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domingo 20 de mayo de 2018

Un servidor que no es ministro pero con tanto poder como si lo fuera

El sanrafaelino y dirigente radical fundador de Cambiemos regresó a la mesa chica de Mauricio Macri para aportar de nuevo la pizca política que la gestión nacional necesita para salir a flote

Si nos remitiéramos al origen de la palabra "ministro", que deriva del latín minister, nos encontraríamos con que hace referencia a un servidor, a un subordinado o a un mediador. ¿Y cuál es la diferencia entre los que son elegidos como tales para dirigir una cartera dentro de una gestión de gobierno en particular y Ernesto Sanz? Que los primeros forman parte de un equipo de gabinete y que no siempre tienen acceso a la mesa chica donde el Presidente decide lo más importante para un país. En cambio, el mendocino, sí.

Ya lo dijera el mismo Sanz varias veces, al frente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, al que presidió en varias oportunidades, y en momentos claves para la política argentina: "Yo soy ministro, ustedes no lo ven, pero soy ministro del radicalismo, administro poder en un partido con representación en todas las provincias y más de 100 años de historia".

El que sí lo sigue viendo, y aprovechando, es sin dudas el presidente Mauricio Macri, que sin darle el título –aunque le tenía designado el de ministro de Justicia y Sanz declinó– volvió a ponerle al dirigente radical una sillita para sentarlo al lado en uno de los eventos que más condicionan el futuro del país. No es ni multitudinario, ni abierto, ni protocolar. En la Quinta de Olivos, un mediodía después de una de las corridas cambiarias más preocupantes de los últimos años, en plena negociación con el FMI y en una mesa a la que también se sientan Rogelio Frigerio, Emilio Monzó y Gerardo Morales, se almuerza tomando nota de cómo sería el rumbo político y económico del país.

Sin dudas, y tomando como antecedente que Sanz fue uno de los socios fundadores de Cambiemos, gracias a la coalición con Elisa Carrió y el mismísimo Macri, al sanrafaelino no le hace falta ser designado ministro en papeles o en lo formal para ser un servidor.

A pesar de haber dejado de ir a la Casa Rosada poco antes de las elecciones de 2017, luego de que anunciara retirarse momentáneamente de la política, vuelve a servir. Y "servir" significa ser útil o a propósito para un determinado fin. Nada más ni nada menos.

El que ocupa la sillita clave para sentarse a la mesa con el Presidente nació el 9 de diciembre de 1956 en San Rafael y fue bautizado como Ernesto en honor a Ernesto Lasatti, el 5 de Boca Juniors por ese entonces, al que admiraba su padre.

Su progenitor no sólo influyó en la elección del nombre sino, quizás también, en la ideología política suya, ya que no era un militante del radicalismo acérrimo pero simpatizaba con Arturo Frondizi.

Desde joven, Ernesto se iría topando en su camino con eventos trascendentes para la historia política del país. De hecho, fue el 24 de marzo de 1976 cuando el sanrafaelino tuvo que darle su DNI a un miembro del Ejército, en vez de a un rector, para mostrar su documentación y que le permitieran cursar su primer día de clases en la carrera de Derecho de la Universidad Nacional del Litoral, donde más tarde se recibió.

En varias entrevistas él mismo detalló que la política se vivía por abajo, y que a pesar de que no existiera para entonces como tal la Franja Morada, empezaba a forjarse de forma virtual.

De esa misma universidad egresó en 1981, año en el que empezó a actuar como abogado, profesión que continúa ejerciendo al punto de que su estudio hoy es uno de los más importantes del Sur provincial, donde se tratan todas las ramas del derecho y con clientes de compañías de seguros, de vitivinicultura, fruticultura y de grandes empresas.

Al perfil político fue desarrollándolo a la par de sus estudios universitarios, y no sólo con el pensamiento y la reflexión, sino organizándose con otros y empezando a militar en el territorio. Tanto es así que, en 1983, con la vuelta de la democracia, él era ya designado presidente de la Juventud Radical sanrafaelina y a su vez se desempeñaba como asesor ad honórem del gobernador Santiago Felipe Llaver.

