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sábado 07 de julio de 2018

Confesiones y visiones de Erika Lust, actriz porno

Erika Lust. Estocolmo, 1977. Dirige cine erótico, pero alejado de los clichés del porno rebosante de testosterona. Su trabajo quiere ser ético, responsable, dirigido a la mirada femenina y con aspiración artística. Y, ante todo, planteado en positivo.

En esta entrevista me gustaría hablar de sexualidad y pornografía sin doble moral, como algo que forma parte de la vida de mucha gente, y que debe ser tratado con naturalidad.

¡Es que el sexo es la razón de nuestra existencia! Estamos aquí porque alguien, para que naciéramos, tuvo relaciones sexuales. Y sin embargo, el sexo está siempre mal visto, se le ataca continuamente. Un ejemplo personal: me han vuelto a cerrar otra cuenta de mi productora, Lust Films, en YouTube, y hace poco también otra cuenta en Vimeo. Y no ha sido por mostrar imágenes explícitas, porque conozco las reglas de estas plataformas, sino por mostrar tráilers de mi trabajo o entrevistas con actrices y directores. Habíamos planteado una serie de piezas documentales en las que diferentes trabajadores sexuales tenían la oportunidad de hablar sobre lo que hacen. Alguien nos lo ha marcado como contenido inapropiado, y YouTube ha decidido censurar ese material. Por una cuestión política.

Es que son increíblemente puritanos.

Estamos al borde de una sociedad en la que puede comenzar a darse una censura importante. Sobre todo en el aspecto sexual, y el sexo tiene un valor inmenso en nuestras vidas. Como creadores, deberíamos tener el derecho de interpretar, pensar y mostrar la sexualidad de una manera artística.

-¿Cuál fue su primer recuerdo como consumidora de pornografía?
-Tendría unos 12 años, fue en una fiesta de pijamas, cuando todavía vivía en Estocolmo. Una amiga nos convocó a un grupo de chicas porque había encontrado una cinta VHS grabada por su padre en la televisión. Era aquella época en la que en la televisión, a ciertas horas de la madrugada, se emitía pornografía, y entre la colección de cintas había aquello. A mi amiga le pareció que sería divertido ver todas juntas una película porno. El ambiente estaba lleno de ilusión, estábamos entusiasmadas...

-¿Cómo era la película?
-Pues nos pareció una cosa fea, guarra, más asquerosa que interesante. Estábamos emocionadas y, de repente, se nos congeló la sonrisa.

-¿Cómo ha evolucionado el consumo de porno entre las mujeres en los últimos años? Porque se sabe que cada vez hay más consumidoras, pero no se habla mucho del alcance real de la tendencia.
-Puedo hablar de los datos que tengo gracias a medidores como Google Analytics, que nos da información sobre la gente que visita nuestra web, y lo que vemos es que cada vez hay más mujeres. Es cierto que siempre hemos tenido un porcentaje alto, porque nuestra comunicación iba en la línea de proponer un cine erótico dirigido a mujeres, y las chicas se fían de nuestro contenido. En total, un 40% de nuestro público que paga por escenas son mujeres y el 60% son hombres, aunque este dato hay que tomarlo con cuidado, porque puede que entre ese 60% haya parejas y sea el hombre quien da sus datos. Lo que sí es cierto es que crece la masa, el total de mujeres ha aumentado muchísimo. Cada vez hay más mujeres que hablan de porno, que comenta en nuestras redes sociales o en entradas de mi blog, que valora las películas. Y sobre todo lo noto cuando viajo y participo en eventos. Hace poco, en Guadalajara (México), vinieron muchas chicas jóvenes que me abrazaban y me daban las gracias por hacer porno pensando en ellas.

