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Aprovechar el factor Ciurca

El gobernador Celso Jaque no ha mostrado muchas cartas en los días finales de 2009. El sustento matriz de su gran esperanza, que debería tenerla, todavía está por verse.

No es un año "qualunque"

Este 2010 que estamos inaugurando no es un año más para el Gobierno mendocino.

Comienza a desandar su segunda mitad de mandato con varios condicionantes que lo sitúan en un

contexto de apremios.

Todos son urgencias para Jaque. Lo cual elimina de su cartografía cualquier tramo de

placidez. No tendrá paz. Así las cosas, ¿podrá darse más velocidad que en sus dos años anteriores?

¿Podrá templar los nervios y el carácter desde el comienzo de la etapa?

Segundo interrogante: ¿cómo se refundará? ¿Cuál son los signos de lo nuevo que puedan

reconciliarlo con la opinión pública? Por ahora no hay respuestas a la vista. Salvo el

empecinamiento en seguirse peleando contra los molinos de viento, llámense éstos Julio Cobos, José

Luis Gioja, algunos medios periodísticos o la incomprensión ingrata de la ciudadanía.

Amenazas en el horizonte

Son varios los vientos que le vienen soplando de frente al Gobierno, incluso en un año en que

la

economía volverá a crecer.

Uno, las férreas restricciones presupuestarias. Otro, el recrudecimiento de la conflictividad

social ante la degradación salarial, la desocupación y la pobreza en alza, potenciadas por la

inflación. Otro, la delincuencia, que no afloja. Otro, el robustecimiento de la oposición radical,

en lo partidario y en lo legislativo.

Otro, el deterioro que amenaza al poder nacional, único referente político al que, por el

momento, se ha aferrado ciegamente el oficialismo mendocino.

Otro, la falta de creatividad y audacia del gabinete para desactivar el malhumor ciudadano:

en palabras del propio Jaque, la incapacidad para poner los huevos y cacarear lo suficiente,

cuestión de presumir con el empolle.

El factor Ciurca

Un par de reacciones, por parte del gobernador, en los últimos días, alientan la

posibilidad de un

cambio efectivo. A la más significativa de ellas la llamaremos, subjetivamente, el factor

Ciurca.

¿En qué consiste? En el ejemplo que puede brindarle al Gobierno local el derrotero del

ministro Carlos Ciurca, una paradoja aleccionadora de cómo hundirse de cabeza en el infierno y no

morir en el intento.

Tras la designación del demócrata Juan Carlos Aguinaga al frente del Ministerio de Seguridad,

que sumió a la administración de Jaque en el descrédito ciudadano ya en sus albores, Ciurca aceptó

el intrépido desafío de remplazarlo.

La inseguridad fue, es y será el talón de Aquiles de Jaque. Ciurca se subió al potro. Lo

cabalgó como pudo. Mordió el polvo varias veces. Varias veces quedó magullado. Y, pese a su empeño

y valentía, el potro ahí está: indomable. La inseguridad continúa siendo, para el mendocino

promedio, la mayor asignatura pendiente del Gobierno. Hoy, el 30.17% de los mendocinos dice que, en

ese rubro, la situación es "mala". Y el 50.12% señala que es "pésima".

Peor no podía ser. Y, sin embargo, esos mismos ciudadanos consideran que Ciurca es, por

lejos, el mejor ministro. Las cúpulas políticas han registrado la rareza del fenómeno.

Julio Cobos, al ser consultado, en la entrevista para el Mendocino del año, sobre miembros

destacados en el equipo de Jaque, contestó, en primer término y sin hesitar: Carlos Ciurca,

"porque le pone el pecho a las balas".

El gobernador parece opinar lo mismo. En su último recambio de gabinete echó a dos ministros

y premió a uno solo: Carlos Ciurca. Lo sacó del berenjenal tenebroso de Seguridad y le entregó el

manejo de Desarrollo Humano.

Es un premio mayor. "De cara a 2011, el Gobierno (nacional) quiere triplicar los planes

sociales", tituló ayer, en cabeza de tapa, La Nación.

Habrá mucho dinero volcado en esa área. Entre otras cosas, para sustentar los planes

electorales

del oficialismo de aquí a dos años. Ciurca tendrá que convertirse en la Alicia Kirchner de

Jaque.

Mucho para aprender

¿Qué tiene Ciurca que le falta al resto del elenco gubernamental?

Es, ante todo, alguien que se para delante de la gente y da la cara. Y lo hace con

naturalidad, plantado en la misma vereda que el hombre al que está escuchando y conteniendo. No

luce impostado. Ni falso

Un fenómeno muy parecido al de Cobos.

Cobos y Ciurca no juegan a parecerse al mendocino de a pie. Son, aun en su función

pública, mendocinos de a pie. Así lo percibe la gente.

Porque no discursean. No sanatean. Y, en medio de los problemas, no salen del paso con

actitudes agresivas y malsonantes, con promesas incumplibles, de esas que abundan en la política.

Jaque, que alguna vez transitó por similares derroteros, debería recuperar la memoria. Esa memoria

que le borraron el poder y algunas malas influencias.

Mientras Jaque diga que no le importan las encuestas, seguirá alimentando la irritación

general. Es como decir que le importa un bledo la voz del pueblo porque él es un iluminado.

Mientras continúe creyendo que ha hecho una gestión fantástica, pero que sólo tiene problemas

de comunicación, seguirá andando por la banquina.

Mientras insista en recomponerse a través de la pelea y de la fractura, en lugar de

transmitir un espíritu de concordia, de negociación, de consenso sincero, no recuperará el afecto

de la mayoría, harta de seis años de país agrio y pendenciero.

Mientras se sienta solo, incomprendido, atacado, malquerido; mientras se victimice sin girar

hacia el donaire proactivo, optimista y diáfano que debe tener un conductor, habrá barro en torno a

su figura, oscuridad, efluvios negativos. Alguna conciencia de esto habrá influido para que, sobre

el cierre del año, Jaque instruyera a su monje negro, Alejandro Cazabán, a arreglar con el online

MDZ, luego de dos años de total divorcio.

El 28 de diciembre, el secretario de la Gobernación y Carlos Ponce, gerente general del

diario de los Terranova y de Raúl Moneta, pactaron una tregua. Habrá, parece ser, ahora sí, pauta

publicitaria en el digital. Enhorabuena El factor Ciurca puede ser, pues, una luz en el camino.

Carlitos, el ministro, no es un vidente, un mesías ni un marciano tocado por la varita

mágica.

Es apenas, un esforzado y sencillo muchacho, un militante peronista de base, lasherino hasta

la muerte, tocador del bombo en la Peatonal y primer bailarín en el pogo de la marchita.

Pero no ha perdido la mística. Ni el impulso solidario. Ni el buen humor indispensable para

esquivarle los lonjazos al Maligno. Ni el temple para pararse ante la gente sin tener que bajar la

vista.