A Fondo Domingo, 14 de octubre de 2018

Stamateas: "Una perspectiva diferente"

Bernardo Stamateas

bernardoresponde@gmail.com

Los rompecabezas tienen, por lo general, muchas piezas que se deben ensamblar para obtener un cuadro final. Para ello, se requiere de una gran paciencia, pues hay que colocar pieza por pieza. Pero al concluir, uno tiene la satisfacción de haber alcanzado el objetivo de armarlo.

De igual modo, los seres humanos deberíamos armar correctamente nuestra historia. A través de los años, a todos nos suceden cientos de hechos. Por ejemplo, cuando ensamblamos "la historia de nuestra infancia", solemos considerar los acontecimientos más importantes que enlazamos con un significado. Todo lo demás lo dejamos de lado.

Esto demuestra que nuestra perspectiva de lo que sucede no es la realidad tal como es, sino más bien como nosotros creemos que es. Esto sucede porque nuestra percepción (la manera en la que interpretamos los hechos) es selectiva. Escogemos la parte de la realidad que más nos gusta e ignoramos las otras. Es así como nos convertimos en "constructores de historias" que nos contamos a nosotros mismos y compartimos con los demás.

Nuestras vivencias tienen un principio, un desarrollo y un final. Si estamos mal, nuestro relato será negativo; si estamos bien, incluiremos tanto las partes positivas como las negativas, colocando estas últimas debajo de las que preferimos conservar en la memoria. Bien podríamos comparar la vida con un rompecabezas: con piezas de diversos colores, algunas lindas y otras no tanto. Es uno mismo quien debe ir construyéndolo a diario, sabiendo con claridad cuál es el cuadro final al que aspira.

Nadie puede llegar a un objetivo, si no sabe a dónde se está dirigiendo. ¿Sabés adónde querés ir en la vida? Si lo tenés claro, te será más sencillo elegir el mejor camino. Todos cometemos errores y hacemos cosas de las que, con el tiempo, nos arrepentimos. Tal vez porque no invertimos suficiente tiempo o no prestamos atención a aquello que de verdad es importante. Pero nunca es tarde para cambiar y comenzar a escribir una nueva historia. Nadie, por mala que sea su situación actual, está terminado. Todos tenemos siempre la posibilidad de reconstruirnos.

Es un hecho que todos aprendemos y vamos cambiando con los años. Por ejemplo, de chicos nuestra ortografía era mala pero de grandes, ya no lo es. La razón es que ya no somos criaturas, ya no pensamos ni nos comportamos como lo hacíamos en la niñez. Y al ir armando el rompecabezas que es nuestra vida, todos tenemos algunas piezas más difíciles que otras. ¿Qué deberíamos hacer con ellas? Simplemente aceptarlas porque son parte de nosotros. Con el paso del tiempo, vamos agotando todo el dolor experimentado y este acaba por transformarse junto con nosotros.

Ciertas piezas parecería que no encajan en ninguna parte y no conseguimos darles un sentido. Son esas situaciones en las que nos preguntamos: "¿Por qué me pasó o me pasa esto?". ¿Qué hacer en estos casos? Dejarlas a un lado y seguir avanzando con otras. Tarde o temprano, también van a encajar. La vida siempre nos ofrece nuevas piezas que, al colocarlas junto a las otras, nos permiten entender esos porqués y tener una perspectiva diferente de los acontecimientos.

Ser despedido de un empleo, perder a un ser querido por una enfermedad o un accidente, separase de la pareja después de años, etc., son todas piezas dolorosas. Pero aun esas, colocadas junto a otras más amables, pueden cobrar un sentido que jamás pensamos que tenían antes. El rompecabezas de la vida no tiene límites; siempre tenemos la oportunidad de continuar construyéndolo.

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