-¿Cuántas miradas femeninas hay en el porno? Porque no todas las mujeres buscan lo mismo: a algunas les interesarán los actores, a otras la representación realista del sexo, y otras buscarán una excitación a partir del placer de la actriz.
-La mirada principal es la de la mujer no quiere sentirse olvidada, creo que es lo más importante de todo. Es cierto que hay una gran cantidad de porno creado por hombres y pensado para hombres, en el que la mujer ha sido reducida a ser un simple objeto bonito o una herramienta de placer, y que en ningún caso ha sido el eje de la historia. No se habla del deseo de ellas, o de su sexualidad, y por tanto, muchas mujeres quieren ver a otras mujeres teniendo placer. Luego, lo que entendemos por placer es una cosa muy distinta para cada individuo. Las mujeres que vemos porno no somos una masa monolítica, pero hay algo que nos une: queremos ser respetadas.

-El enfoque moralista tiende a olvidar los efectos beneficiosos que puede tener el erotismo como forma de arte -y en ese aspecto hay cierta pornografía que puede considerarse como tal-, y se centra en los perniciosos, que también son un problema. ¿Qué nos debe preocupar, sobre todo con respecto a chicos y chicas jóvenes, ahora que acceder al porno es tan sencillo?
-Tener contacto con el porno a ciertas edades no tiene por qué ser traumático o perjudicial. Antes te explicaba mi historia en la fiesta de pijamas cuando tenía 12 años. Sólo vimos un trozo de una película. El problema ahora no es tanto el acceso como la cantidad de porno que pueden llegar a ver chicos muy jóvenes, porque las edades de acceso han bajado drásticamente. Le hemos dado a nuestros hijos una tecnología que no sabemos controlar. Hay muy pocos padres que pongan controles parentales en sus ordenadores o sus iPads, y en el caso de que los pongan, la generación nueva que está creciendo ahora es nativa digital, tiene conocimiento sobre la tecnología y sabe cómo sortear los obstáculos. En ese caso, creo que la manera de enfrentarnos a esta situación es hablando: tenemos que hablar con los jóvenes sobre el sexo, sobre el porno, y sobre los efectos que tiene. No es algo que sea distinto a otros aspectos de la edad: cuando mis hijas tengan edad para salir de noche e ir a discotecas, tendré que hablarles sobre el consumo de alcohol, sobre el tabaco, sobre las drogas. Ahora que van a la escuela, les tengo que hablar sobre las dietas, el bullying. También sobre el sexting, porque no sólo hay nuevas maneras de acceder al porno, sino de hacer porno, con riesgos muy importantes, porque ni siquiera saben que filmar a menores en un acto sexual es delito. No podemos ignorar esta nueva situación.

-¿Qué les diría en concreto sobre el porno?
-El porno online no me asusta tanto. Veo que la generación joven que crece lo hace con ideas, en general, muy sanas y positivas. Por tanto, los veo capacitados para entender algunos conceptos básicos, como por ejemplo que el porno es una exageración del sexo en forma de ficción, de la misma manera que una película de terror o una serie de Netflix que gira alrededor de la violencia y el asesinato son también una exageración ficcionada de unos acontecimientos. Una persona joven sabe que no puede volar, aunque vea una película de Superman. Hay que comunicar que el porno es ficción, y los adultos tenemos que atrevernos a hablar con los jóvenes y no esconder la cabeza como un avestruz.

-Usted tiene un compromiso ético y feminista con la pornografía. ¿Qué mensaje les trasladaría?
-Mis valores como persona pasan por considerar que la pornografía mainstream es, en su mayor parte, machista, así que les diría esto: a mí no me gusta cómo se usan los cuerpos femeninos para satisfacer a los hombres, y no para satisfacerse a ellas mismas, y creo que un chico o chica joven esto lo puede entender sin problema Además, hay que ayudarles a entender lo que es, y no prohibirles el acceso ni utilizar el sentimiento de culpa para provocarles vergüenza.

