A Fondo Domingo, 25 de noviembre de 2018

Stamateas: "Atravesando el dolor"

Bernardo Stamateasbernardoresponde@gmail.com

Frente a una pérdida, ya sea que se trate de la partida de un ser querido, de una separación o de una etapa que se termina, se activa el proceso conocido como "duelo". En la mayoría de los casos, se trata de un proceso difícil que provoca dolor emocional donde uno necesita aprender una nueva forma de funcionar y de relacionarse. La ausencia exterior es lo que genera en nosotros un sufrimiento que debemos atravesar.

Por lo general, las cosas más importantes y significativas de la vida son aquellas que nos producen dolor cuando las perdemos. Te invito a analizar a continuación algunos de los mitos más comunes sobre el dolor:

El dolor es un problema que tengo que resolver. Falso.

El dolor no es problema sino una emoción que tenemos que darnos permiso de sentir. Debido a esta creencia errónea, muchos le aconsejan a quien atraviesa un duelo: "Salí y distraete". Nunca deberíamos buscar aliviar el dolor del otro. Lo mejor es acompañar silenciosamente y permitir que la persona agote el dolor sin reprimirlo ni taparlo. Esta es una manera sana de atravesar el dolor.

El dolor es una etapa que tarde o temprano voy a superar. Falso.

El dolor no es una etapa más, ni un pozo en el que caemos, ni un túnel por el que pasamos. Es una emoción que se va transformando con el tiempo y nos transforma a nosotros. El dolor no tiene que ser superado sino expresado (de la forma que la persona escoja) y gastado por completo. Solo así el doliente logra seguir adelante con su vida. Dicho proceso no tiene un tiempo específico, pues cada uno lo transita a su propio ritmo.

Al encontrarle una respuesta a mi dolor, dejaré de sentirlo. Falso.

Es inevitable cuando sucede algo negativo que nos provoca dolor, preguntarnos: "¿Por qué pasó esto?". Pero lo cierto es que el sufrimiento no tiene respuesta. Como dijimos, la única opción sana que tenemos es sentir la incomodidad que surge en nosotros, todo el tiempo que sea necesario, hasta agotarla.

El dolor emocional es una parte inevitable de la vida, cuando tenemos una pérdida. Intentar evitarlo sería como pretender no sentir dolor físico por un golpe o una quemadura. No deberíamos hacer nada, solo dejar que aparezca y estar dispuestos a observarlo, incluso a abrazarlo, sin cuestionamientos. Y si bien se trata de una vivencia universal que no podemos evitar, sí tenemos la opción de elegir sufrir o no. El dolor no es opcional; el sufrimiento, sí. El dolor es lo que uno siente; el sufrimiento es la manera en la que uno interpreta y reacciona a esa situación que le provocó dolor.

Cuando elegimos luchar en contra del dolor, es que este se convierte en sufrimiento.

Entonces, ¿qué podemos hacer frente al dolor?

Fundamentalmente, ser bueno con uno mismo. Tratarnos bien, sin autocríticas ni autorreproches. Cada dolor es único y no podemos pretender que los demás nos entiendan por completo porque es "nuestro" camino. En ocasiones, tiene lugar lo que se denomina "pérdida liberadora" donde junto con el dolor viene el alivio. Es importante permitirnos sentir todas las emociones que son parte del proceso del duelo.

También es bueno reconocer las semillas que lo que perdimos nos dejó. Es decir, la huella que permanece en nosotros y nos ayuda a crecer y avanzar. Una pérdida, por dura que sea, siempre nos deja alguna enseñanza y nos transforma. Sin reprimir el dolor, atrevámonos a ver lo que queda y todavía sigue aquí con nosotros y colabora a que seamos mejores personas e, incluso, a que podamos ayudar a otros que atraviesan una situación similar.

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