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domingo 08 de abril de 2018

Una ciudad ecociudadana cerca del desierto

Más que arena. En el norte del Sahara, Ksar Tafilelt, está inscripta en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Cuenta con cerca de 1.000 viviendas

Levantada hace 20 años sobre una colina rocosa de la región de Mzab, en el norte del Sáhara, Ksar Tafilelt es la primera ciudad "ecociudadana" de Argelia. Vanguardista y al mismo tiempo heredera de principios seculares.

A 600 km al sur de Argel, a las puertas del Sahara argelino, esta ciudad de 6.000 habitantes señorea Beni Isguen, el castillo más conocido del valle de Mzab, unos pueblos rodeados de murallas antiguas del norte de África en una región árida inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Se entra por una inmensa puerta de madera que da a un laberinto de callejuelas angostas que aportan sombra en verano y protegen de los vientos de arena.

"En Ksar Tafilelt, nadie debe ocultar a su vecino el sol y la luz", explica el fundador de la ciudad, Ahmed Nouh, un doctor en farmacia jubilado. Por eso ningún edificio de tejado plano supera los 7,6 metros de altura, es decir una planta.

La ciudad se erigió adaptando los principios de la arquitectura kasarí a las comodidades modernas. Cuenta con unas 1.000 casas compactas y de planta baja, tonos ocres y líneas blancas.

Los kasar ya se adaptaban a las altas temperaturas del clima sahariano y a un entorno escaso en recursos. Hace siglos que cumplen los criterios modernos de la ecoconstrucción: armonía con el medio ambiente, construcciones sostenibles y gestión de la energía, agua y desechos, así como el uso de materiales de aislamiento acústico y hasta térmico, que brindan frescura en verano y calor en invierno.

La idea de una urbe "ecociudadana" en Argelia surgió en los años 1990 como alternativa a las ciudades dormitorio de hormigón que se construyen en este país confrontado a una crisis de vivienda crónica.
El objetivo era aprovechar la arquitectura tradicional y los valores ancestrales mozabitos (un pueblo bereber) para concebir una ciudad capaz de suministrar viviendas asequibles y de preservar el ecosistema frágil de los palmerales y los oasis cercanos.

"Aquí lo ancestral se codea con lo moderno para lograr una ciudad ecológicamente viable", resume Ahmed Nouh.

Touiza y crédito al 0% de interés
El proyecto se lanzó en 1997. Junto con intelectuales, arquitectos y científicos mozabitos, Ahmed Nouh creó una fundación que ejerció de promotora y de organismo de crédito gratuito para los futuros propietarios. Por una suma módica, la Fundación Amidoul compró al Estado una colina rocosa de 22 hectáreas.

Personalidades mozabitas aportaron los primeros fondos, el Estado argelino apoyó el proyecto y los futuros residentes participaron en la concepción y en las obras en virtud de la "touiza", un sistema tradicional de solidaridad y ayuda mutua.

"Había que imaginarse, en 1997, vivir en una región árida, sobre una montaña roja. Había que apostar y apostamos", cuenta Zergoune El Bakir, de 54 años, uno de los primeros habitantes de esta ciudad concebida desde la nada.

Los cimientos reposan sobre los principios de la ecología sostenible.

Se prefirió la piedra, el yeso y la cal al hormigón, materiales disponibles localmente y muy baratos.
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