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domingo 20 de mayo de 2018

Un trabajo de hormiga en busca de amor y odio

Jorge Lanata, tan chirriante y desproporcionado como audaz e inteligente, vuelve hoy a un ámbito "que es peor que la guerra"

Jorge Lanata ha realizado durante décadas un trabajo de hormiga para asegurarse de que muchas personas lo odien a fin de lograr que otros muchos lo quieran.

El Gordo (a esta altura ése pareciera ser su otro nombre de pila) es mucho más que un periodista o un editor. Es un personaje argentino.

Es decir una persona que por sus cualidades o actitudes sobresale (para bien o para mal, según los gustos) en su actividad.

Chirriante y desproporcionado para algunos. Necesario y valiente para otros. Alguien para tener en cuenta y escuchar para los que escapan de los extremos.

El todoterreno
Tocado por la varita misteriosa de la televisión, a la que hoy vuelve con su clásico PTP (en Mendoza por El Siete a las 22.30), Lanata ha explotado en la TV ese arte tan difícil que es convertir las noticias y las investigaciones periodísticas en un show.

Algo que, por derecha, dejó esbozado hace varias décadas Bernardo Neustadt, aquel que tuvo su etapa de gloria con Carlos Menem.

Con el riojano, Neustadt jugaba a hacerle preguntas molestas para que el ex presidente le contestara con un: "Por Dios, Bernardo".

Lanata ha sobrevivido al medio televisivo a pesar de que más de una vez ha asegurado que "la televisión es peor que la guerra", en alusión a la profusión de egos desatados e intereses que suelen darse en ese ámbito.

A mi manera
El Gordo ha construido, sobre todo, un tipo de periodista de TV no muy común en la Argentina: el de un liberal al estilo de los demócratas progres de los Estados Unidos.

Un liberal que hace foco en que las virtudes del liberalismo van mucho más allá de lo económico.

Un liberal en lo político. Alguien que defiende a ultranza la división de poderes. Las libertades públicas y de conciencia. La periodicidad en los cargos políticos. La libertad de prensa. El derecho sagrado a la privacidad. La obligación de transparentar todos los actos de gobierno.

Un liberal que sabe que al Estado hay que ponerle frenos pero que también los deben tener los poderosos de la economía. Un Estado que sabe que los más desprotegidos no pueden quedar librados solo a lo que marque el mercado.

Un bon vivant
Cuando alguna vez en el futuro se investigue sobre la caída del peronismo como cultura política central de la Argentina, Lanata figurará sin duda entre los que estuvieron con pala y pico en esa deconstrucción.

Desde la pantalla ha suplido con su inteligencia (y, claro, ropajes de dandy otoñal, con tiradores, sacos de colores y moños) el no tener un porte demasiado agraciado.

Le ha ganado en rating nada menos que a Susana Giménez.

Y a los almuerzos de Mirtha Legrand acude como único invitado, como si fuera el presidente de la Nación o una celebridad internacional.

Posee una lengua filosa y no le escapa a la pelea. En los últimos tiempos se ha enfrentado a la corrección política.

No ha tenido empacho en discutirle al feminismo alguno de sus excesos. Y a los actores y actrices kirchneristas, el empeño en desconocer la corrupción de la década ganada.

Al borde de la misoginia
Cuando en lo de Mirtha una actriz consagrada como Inés Estévez alabó la "violencia de los oprimidos", Lanata la criticó diciendo que era una "snob del Barrio Norte que nunca había jugado ni con un revólver de cebita".

Y cuando la actriz Paola Barrientos cuestionó las críticas de Lanata a los kirchneristas, el Gordo le espetó algo así como: qué te haces la revolucionaria, si has construido tu éxito defendiendo las acciones de un banco en publicidades de TV.

Su investigación sobre cómo el matrimonio presidencial de Néstor y Cristina se hizo multimillonario (La ruta del dinero K) es la que obligó a la Justicia a dejar de hacer la vista gorda. Y ya se estudia en universidades de los países centrales.

Duro con los '70
Si alguna vez desde su izquierdismo inicial pudo tener algún nivel de comprensión sobre la violencia de los años '70 en la Argentina, rápidamente esa visión fue cambiando hacia una áspera y fulminante disección de esa década terrible de montoneros, erpianos, Triple A y represión estatal.

Crear y volar
Desde muy joven fue el alma máter de productos periodísticos gráficos.

Creó y dirigió los diarios Página/12 y Crítica de la Argentina y de la revistas Veintiuno y Página/30. En El Porteño fue secretario de Redacción.

Algunos de estos proyectos fueron exitosos y otros fracasaron, pero nunca estuvo demasiado tiempo en ninguno. En el entretiempo fue columnista en varios diarios latinoamericanos y de EE.UU.

Su actuación en las radios también fue prolífica. Pasó de la Rock & Pop hasta Mitre, donde hoy es dueño del rating de la segunda mañana.

En un lapso en que se cansó de la gráfica, y acuciado por deudas que le dejaron algunos de sus proyectos, se dedicó a escribir libros sobre historia argentina que fueron todos best seller. Años antes había escrito novelas y libros de cuentos y relatos.

Con esas regalías, aseguró, pagó todas sus deudas y eso le permitió por ejemplo, decir lo que pensaba durante el kirchnerismo sin que la AFIP de Néstor y de Cristina pudiera decir ni mu sobre su legajo.

Hacer la América
En televisión, su primer gran éxito fue Día D, por América TV, con el que obtuvo tres Martín Fierro, y fue su gran escuela televisiva.

Allí trabajó con personajes con los que luego se distanció en medio de polémicas ideológicas, como el Perro Verbitsky y Adrián Paenza.

Hizo ciclos de investigación periodística para la CNN y el canal Infinito. Pero su entrada de nuevo al éxito en TV fue el 15 de abril de 2012 cuando se vio el primer programa de Periodismo para todos (PPT).
Controvertido. Áspero. Malhablado. Odiado. Despreciado. Vilipendiado. Sospechado.

Emprendedor, hacedor, lanzado, zafado, avispado, inteligente, audaz.

No ha tenido problemas en reconocer su etapa con las drogas, sus variadas parejas, sus problemas de salud que incluyen un trasplante, y el delicado equilibrio en su relación con el Grupo Clarín.

Su historia, claro, es mucho más que estas pinceladas. Véalo hoy.
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