Afondo Sábado, 4 de agosto de 2018

Amalia Díaz Guiñazú, figura nacional

La mendocina que brilló en la pantalla de El Siete hoy es la flamante conductora del noticiero de la medianoche de la Televisión Pública.

Moza, barwoman, promotora, secretaria y hasta asistente en una empresa de camiones de control satelital, todos estos trabajos y muchos más, como ella misma recuerda, realizó María Amalia Díaz Guiñazú para poder pagar sus estudios universitarios en la carrera de Comunicación Social. Y si bien fueron momentos de mucho sacrifico, hoy no hay duda de que el esfuerzo valió la pena.

Es que la joven que dio sus primeros pasos en los medios locales como locutora en radio Cooperativa, radio Nihuil, FM Ayer y que después conquistó a la audiencia mendocina con su participación como columnista de espectáculos en el noticiero de El Siete, es ahora la conductora oficial del Noticiero de la Medianoche de la Televisión Pública.

Noche tras noche, la mendocina es la encargada de informar las últimas noticias a los televidentes de todo el país, un merecido logro en su carrera como comunicadora que si bien se hizo esperar hoy la encuentra más preparada que nunca, demostrando su formación y preparación en cada emisión.

En una entrevista íntima y sin tapujos ni restricciones, la flamante conductora nos reveló secretos de su infancia, su lucha por la profesión, sus sueños, su relación con la fama y más.

-¿Siempre quisiste estar en la televisión?

-Sí, desde bastante chica, diría que desde que tengo uso de razón. En esa época estaban de moda las supermodelos, las tops como Cindy Crawford y Naomi Campbell y mi mamá pensaba que yo iba a ser igual. Yo, en cambio, veía a Marcelo Romanello en la tele y quería ser como él, me imaginaba castaña, con un rodete y delante de cámara. Me planteé estudiar profesorado de historia durante la secundaria pero finalmente mi vocación por la comunicación fue más fuerte. Me imaginaba con un micrófono en la calle, y recuerdo que un día vi un noticiero español con una conductora que a mí me encantaba, su estilo, su forma me hipnotizaron, ahí fue que dije se acabó, esto es lo que quiero hacer.

-¿Y tus padres?

-En un principio me decían que no me convenía, que eligiera otra carrera como abogacía, algo que tuviera más rédito económico. Empecé a estudiarla y duré solo un año, no sentía pasión. Una tarde, mientras caminábamos, mi mamá me paró y me dijo "¿quién te crees que es más feliz, el abogado de la esquina de casa o Marcelo Romanello?". Fue cuando no la dude más, me arriesgué y me inscribí en la carrera de Comunicación, decisión que aparte fue muy sacrificada ya que tuve que pagarme toda al carrera. Trabajé de todo: fui barman, moza, promotora, secretaria, y hasta trabajé en una empresa de camiones de control satelital. El último año le pedí a mi mamá que me ayudara, me tomé un años sabático y saqué 12 materias. Desde allí arranqué en los medios y no paré más.

-¿Cuándo fue la primera vez que estuviste en la TV?

-A los 13 años me hicieron un casting para un programa infantil de Laura Carbonari, allí fue donde hice mis primeras notas. Después pasó muchísimo tiempo hasta que terminé de estudiar. Hice un casting y quedé para radio Cooperativa. Estuve dos años, después me pasé a Radio 2 con un programa propio y finalmente llegué a El Siete en el 2010.

-¿Entraste directamente a la TV?

-Sí, me enteré tarde de que estaban haciendo un casting, por suerte llegué a hacerlo y quedé para un programa con Marcelo Ortiz. A su vez, estuve en varios programas de radios entre los que se destacó uno que compartí con Andrés Gabrielli, con quien hicimos una dupla muy divertida. Cuando se levanta el programa con Ortiz, hablé con uno de los gerentes y les propuse hacer una columna de espectáculos en el noticiero. Después también hice algunos remplazos, me quedé esperando la posibilidad de hacer la conducción del noticiero pero las ventanas aquí no se abrían hasta que llegó la posibilidad de Buenos Aires para trabajar en un programa de la Televisión Pública.

-¿Cómo llegó esa oportunidad?