-Hay una tendencia al alza: muchas chicas que se acercan al porno porque tienen referentes en estrellas que llevan un estilo de vida glamoroso, envuelto en lujo, una situación bien explicada en el documental Hot Girls Wanted, de Netflix. Luego, la realidad es decepcionante y muchas abandonan. ¿Qué le parece esto?
El problema es que estas chicas escapan de su mundo con sueños de grandeza. Esto ha existido siempre: antes se huía y se iba a Hollywood, con la esperanza de convertirse en una estrella del cine. Bueno, Hollywood sigue recibiendo a diario a cientos de chicas que quieren ser estrellas. Pero la realidad es mucho más dura. La gente tiene que entender que ser una actriz o actor profesional no es fácil. Es un trabajo duro en el que tienes que estar muy centrado para conseguir los resultados que deseas. Lo que he visto en todos estos años en contacto con actores y actrices porno es que también hay mucha gente que entra en la industria sabiendo exactamente lo que busca. Desde fuera, se tiene una idea general de los actores y las actrices como gente promiscua, que llevan una vida libertina, y eso suele ser falso. La mayoría de la gente que he conocido es inteligente, tiene estudios, sentido del humor, perspectiva, y tienen planes de futuro bien trazados, y planifican su carrera con estrategia. Son sanos, se cuidan, entrenan, siguen dietas adecuadas... y están en el porno porque lo ven como una opción de trabajo que les va a dar una interesante cantidad de dinero, flexibilidad laboral, la posibilidad de viajar, invertir en la compra de un apartamento o planificar la vida que quieren tener. O incluso para financiarse estudios o negocios. No todo el mundo que accede al porno es gente desesperada. Esto ha cambiado.

-¿Qué le parece el estilo de Greg Lansky, el nuevo magnate del porno internacional?
-Sé ligeramente quién es... ¿Es el productor de la serie Blacked?

-Correcto.
-Es que el concepto de Blacked... Me parece que hay un componente racista muy fuerte en ese tipo de escenas de mujeres blancas folladas por hombres negros. La estética es glam, está cuidada, pero no sé mucho más de su negocio. Lo que más me interesaría, en todo caso, es cuáles son sus condiciones de trabajo: si trabajan mujeres en su equipo, si paga bien y lo hace de manera limpia, si tiene un compromiso ético.

-Todo apunta a que sí. La mayoría de actrices top se desviven por trabajar con él porque las trata mejor que otras productoras. De hecho, a su alrededor se está organizando un nuevo star system en el porno. Hablemos ahora de actores: se dice que son como los tenores en la ópera, un bien preciado y escaso. ¿Le cuesta encontrar hombres distintos y atractivos, y que además rindan sexualmente sin fallos?
-El talento masculino es lo más difícil de conseguir en este negocio. Tenemos algunos actores favoritos con los que trabajamos regularmente, pero a la vez busco diversidad entre ellos. Necesito cuerpos distintos, etnias distintas, edades dispares, estéticas de todo tipo. Sobre todo, busco personalidad en la gente que, al principio, de manera instintiva, me atrae.

-¿Hay muchos chicos que busquen trabajo?
-Sí. Hay que dedicarle mucho tiempo al proceso de cásting, estamos conociendo gente nueva todo el tiempo. Conmigo trabaja un talent manager que se dedica a hacer entrevistas todo el tiempo. Hace el primer filtro, pregunta a los chicos quiénes son, qué razones tienen para hacer porno, cuál es su sexualidad, su estilo, y la gente más interesante me la pasan y yo hago la segunda entrevista.

