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lunes 29 de enero de 2018

Ciegos de tanto mirar

Aquella lapidaria frase que se instaló como sentencia y que colaboró para que accediera a la presidencia de Estados Unidos Williams Clinton en el antiguo 1992 hoy admite, como las series de televisión, su saga. A continuación de "es la economía, estúpido" puede respondérsele sin remilgues: "No es la economía, es la ideología, hipócritas"

Referirse a ideología implica asumir un riesgo. En este caso, no es intención abordar esa periférica cuando no banal y superficial discusión de matices, o debates insulsos cargados de violencia e insultos pero huecos de ideas rectoras, disfrazada de ideología. Para concretar esta pretensión cabría reemplazar la palabra ideología por filosofía, pero esta última ha servido tanto para desplazar y en ocasiones para expulsar a los no ilustrados que creemos oportuno hablar de ideología. Término que da lugar para que no haya escisiones de clase ni credo. Ideología, eso que a pesar de algunos alcanza a todas y a todos, y que sería sano y conveniente que participemos de un modo más comprometido. Adonde la única exigencia sería acudir a la honestidad intelectual.

El impedimento para que la participación sea general o al menos heterogénea y colectiva, también es una manifestación abstrusa de quienes insisten en que su ideología es carecer de ella. Como sabemos, nada más rotundo que aquello que no se ve. Versión de Antoine de Saint-Exupéry: lo esencial es invisible a los ojos (El Principito); versión bíblica refiriéndose a las conversaciones de Moisés con Dios en la que sostiene que hablaba como si pudiera mirarlo a pesar de la invisibilidad del ser superior (Hebreos 11;27)

Podríamos decir a modo de advertencia: ojo con lo que no se ve. Pero más recaudos deberíamos tener, tal vez, con lo que está por delante de lo que necesitamos ver.

Los títulos utilizaron cuerpos gráficos enormes –tal vez insinuándose como facilitadores para quienes poseen disminución en sus capacidades visuales- para denotar algo de la economía como si eso fuese lo sustancial de la información. Palabras más, palabras menos, pudimos leer: salió al mercado el medicamente más caro del mundo. Pudo decir cosas un poco más interesantes, pero se eligió usar dos términos para nada inocentes. Caro, en vez de costoso. Y Mundo, en vez de Historia. Estas alteraciones no son para nada accidentales y tampoco inocentes.

Para los legos en ciencias química y médica, nos resulta extraño dilucidar por qué un medicamento puede tener un precio de 850 mil dólares (evito la traducción a nuestra moneda porque la oscilación podría distraernos y la vigencia del dato sería más efímera que un pestañeo).

Eso sí. Ochocientos cincuenta mil dólares estadounidenses pero por los dos ojos. Parece un guiño burlón, pero es la información. El laboratorio que patentó este remedio contra la ceguera se llama Spark (chispa según lo traduce el diccionario inglés-castellano), el medicamento en cuestión (voretigene neparvovec-rzyl) Luxturna, su denominación comercial. Tienta pensar que significa luz nocturna.

Tratar el caso desde el punto de vista meramente economicista es como intentar desforestar las ciudades para evitar las colisiones con los árboles.

Sería interesante –o necesario- saber qué insumos requiere, cuánto tiempo demandó descubrirlo, cuáles son los beneficios que trae y quienes padecen la patología que promete curar, antes que conjeturar con premura hepática lo que merece una reflexión más amplia y cerebral.

Este es otro de los desarrollos de la medicina génica o genética. Lo novedoso es que la FDA, la administración de alimentos y medicamentos de Estados Unidos, le dio el visto bueno. Y los beneficios que ya ha registrado en quienes recibieron el tratamiento es contundente. No tan veloz como el que debió lavarse el lodo de sus ojos en el estanque de Siloé, pero al parecer, igual de milagroso en términos médicos.

Esta terapia consiste en la modificación de un virus natural. Ese virus es el que inoculan en el ojo del afectado de distrofia retiniana o distrofia retina. Se le incorpora al paciente de la enfermedad copia del gen (RPE65) a las células de la retina. El virus actúa sobre el ADN , o sea, modifica la historia heredada (altera el pasado, visto en términos de filosofía clínica) y además de la introducción del gen (no defectuoso) en reemplazo del congénito defectuoso, actúa para que el propio organismo del inoculado genere la proteína para restaurar la visión y revertir el proceso de deterioro, que de otro modo, termina en un 90% de los casos en ceguera total.

Esta enfermedad es una de las llamadas infrecuentes o raras. Los casos detectados en Estados Unidos no superan las dos mil personas. Viendo que la población de ese país hoy excede los 323 millones (a pesar de Trump) es casi insignificante para las estadísticas. Y aquí es adonde podríamos auscultar mejor el por qué de este precio del medicamente que además es indicativo de valor.

El debate que despierta esta comprobación de éxito es extenso y complejo como para agotar en un par de líneas. Pero buen principio capaz de abrirnos los ojos. Que sea posible suministrar una cura a un mal congénito, cambia los parámetros a corto tiempo sobre los índices posibles de longevidad. Esto que hoy se consagra sobre una enfermedad tremenda pero no letal, es el indicio de que en las grandes ligas del poder, la discusión anticipa un mundo que necesita ser rediseñado, en el cual los tipos de organización social actuales han quedado perimidos y habrá que redefinir la mirada.

Aquella frase atribuida al británico Robert Walpole, Ministro de Hacienda y luego primer ministro del Reino Unido en los albores del siglo XVIII "Todo hombre tiene su precio", fue luego completada por el más dúctil funcionario que supo atravesar todos los gobiernos y períodos de la Francia desde la revolución hasta el Napoleón de los cien días. Joseph Fouché, el más conspicuo miserable dijo: "Todo hombre tiene su precio, sólo hace falta saber cuál es".

La conducta social humana, esa que ha permitido o acaso ha alentado para que el 1% de su población acumule en bienes concretos y en bienes simbólicos lo mismo que el 50% de la población mundial (más de tres mil seiscientos millones de personas) nos trajo hasta aquí, para ver lo que ocurre pero con esos cristales que amplían títulos y ocultan a los que no tienen cabida ya ni como espectadores.

Una atmósfera de insensibilidad envuelve y perturba. Los avances científicos y tecnológicos abundan. Confundir carestía y costoso es creer que precio y valor son sinónimos. Ya no es la economía (partición inteligente y equilibrada de recursos escasos), es la Ideología. Aunque no queramos verlo, la escasez y la abundancia, también son decisiones políticas.

ESCOLIOSIS - CIEGOS DE TANTO MIRAR - 290118.mp3


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