Afondo Domingo, 22 de julio de 2018

Cómo escapar de la triangulación

Por Bernardo Stamateas*

bernardoresponde@gmail.com

Muchas personas desarrollan el hábito de triangular. Es decir, colocarse a sí mismos o colocar a alguien en el medio para resolver una situación conflictiva. Dicha actitud nunca conduce a una solución, pues en el fondo ellos no desean resolver nada sino manipular a los demás.

Tres son las actitudes que deberíamos tener en cuenta a la hora de enfrentar un problema en nuestras relaciones interpersonales:

1. Tener el objetivo (el deseo) de resolverlo.

2. Referirse a la fuente sin involucrar a terceros, caso contrario podría agravarse.

3. Encontrar un mediador (en el caso donde sea imposible resolverlo entre las partes). El intermediario asume el rol de ayudar a los interesados a llegar a un acuerdo. Aquí no existe manipulación como en la triangulación y pueden suceder dos cosas: que el problema se resuelva y la relación continúe igual, o mejor; o que el problema no se resuelva y la relación se termine.

¿Cómo podemos escapar de la triangulación? Básicamente evitando reaccionar ante la emocionalidad de la otra parte. Cuando en una relación se desata "una guerra de emociones" y, para colmo, se mete a alguien en el medio, no se logra resolver ninguna cuestión. Lo aconsejable es detenerse a meditar en cuál es el problema. Si una persona va a comprar algo y, porque se demoran en atenderla, comienza a gritarle al empleado, podría ocurrir que este último reaccionara a esa actitud negativa del cliente. Si lo hace, se generará una polémica sin sentido. En cambio, si el empleado conserva la calma y piensa qué pudo haber desatado el problema, será capaz de enfocarse para manejar la situación de manera sana. No es fácil no reaccionar cuando nos atacan, pero no es imposible.

También es importante considerar cuál es el vínculo con aquella persona que pretende involucrarnos en un conflicto. Si no hay un vínculo afectivo cercano, por ejemplo un compañero de trabajo o de estudio, lo ideal es tomar distancia y no entrar en su juego. Pero si hay un vínculo importante, por ejemplo un familiar o un viejo amigo, lo mejor es explicitar nuestra postura de no querer ser involucrados en un conflicto y hacer todo lo posible por salir de ese intento de triangulación. Cuando uno queda, sin quererlo, en el medio de un conflicto entre dos personas, hay que derivar a aquel que desea involucrarnos a resolverlo con la otra parte. Para ello, es fundamental tener en claro cuál es nuestro límite para no terminar sintiéndonos utilizados, frustrados y lastimados.

A todos nos ha ocurrido alguna vez (y si no te ha ocurrido, tarde o temprano, suele pasar) que alguien habló mal de nosotros, o nos criticó, o hizo correr un falso rumor sobre nosotros. Actualmente esto es muy fácil de hacer en las redes sociales donde la agresión está a la orden del día. Mucha gente herida elige atacar a otros detrás de una pantalla por tonterías, tanto con conocidos como con desconocidos. En estos casos, jamás hay que caer en la trampa de hacerse uno con el mensaje, aun cuando nos sintamos tocados, porque eso es precisamente lo que persiguen. Tienen su estima baja y buscan desquitarse inconscientemente con todo el mundo.

Por eso, para concluir, te invito a pensar si realmente vale la pena discutir por lo que estás discutiendo. Tal vez necesites ganar esa pelea en la que alguien más te involucró para sentirte valioso. Pero nunca tenemos que permitir que otros determinen las batallas que vamos a pelear. Nuestra única batalla debería ser la de superarnos a nosotros mismos un poco más cada día y llegar a la cima.

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