-¿Qué pasa si son personas estupendas, pero luego tienen un gatillazo -acto de impotencia-?
-Es una cuestión de confianza. Tú nunca puedes saber si va a funcionar o no. Lo que sí puedes hacer, en medio de un rodaje, si ha ocurrido eso, es tener mucha paciencia, demostrarle mucho amor, y crear un ambiente lo más positivo posible. Hay trucos: puedes rodar planos en los que no se vea la erección. Como cineasta, es algo que he aprendido a hacer. Es cierto que también rodamos una parte soft, sin imágenes explícitas, porque también trabajamos ese mercado, pero en cuanto a las escenas duras, ocurre una cosa: si el espectador ha visto una erección en algún momento, puede creerse todo lo que viene después. De todos modos, para que eso no ocurra, lo mejor es preguntar a los chicos y las chicas con quién quieren trabajar. Cuando eligen a su pareja, todo funciona mejor. Todas las chicas tienen a sus actores favoritos, y al revés, y cuando hay química se nota. Lo que no funciona es cuando pones juntas a dos personas que no se conocen y que no se gustan, que es lo que se hace habitualmente.

-Usted lleva cinco años desarrollando XConfessions, una colección de escenas en internet que son una especie de serie. Pero, ¿está preparada la televisión convencional para una serie abiertamente porno (no hablamos de títulos como The girlfriend experience, por ejemplo)? ¿Podría ocurrir que Netflix buscara a alguien como usted?
-Seguramente, estamos a un paso de llegar ahí. En HBO, por ejemplo, se han atrevido bastante mostrando imágenes explícitas, pero no es lo mismo. No tienen como objetivo principal estimularte y encenderte. En el cine sí ha ocurrido, hay películas convencionales que han cruzado la frontera del porno, pero el problema es la distribución: sigue siendo difícil que lleguen al gran público. En el mainstream todavía nos mantienen alejados, hay una relación de amor/odio entre el cine mayoritario y el cine para adultos. Al mainstream le interesa relacionarse con nosotros porque le da publicidad y exposición, pero luego les da miedo ser jugados en lo moral. Antes hablábamos de censura... yo me siento realmente censurada, porque veo cómo me están cortando muchos canales para comunicarle al gran público quién soy y qué cine hago. Y eso es frustrante, porque estamos en un momento en el que hay que aprender a hacer una distinción entre trabajo sexual digno y explotación sexual.

-Parece que todo lo que tenga que ver con el sexo sea intrínsecamente malo, cuando hay expresiones sexuales que son necesarias, culturalmente relevantes e incluso artísticas...
-Ahora es un buen momento para comunicar el sexo de manera positiva. El sexo es vida y energía pura, es felicidad. Es positividad, sí. ¿Por qué no podemos ver eso? No hay nada malo en el sexo y habría que empezar a dejar de castigarlo. ¡Hay otras cosas que son peores y no se castigan! Por ejemplo, estoy harta de buscar una serie de televisión para ver, y todo lo que encuentro son muertes, crímenes, asesinatos (casi siempre de una mujer)... y cuando quieres mostrar algo bonito y positivo del sexo, no puedes. Tenemos que protestar, somos mucha gente la que no estamos de acuerdo con esta censura.

-Usted aún publica DVD. ¿Se siguen vendiendo muchas películas porno?
-Claro, hay coleccionistas, gente a la que le gusta tener su caja, con su disco dentro, y que ven valor en un producto que pueden tocar y sentir. Pero también hay que decir que no es la parte principal de nuestro negocio.

-¿Se puede hacer aún mucho dinero en el porno, o el negocio ha menguado hasta niveles de subsistencia?
-Por supuesto que se hace. Yo hago dinero. Pero se podría hacer más si los responsables del negocio fueran responsables y éticos: la industria sería más potente y los trabajadores tendrían mejores vidas. Y también falla una pieza importante: el consumidor que piensa que el porno es un producto gratuito. En el cine y en la música se están dando nuevas fórmulas para distribuir el producto, todos tenemos en la oficina Spotify y Netflix, pagamos por nuestro entretenimiento, por lo que queremos ver y escuchar. Y creo que el mensaje "paga por tu porno" es importante y debe llegar a los consumidores, ya que si quieren un producto más ético, de más calidad, tiene que ser así.

