A Fondo Domingo, 9 de septiembre de 2018

Stamateas: "Hablemos de frustración"

Bernardo Stamateas

bernardoresponde@gmail.com

Todos, en algún momento, podemos sentirnos frustrados por uno u otro motivo. Por lo general cuando deseamos alcanzar algo, ya sea en las finanzas, en el estudio o en nuestras relaciones interpersonales, y no lo logramos, experimentamos frustración. Sentimos que todo se derrumba y perdemos la esperanza de que algo alguna vez cambie.

¿En qué consiste la frustración?

Es una mezcla de sentimientos de decepción y fracaso frente a un deseo que no fue cumplido o una necesidad que no fue satisfecha.

La razón para ello es que los seres humanos fuimos diseñados con el anhelo, incluso desde la infancia, de superarnos a través del logro de metas y objetivos. Es decir, que el deseo de ver nuestros sueños convertidos en realidad es parte de nuestra naturaleza. Por eso nos frustramos.

¿Qué emociones aparecen cuando no podemos ver un deseo muy intenso cumplido?

Básicamente surgen dos emociones opuestas que nos ayudan a procesar la frustración y no deberían evitarse sino ser sentidas hasta agotarlas: el enojo y la tristeza.

Actualmente vemos a muchas personas expresar su enojo por medio de la violencia y en la mayoría de los casos tal actitud es el resultado de una frustración no reconocida y reprimida. Detrás de alguien enojado por lo general hay un ser humano frustrado. Pero tal vez lo peor que podría sucedernos es que la frustración nos transforme en personas resentidas. Esto es algo muy común también por estos días y somos testigos de quienes incluso llegan a odiar a otros y a odiarse a sí mismos, todo lo cual deriva en una actitud agresiva permanente.

Por el otro lado, hay quienes reaccionan ante la frustración que sienten entristeciéndose y resignándose a lo que les sucede. La tristeza, casi siempre, nos conduce a la melancolía, al retraimiento y a la soledad.

Seguramente habrás escuchado a alguien resignado, frente a la situación negativa que vive, expresar: "Y bueno, es lo que me tocó en suerte". Pensar de esa manera y resignarse a lo que es solo nos hunde más en el sufrimiento emocional y no nos permite ver las muchas opciones que todos tenemos a nuestra disposición para introducir cambios positivos en nuestra vida.

¿De dónde surge la frustración permanente que tantos parecen experimentar?

Cuando alguien que no logra lo que quiere se enoja (porque en el fondo está frustrado) se suele decir que tiene "cero tolerancia". Es una persona intolerante y eso se ha vuelto su estilo de vida. Por lo general se trata de alguien que de chico fue sobreprotegido por sus padres. Son esos niños que lloran y al instante les dan lo que desean para que se callen. Como padres, necesitamos saber que concederles a nuestros hijos "todas" sus demandas, sin espera ni esfuerzo de su parte, los convierte en seres humanos que crecen sin frustraciones.

Como consecuencia, de grandes podrán comportarse de la misma forma y tendrán cero tolerancia a los "no" que la vida les presente. Andarán por la vida como adultos caprichosos que se quejan de todo y de todos. Lo opuesto de esta actitud es aquel que no soporta la frustración porque en su niñez vivió muchas carencias y todo el tiempo le decían que no. Quien nunca recibió nada de chico, de grande tendrá dificultades para tolerar la frustración.

La frustración es parte de la vida y lo ideal es aprender a manejarla porque La mayoría de las personas no pueden tener siempre todo lo que quieren. Pero a pesar de las desilusiones de la vida, nada podrá jamás cancelar nuestro potencial interior y alejarnos de nuestros sueños.

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