De ahí en más no paró de "hacer política", mientras construía en lo íntimo una familia con la nutricionista Cristina Bessone, también oriunda de San Rafael, con quien tuvo como hijos a Fernando y a Laura, que son los padres de Teo y Sol, respectivamente.

En la UCR de San Rafael, la Juventud Radical le empezó a quedar chica y así llegó a ser presidente del partido en general durante varios mandatos no consecutivos durante la década del '90. A su vez, ya participaba en el Comité Nacional, adonde llegó a fines de los '80 como delegado juvenil y donde después alcanzó a estar detrás del atril como presidente, ratificado en ese cargo en más de una oportunidad.

De hecho, fue al frente de los radicales en la convención del 14 de marzo de 2015 en Gualeguaychú, Entre Ríos, donde Ernesto Sanz propuso frente a la idea del también mendocino Julio Cobos de que la Unión Cívica Radical liderase una amplia coalición opositora al kirchnerismo para las elecciones presidenciales del 25 de octubre, que incluyera a la Coalición Cívica ARI, que lideraba Elisa Carrió, y la Propuesta Republicana (PRO) de Macri, la fórmula que ganó.

Fue crítico también de esos congresos hasta llegar a decir que son estériles y que sirven sólo para hacer catarsis y donde la UCR acudía, según él, para hacer terapia en sus etapas más "llorosas".

Pero para poder llegar a tener ese poder entre los correligionarios no actuó sólo desde las sombras armando estrategias políticas, puertas adentro de los comités, sino que ocupó cargos públicos en donde fue mostrando que su perfil político no sólo era el de operador sino también el de administrador.
En 1993 fue elegido senador provincial, hasta 1999, cuando fue asumió como intendente de San Rafael, mandato que terminó en 2003, cuando se consagró por primera vez senador nacional por Mendoza. En esa banca, crucial también para decidir el rumbo de un país, volvió a sentarse en 2009.

Con esa trayectoria apuntada en el currículum político y con hambre de que el radicalismo le hiciera frente al kirchnerismo en 2015, desistió de la oferta de Macri para ser vicepresidente y fue a internas con el PRO y la CC-ARI de Elisa Carrió para ser presidente. Para entonces, el economista e historiador Lucas Llach fue como su candidato a vice.

En las primarias fue derrotado tras cosechar el 3,4% de los votos. Pero bajo el lema "El poder de la Unión", armó el rompecabezas de la Unión Cívica Radical a pesar de algunas piezas rebeldes y no encastrando tan prolijamente para que fuera detrás de la candidatura de Mauricio Macri.

Así, fundó también Cambiemos, y le dio el aval de gran parte de los correligionarios al Presidente, con quien decía para ese entonces estar identificado, pero no tanto desde lo ideológico, por considerarlo liberal. Sanz se autoproclama en público socialdemócrata.

Ahora vuelve Ernesto a enfilarse detrás de Macri, después de que el mendocino se diera el gusto –y con bastante sabor amargo– de dar una suerte de portazo silencioso en 2017, esgrimiendo entre otras razones la siguiente: "Soy un hombre que actúa en política y no un político que en sus ratos libres se acuerda que hay 'algo más' fuera de la política. Pasa que eso, tan obvio, queda distorsionado por la realidad durante muchos años. He decidido recuperar el espacio de hombre, que es el espacio de mis amores, de mi lugar en el mundo y también el espacio de sueños de vida que fui postergando mucho tiempo y que ha llegado la hora de concretar".

Y si el currículum político pesa y habla, los antecedentes también. Y se sabe ya a ciencia cierta, aunque la política sea una ciencia más social que específica, que después de sentarse en la sillita reservada para la mesa chica, la función ministerial de Sanz está nuevamente en marcha y hay que esperar para saber cuál será su rol y para qué.
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