-¿Sería factible un Netflix del porno, donde se pudiera acceder a contenido de calidad de diferentes productoras y con todo tipo de tendencias a cambio de una suscripción mensual? Aquí cada empresa va por libre.
-Yo fundé Lust Cinema, que es justamente eso: licencio películas de otras productoras, y tú pagas una cuota, y hace un año y medio pusimos en marcha eroticfilms.com, que tiene otro modelo de pago, a tanto por película. Ahí tienes el trabajo de diferentes directoras, es a lo que estamos tendiendo, pero dado el hecho de que existen las páginas de videos piratas es muy difícil sobrevivir, no se puede luchar contra ellos. Además, es un modelo de negocio muy triste, que consiste en vender anuncios falsos. Usan la pornografía para atraer tráfico, pero no les importa el porno, no es su producto: lo que quieren es venderte pastillas para alargar el pene u organizarte citas con chicas latinas de tu barrio que luego no existen. Te estafan, sólo quieren los datos de tu tarjeta, y la gente no denuncia a la policía por vergüenza. Es un negocio basado en el engaño y la piratería. Tampoco sabemos quiénes son los dueños, hay poca transparencia. La sociedad en general debería tender hacia un consumo responsable, da igual si hablamos de comida, de muebles o de porno.

-¿Qué es lo que cree que los hombres todavía no saben, en general, sobre la sexualidad femenina?
-Creo que hay una mayoría de hombres que se piensan que las mujeres somos como las porn stars que ha visto en la pornografía mainstream, y uno de los mitos que aún aguantan es el de que tenemos orgasmos de penetración, cuando la mayoría de las mujeres no se corren así. ¡La mayoría necesitan una estimulación clitoriana! El porno nos ha machacado con la penetración y mujeres corriéndose a gritos, y eso provoca una falta de comunicación general entre hombres y mujeres. Es importante que los chicos jóvenes que han visto horas y horas de porno sepan esto, antes de tener relaciones sexuales reales.

-Ahora vienen las preguntas menos serias. ¿Por qué al porno lo llaman cine para adultos? El cine para adultos debería ser el de Ingmar Bergman, ¿no?
-Sí, claro, un cine más intelectual, para mentes desarrolladas... Decimos cine para adultos en vez de porno para intentar darle más valor. Si dices porno parece que sea algo trash, cutre, sin importancia. Si dices cine para adultos, suena como una categoría más del cine entendido como arte.

-¿Le puedo felicitar por el pase de Suecia a cuartos de final en el mundial de fútbol?
-No soy una gran aficionada al fútbol, pero cuando gana mi equipo descubro que hay una pequeña nacionalista ahí dentro. Así que puedes felicitarme.

-Le felicito, pues. En sus producciones, ¿hay muchos muebles de Ikea?
-A veces, por supuesto, por lo prácticos que son. Al principio de Xconfessions hubo una escena que se llamaba I fucking love Ikea. Pero sobre todo intentamos crear un ambiente lo más original posible, y los interiores son importantes. Este sofá en el que estoy sentada ahora ha salido en una escena mía, y es vintage. Trabajo con unas directoras de arte apasionadas por el gran cine, y le damos un toque elegante a cada escena.

-Usted es la primera persona a la que le puedo preguntar esto, porque me va a entender. ¿Cómo les sienta a los suecos la expresión "hacerse el sueco"?
-Te diré que es cierta: los suecos nos hacemos mucho el sueco. No me lo puedo tomar a mal, porque a los suecos en general nos intimida el conflicto, y creo que de ahí llega esa expresión: cuando hay un problema te vas por otro lado, haciendo ver que no va contigo y no sabes nada. Pero llevo viviendo en Barcelona desde 1997, cuando llegué con 20 años, y ya no tengo miedo al conflicto. Antes decía que hay una pequeña nacionalista dentro de mí, pero en ese aspecto me siento más barcelonesa que sueca.

Fuente: El Mundo
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