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Bordón mirando en la ventana

Por Manuel de PazColumnista de UNO

Hay un artista que está pintando el contorno de las Islas Malvinas en un gran terreno cercano al aeropuerto El Plumerillo para que los viajeros que lleguen a Mendoza en avión se graben a fuego esa imagen.

Es Norberto Filippo, quien se ha ganado algún módico renombre por pintar con yeso y cal en terrenos abiertos obras que se pueden ver desde un avión.

Seré curiosoEstá claro que cualquiera puede proyectar artísticamente las ideas que se le ocurran y hacer con ellas los homenajes que crea conveniente, sobre todo si las banca de su bolsillo o con un auspiciante privado.

Pero si para llevar eso a la práctica se echa mano al aporte de instituciones públicas, pues entonces se abre el cauce para que cualquier contribuyente se haga algunas preguntas.

InterventoresPor ejemplo ésta: ¿no debería haberse privilegiado en esa “intervención urbana” en torno a nuestro principal aeropuerto alguna idea más cercana a ciertas esencias de la mendocinidad?

Si estamos planteando una obra artística para sorprender a los visitantes, y decidimos volcarnos a lo épico y al sentimiento de Patria, ¿por qué usar a las Malvinas y no apelar, por caso, a la obra libertadora de José de San Martín, que se gestó y partió desde esta provincia?

Perdone que pregunteSi bien en este caso particular la idea es de origen privado (al igual que el terreno donde se está plasmando), el proyecto está recibiendo el apoyo material de varios entes públicos, entre ellos de Vialidad provincial, las comunas de Las Heras y Guaymallén, la Secretaría de Ambiente y la IV Brigada Aérea, lo que la expone con más fuerza a la consideración de los contribuyentes.

Pero incluso si no hubiese un sólo peso de las arcas públicas en tal idea, el sólo hecho de hacer una “instalación” sobre el terreno con una obra que estarán obligados a ver los que llegan a esta Ciudad desde el aire abre por lo menos la posibilidad de un módico debate sobre algunos devenires culturales de esta provincia.

La cifra mágicaEl Gran Mendoza hace rato que sobrepasó el millón de habitantes. Y cuando un conglomerado urbano llega a ese número hay que plantearse el futuro de otra manera. Y no es un invento de este escriba. Lo afirma cualquier urbanista serio.

Aquí, sin embargo, el crecimiento en obras públicas (edificios, rutas, rotondas, explanadas, plazas, parques) casi nunca contiene la idea de que esa expansión tenga que ir asociada a manifestaciones del arte.

De agua somosImagínese, lector, si en lugar de plasmar una reproducción del contorno de las Islas Malvinas al lado del aeropuerto El Plumerillo, los funcionarios o los artistas se hubieran aunado para plasmar una obra de arte sobre el agua, que es el elemento más requerido por los habitantes de este desierto llamado Mendoza.

Nuestro desierto está salpicado únicamente por tres oasis. Y su posibilidad de subsistencia está asociada a cuatro de los grandes ríos (el Mendoza, el Tunuyán, el Diamante y el Atuel) que bajan de la cordillera trayendo el agua de los deshielos, sin cuyos líquidos la vida aquí sería casi imposible.

Y ahora nos creemos vivosLos urbanistas que imaginaron la ciudad de Mendoza posterior al terremoto de 1861 diseñaron una ciudad cuya matriz es la que hoy se conserva en torno a la Plaza Independencia.

Para esos visionarios la Mendoza futura debía expandirse a base de una gran plaza como núcleo y cuatro plazas menores ubicadas cerca de los vértices de la principal (en este caso las plazas Italia, España, San Martín y Chile).

La idea de repetir ese esquema era que, ante cualquier sismo importante, los habitantes tuvieran un espacio abierto, forestado, y con reservorios de agua, para guarecerse.

Con y sin pulmón

Además, la intención buscada era que esos reservorios de agua de las plazas fueran también una obra de arte.

Es decir, que dichas fuentes sirvieran para humedecer el aire seco y terroso de la Ciudad (todavía no existía ese maravilloso pulmón que es el Parque San Martín), pero que también fueran vehículo para que los artistas desarrollaran sus creaciones.

En todos los años que llevo haciendo periodismo en Mendoza, que no son pocos, solamente una vez escuché a un gobernador nuestro hablar de la importancia de las fuentes en la ciudad.

Fue a José Octavio Bordón, ese santafesino que siempre dice que ser gobernador de Mendoza fue lo más importante que le pasó en la vida.

Lección en la ventana

Estábamos un día un grupo de periodistas en uno de los pisos altos de la Casa de Gobierno.

Sin estar previsto, ese mandatario, sin dudas el más preparado intelectual y políticamente hablando de los que hemos tenido desde el retorno a la democracia, entró a buscar a una persona y se quedó charlando con nosotros.

Mientras hablaba miraba por una ventana y de repente paró la conversación. Y comenzó a pedir explicaciones a sus colaboradores acerca de por qué no estaban funcionando las fuentes del Parque Cívico. Y a dar una clase de las bondades ambientales y sanitarias que para una ciudad seca como Mendoza tienen las fuentes. No sólo eso, sino que Bordón se alarmó porque en ese parque que bordea la Casa de Gobierno prácticamente no había bancos para que la gente se sentara bajo los árboles a gozar del fresco y de la humedad.

Tapas que escondenHace unos años me tocó participar en un panel sobre periodismo en la Universidad Maza. Durante el debate posterior con los estudiantes, uno de los jóvenes me cuestionó que en Diario UNO hubiésemos llevado como uno de los temas principales de tapa el mal funcionamiento de las fuentes en la ciudad de Mendoza. Para ese alumno, futuro comunicador, ocuparse de esos temas “menores” era una forma de querer esconder la realidad política.

Me llevó un buen rato explicarle que para un diario de Mendoza era un título importante, sobre todo por los beneficios ambientales y sanitarios que para una ciudad del desierto tenía que las fuentes estuvieran en buen funcionamiento.

Comprenderá usted entonces por qué me sorprenden ciertos homenajes para ver desde el aire.