-En octubre de 2016 se abre un programa federal para periodistas del interior para ir a conducir. Me vieron a mí por medio de un productor amigo y me llamaron para ir durante 15 días. Cuando terminé surgió la posibilidad de hacer los remplazos durante enero de 2017 para la conducción, lo hice y a las semanas me llamaron para ofrecerme la conducción del noticiero de la medianoche. Lo malo es que yo no quería cortar mi vínculo con Grupo América. Sin embargo, el Multimedios me apoyó 100%, sosteniéndome la mano en todo lo que va de esta etapa. Mientras en Mendoza no se me abría la puerta,en Buenos Aires, que es mucho más competitivo, pude largarme.

-¿Por qué crees que te eligieron a vos?

-Yo había estado en América con Paulo Vilouta, es decir ya había un antecedente de que los propios mendocinos me veían con más perfil para la televisión nacional. La TV Pública se dio en un momento en el que yo conjugaba experiencia, ductilidad, la cámara me quiere, porque lo cierto es que la cámara o te quiere o te odia, en mi caso me llevo bien con ella. Lo disfruto pero creo que lo más importante fue mi formación. Mi fortaleza por sobre los demás, mas allá de las características básicas como buena dicción o buena voz es tener frugalidad de vocabulario y cultura por una cuestión de preparación, de estudio. Diría que mi formación, mi seriedad, mi seguridad frente a las cámaras, y mi memoria son los aspectos que me han ayudado a destacarme aunque, por supuesto, me quedan miles de kilómetros luz por aprender.

-¿Te costó pasar de la TV local a la nacional?

-Las primeras veces no porque yo estaba como comentarista, si bien era sin casting previo y directamente salías a la cancha, no dependía de mí la conducción. En el noticiero, en cambio, sí, estaba muy nerviosa, sobre todo la primera semana. Es un formato en donde hay que estar muy concentrado, hay que tener mucha memoria, mucha rapidez. Mirtha Legrand siempre pide silencio en el estudio, yo soy igual, empiezo "chicos, por favor, todos callados". Es que debo estar concentrada al máximo, no puedo distraerme o decir una palabra por otra porque uno tiene que ser responsable, más si quiere informar con objetividad y sin ser tendencioso, como es mi caso, cosa que no es común en la TV actual.

-¿Cómo es la Amalia fuera de cámara?

-¡Qué difícil! No me gusta ser autorreferencial pero diría que valiente, comprometida, buena persona, demasiado sensible y demasiado exigente. Me parece que mi valor pasa por la honestidad y por la exigencia, a veces suelo ser jodida y demasiado intensa lo que muchas veces no es tan bueno. Tengo una vida que me obligó a exigirme para ser disciplinada pero no lo soy. Soy muy indisciplinada, soy lo más impuntual del mundo y me cuesta horrores llegar a tiempo por más que salga dos horas antes. Soy muy laburadora. Trabajar conmigo está bueno porque tengo códigos pero si tengo que decirte las cosas lo voy a hacer, siempre voy de frente.

-¿Te considerás famosa, una celebridad?

-No, para nada, la fama es humo, no existe, es solo venderle ansiedades a la gente. La fama no es reconocimiento, te genera vacuidad, soledad. Tampoco soy celebridad porque esta más relacionado con gente que genera tendencia, gente que tiene mucha exposición y se expone. Yo, en cambio, tengo exposición pero no me expongo. Odio mostrarme en las redes, puede que lo hago cuando es algo simpático, o por trabajo pero no para contar mi vida.

-¿Te gustaría hacer un programa como el de Susana Giménez o Mirtha Legrand?

-Depende hacia dónde evolucione. Uno tiene varias faceta. En la radio era divertida y en la tele tengo otra faceta porque en los medios siempre somos un poco actores. En programas como los de Susana hay un grado de histrionismo donde por más espontaneo que seas, perdés cercanía, perdés autenticidad, te volvés genérico para llegar a tanta gente.

-¿Volverías a la TV mendocina?

-Sí, por supuesto, es una materia pendiente. Ahora estoy despuntando el noticiero, pero quizás me gustaría hacer otras cosas, como el género documental o algo más formador. Siempre dije que cuando estuviera vieja iba a dejar la tele para que gente joven ocupara mi lugar, pero lo cierto es que estoy completamente enamorada.

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