales y humanos. O acaso la aparición de pestes, la polución imparable y la erradicación irracional de fincas para hacer barrios no cuenta. O acaso nos van a hacer creer que es innocuo el uso de fertilizantes a mansalva, y pretenderán decir que es posible en la actualidad un "mundo orgánico".

El mecanismo tampoco es diferente al de los economistas, que mientras son panelistas televisivos tienen las recetas infalibles para todo tipo de inconveniente, pero cuando asumen en la función pública, la sociedad empieza a rezar para que vuelva a la televisión y deje el cargo antes de que el único alimento posible sea lamer las pantallas de led que compramos en muchas cuotas, tantas, que ya no sabemos a qué gestión de gobierno deberíamos agradecerle.

Abundan los ejemplos, tanto como el agua, mal que nos pese cuando tenemos sed y estamos lejos del río.

Volvemos a la gravedad. Tanto a la inevitable como a la política. Que la parte tiránica de la naturaleza haya desbaratado nuestras ansias de flotar o nos prohíba desplazarnos como en nuestros sueños alados, no alcanzó para impedir que hoy podamos volar, aunque de manera artificiosa.

Existen planeadores, algunos construidos merced a la tala de bonitas especies de árboles y otros de resinas, normalmente materiales imposibles de reciclar. Pero la mayoría de los pájaros artificiosos que transportan personas y objetos de gran peso, son metálicos.

Sofisticadas naves colectivas que se elevan diez mil metros sobre nuestras cabezas si estamos a la altura del nivel del mar, requieren, además de una ingeniería compleja, asientos confortables, bodegas generosas, pilotos y comandantes -por ahora- ruedas de caucho y turbinas, líquido combustible. Sí, todavía no se ha encontrado la ecuación económica y ecológica sustitutiva y siguen moviéndose con combustible líquido de origen fósil.

Esta observación que podría juzgarse de obvia parece que no es tal. Durante las semanas anteriores, circularon por redes sociales y también por medios convencionales toneladas de mensajes, videos, explicaciones, amenazas, chistes, disertaciones y demasiados discursos anónimos, para referirse al fracking y a los métodos extractivos de petróleo.

Las informaciones a las que hemos tenido acceso, que son vastas y en algunos casos exigen un conocimiento profundo, nos inhiben de dar opiniones contundentes y definitorias. Pues todas cuentan con la autoría de personas y empresas con intereses, como es de rigor. Asimismo, ninguna de esas solventes explicaciones fue acompañada de absurdas ofertas ni propuesta estrafalarias, por ejemplo, nadie ofreció reemplazar el malbec cosecha 2015 de la copa por un trago seco y espeso de un no convencional recién extraído del pozo.

Sabemos que no hay actividad en la que participe el hombre que no modifique el estado estático del paisaje y a la vez, no se asuma un riesgo debido a las capacidades, intenciones e incapacidades del mismo hombre.

Seguramente no sólo quien esto firma debió escuchar estoicamente , de boca de una persona con formación universitaria, profesional que vive en y de Mendoza, con peso e influencia, adulto que viaja regularmente en esa máquina perversa pero bastante rápida, decir que hay que "combatir" a la industria del petróleo y reemplazarlo por energías renovables, las siempre bien ponderadas eólica y solar. Nadie duda que lo ideal es, ideal. Y que ir en busca de las utopías más que una posibilidad es un deber humano. Pero alentar una causa así, con simpleza de un chasquido de dedos, además de hipócrita es irresponsable.

El informe no es nuevo, pero su vigencia sí. En el PGB de Mendoza, los hidrocarburos contribuyen con el 25% del total. Más de quince mil personas están relacionadas laboralmente con esta actividad.

No se agota en un posteo la discusión y tampoco se trata de admitir la degradación ambiental, y mucho menos poner en situación de riesgo a la población. Pero darle curso al petitorio de este personaje es como ir a defensa del consumidor el seis de enero por las promesas incumplidas. De tan irresponsable se torna ridículo.

Muchos se tentaron luego de ver un video que circuló con gran éxito por whatsapp, en el que se veía cómo junto al agua, desde el grifo, brotaba fuego. Se tentaron en pedir un barrio lo más próximo a ese lugar, ya que, con el valor de las tarifas, que llegue una lengua de fuego junto al agua, podríamos prescindir del calefón. Y quien dice también de la biblia ecologista que sólo contiene la sección "fabricando el apocalipsis".

Sin desdén por quienes trabajan ardua y responsablemente para mejorar las condiciones ambientales y por los muchos que están elaborando proyectos de sustentabilidad, no se puede admitir manifestaciones vacías y mucho menos, en nombre del futuro, estropear el presente, que no es lo amable que deseamos ni lo espectacular que prometen.

Hay que dialogar incluyendo todos los elementos de discusión. Dialogar, sin difamar, ni aterrorizar. No hay dudas que hay que trabajar y controlar para preservar y mejorar el desempeño ambiental, de estas y del resto de las actividades.

También contamina además del ambiente, la mente, tanta mentira falaz que además ahora se disfraza con el bonito eufemismo llamado post verdad.

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