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martes 23 de enero de 2018

A los 103 años murió el poeta chileno Nicanor Parra

El poeta, físico y matemático chileno Nicanor Parra, creador de la antipoesí­a y uno de los íconos mayores de la literatura hispanoamericana del siglo XX, falleció en la madrugada del martes a los 103 años en su casa del balneario de Las Cruces, en Chile.

Irreverente, singular y eterno candidato al Nobel, Parra construyó una sólida obra poética integrada por Cancioneros sin nombre (1937), La cueca larga (1958), Manifiesto (1963), Obra Gruesa y Ecopoemas (1982). Su consagración unánime llegó en 1954 con la publicación de Poemas y Antipoemas (1954), texto caracterizado por un enfoque narrativo, mayoritariamente en torno a un antihéroe y con un lenguaje coloquial en el que se destacan el humor y la ironí­a.

Con su centuria a cuestas, Parra había logrado desafiar la hipótesis del profesor estadounidense James Kaufman, quien en 2003 había publicado el ensayo The cost of the muse: poets die young, cuya hipótesis central es que los poetas mueren antes que los narradores, los ensayistas y los dramaturgos, porque la creación poética es un quehacer "rumiante" y quienes rumian "tienden a deprimirse", una patología que sumada a "las reseñas negativas, los premios fallidos, los crí­ticos desalmados, las antologí­as desdeñosas y los suplementos inaccesibles", vuelven más que probable la mortalidad temprana del poeta.

Casi nada de eso ocurrió con Nicanor, hermano mayor de una estirpe de creadores geniales -como la cantautora y artista Violeta Parra- y hasta ahora último sobreviviente de una generación de poetas chilenos integrada por Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Gonzalo Rojas.

"El poeta es un hombre como todos/un albañil que construye su muro: /un constructor de puertas y ventanas", escribió en un manifiesto que data de 1963, donde sentó las bases de su obra antipoética, basada en el habla cotidiana y a su vez permeable al humor y al absurdo.

Nicanor Segundo Parra Sandoval fue el mayor de nueve hermanos. Nacido en San Fabián de Alico, el 5 de septiembre de 1914, el hijo de un profesor primario y músico y de una modista, llegó con sus mejores credenciales a estudiar a Santiago, donde ingresó por una beca de la Liga de Estudiantes Pobres para estudiar Matemáticas y Fí­sica en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.

"Flaco de nacimiento / Aunque devoto de la buena mesa; / De mejillas escuálidas / Y de más bien abundantes orejas; ("¦) Ni muy listo ni tonto de remate / Fui lo que fui: una mezcla / De vinagre y de aceite de comer /¡Un embutido de ángel y bestia!", se autodefine en su poema Epitafio.

A mediados de los '90, el poeta se instaló en el balneario de Las Cruces, luego de veinte años de hacer clases de literatura a los alumnos de ingenierí­a en Universidad de Chile y desde entonces su residencia se convirtió en peregrinaje inevitable de escritores, polí­ticos, académicos y estudiantes como el escritor Roberto Bolaño, la ex presidenta Michelle Bachelet y el actual mandatario chileno Sebastián Piñera.

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