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domingo 17 de diciembre de 2017

Un mendocina que es furor en el mercado del arte internacional

Florencia Aise Di Paola es una artista plástica con un gran talento y que explone en galerías de Miami, Buenos Aires y Mendoza

Para desarrollar un talento no hay un camino más directo que el tesón, el trabajo arduo y la constancia. Esa meticulosidad, que el común de la gente no asocia con el espíritu artístico, que parecería ser más caótico y sin red, en el caso de Florencia Aise Di Paola, artista plástica mendocina cuya obra hace furor en el mercado internacional, es la clave de su exitosa producción. "Todo lo que empiezo lo termino", "trabajo todos los días en el atelier desde las 8 de la mañana y hasta que voy a buscar a mis hijas a la escuela", y "no puedo estar sin hacer algo artístico, es mi principal forma de expresión", fueron frases que Florencia dijo en distintos pasajes de esta entrevista que Diario UNO le hizo en su atelier, un sitio diáfano y cálido a la vez, que refleja su forma de ser.

La artista, que expone en forma permanente en galerías de Mendoza, Buenos Aires y Miami, acaba de participar en el megaevento que se realiza en la ciudad estadounidense, del que forman parte los más destacados nombres de las artes plásticas a nivel mundial.

–¿Cómo es tu jornada de trabajo?
–Trabajo todos los días de 8.30 a 16, cuando dejo a mis hijas en la escuela. Y en vacaciones, dependiendo de las actividades de ellas. Si nos vamos a Estados Unidos, también trabajo allá mediodía.

–¿Tenés un atelier en Miami?
–Tenemos un departamento alquilado hace varios años, que es como si fuera nuestro. Yo tengo mis cosas y pinto allá, en la galería o murales que me piden.

–¿Tu obra se exhibe en forma permanente en esa ciudad?
–Mi trabajo se exhibe en la galería de arte Wynwood 28 junto con otros grandes nombres de la pintura local, como Natalia Sánchez Valdemoros, Enrique Testasecca y Juan Del Balso.
Antes exponía en esta y en otra galería, pero no pude seguir porque mi ritmo de vida y la logística que implicaba no se compatibilizan con el trabajo que insume ser parte de estos circuitos. No sólo es tiempo sino complicaciones de traslado de la obra, por ejemplo.

–¿Recordás cómo empezaste a pintar?
–Yo he pintado toda la vida. Cuando era muy chiquita, en lugar de pedirle muñecas a Papá Noel le pedía una caja de colores o un pincel.
En la primaria me hacía stickers, dibujaba a los personajes famosos del momento (Snoopy, Mafalda) y los vendía. Hasta que me agarraron en la escuela haciendo eso (Se ríe).

–¿Comenzaste, entonces, como un juego?
–Siempre pinté. Íbamos a la montaña, a Potrerillos, y me llevaba mis papeles y mis colores, sino no tenía sentido ir, sino iba a pintar la montaña mientras iba en el auto. Era como algo natural en mí. Llegaba del colegio y, como era muy buena alumna, no tenía tareas para hacer en casa, entonces llegaba directamente a dibujar. Les hacía las carátulas a las nenas más chiquitas de la escuela.

–¿ Cómo se desarrolló tu carrera?
–Soy diseñadora gráfica recibida en la UNCuyo. En tercer año quedé embarazada de mi hija mayor y dije "tengo que mantener a esta niña", entonces empecé a exponer y a vender.

–¿Seguiste estudiando diseño?
–Seguí. Mi mamá me decía "largá Diseño y ponete a estudiar Arte", pero no tenía una imagen de artista que pueda vivir de su arte. Pero ahí lo conocí a (Sergio) Roggerone y vi que se podía vivir del arte.

–¿Dónde lo conociste?
–Fuera de la facultad. Mi mamá conocía su obra y lo llamó para ver si me podía dar clases. Empecé a tomar un par de clases con él, y después pasé a ser su asistente. Empecé a vender mis obras, como te decía, cuando me quedé embarazada de Santina (es su hija mayor, que hoy tiene 13 años)
Terminé diseño y ya era madre. Me dediqué a pintar y seguí hasta ahora.

–¿Ya te habías casado?
–Cuando terminé la facultad, me casé con quien hoy es mi marido, y tuvimos a mi hija más chica, María Jesús (7). El tiene una hija, Luján (11). Tenemos una familia ensamblada, porque es la mía, la de él y la nuestra. Mi familia es mi prioridad en la vida.

–¿Alguna vez tuviste un momento de esos en los que no te sale nada?
–Sí, tengo esos momentos. Esos espacios en blanco, pero nunca puedo parar de hacer algo. Entonces, cuando no estoy pintando un cuadro, intervengo ropa, pinto jeans o la pared de mi casa.

–Es tu lenguaje natural...
–Sí. Me voy de viaje, y aunque no me lleve las pinturas, necesito expresarme a través de lo que hago. Por ahí me llevo un jean y unas cositas para ponerle al jean, si tengo algún momento. El arte es mi cable a tierra. Es lo que me hace ser yo.

–Hiciste un circuito de venta de tu obra...
–Estoy en las galerías Mendoza-Santángelo y Arte Piazza-; otra en Buenos Aires (Zurbarán) y la que te mencioné en Estados Unidos. También tengo un art dealer que me mueve la obra acá y en Estados Unidos.

–¿Tenés mucha demanda de trabajo?
–Sí, pero todos saben que mi prioridad es ser madre, entonces me preguntan, ¿llegás a una muestra –por ejemplo– en setiembre? Me avisan con mucho tiempo de anticipación. Como todas las muestras tienen sus condiciones –piden cierta cantidad de obras, tamaños, temáticas– no me puedo atar tanto a eso hoy que mis hijas son chicas. Me han ofrecido exponer en Taiwán, en Mónaco, pero es difícil con niñas tan pequeñas tomar ese camino.

–¿En qué lugares del mundo has expuesto tu obra?
–En Italia, Nueva York, en Chile, y por supuesto en el país.

–¿Qué te aporta exponer?
–La obra se va valorizando porque la ven curadores, galeristas, que te van potenciando el valor. Esto también te lo dan los premios y los reconocimientos.

–Si tuvieras que definir tu obra, ¿cómo lo harías?
–La verdad es que mi obra es multitemática y multifacética. Hago realismo, hiperrealismo, collage, intervengo ropa. Algunas personas me dicen que tengo que irme por un solo camino, pero es como que necesito descargar de diferentes maneras. Una parte de mi obra es abstracta.

–¿Intervenís ropa por gusto o porque es parte de tu obra?
–Es parte de mi forma de expresarme, me divierte, me encanta hacerlo. Este año intervine una serie de jeans de gente que quería seguir usándolos, pero que ya estaban muy gastados y yo los pinté. Muchas veces intervengo mi propia ropa porque no encuentro cosas diferentes y me gusten en el mercado.

–¿Seguís estudiando?
–Todos los días leo una página de arte mundial, como el requisito del día, sí o sí. Qué está pasando en el arte a nivel mundial. En las vacaciones leo libros de mercado del arte, o de algún artista, o de los 30 mejores artistas del mundo. Siempre me estoy informando. Cuando mis hijas sean más grandes y tenga más tiempo, me pondré a estudiar historia del arte, como carrera. Que es algo que siempre he querido hacer.

–En cuanto a la técnica, ¿tenés o has tenido maestros?
–Yo soy bastante autodidacta. Con Roggerone aprendí que se puede vivir del arte. Y de cada artista que conozco tomo alguna idea, algún consejo. Pero he aprendido casi todo por mi cuenta.

–¿La universidad te aportó o te quitó creatividad?
–Soy diseñadora gráfica, y en lo que se nota es en la variedad de técnicas, cuando hago collage, por ejemplo. Pero nunca me limitó porque no me dediqué a eso. Me aportó algunas cosas, como el uso de los colores, el equilibrio. Sólo hice etiquetas de vino a pedido, y algunas caligrafías para empresas. Pero siempre me dediqué a pintar, esa es mi base.
–¿Tenés alguna asignatura pendiente con respecto al arte, como por ejemplo aprender escultura?
–Me llama mucho la atención la tridimensionalidad. Nunca he hecho escultura, me intriga muchísimo, pero sí me gustaría. La tridimensión la expreso mucho en los collages. Esa es una asignatura pendiente, además de querer aprender otro idioma e historia del arte.

–¿Tus hijas tienen inclinación por lo artístico?
–Directamente no, pero son muy creativas, creo que esto lo tienen en forma intrínseca. Es una forma de expresarse, son muy voladas las dos.
Ellas son mi principal inspiración. De hecho, los cuadros que he hecho de mis hijas son los más requeridos y lo que más difundido de mi obra en el mundo.
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