A Fondo Domingo, 4 de marzo de 2018

Solo los valientes llegan a la meta

La columna de Stamateas

Bernardo Stamateasbernardoresponde@gmail.comTodos los seres humanos tenemos en común el objetivo de ver nuestros sueños convertirse en realidad. Ahora, cuando alguno de ellos no se cumple, aparece invariablemente el sentimiento de frustración. Cuando la meta de nuestra vida es, por ejemplo, formar una familia, o tener la casa propia, o ser exitoso en un determinado ámbito, y esto no se concreta en el tiempo que esperábamos, pasaremos por alguna de estas dos clases de reacciones:IraEsta nos puede conducir a maltratarnos o maltratar a otros. Del enojo a la violencia, hay solo un paso. Pero lo cierto es que detrás de toda persona enojada o violenta, se esconde alguien frustrado. Podemos sentir ira hacia nosotros mismos, hacia otros o hacia la vida en general.TristezaEs lo opuesto de la ira. Quien está triste experimenta melancolía y resignación y expresa: "Esto es lo que me tocó vivir y no puedo hacer nada al respecto". Es así como la persona empieza a aislarse cada vez más y corre el peligro de caer en depresión. Lo que necesitamos tener claro es que, muchas veces, no logramos una meta que nos hemos propuesto por estas dos razones: 1. CulpaAun sin obstáculos en el camino, algunos no llegan a la meta. La razón es que sienten culpa y se frustran. Como resultado, de modo consciente o inconsciente, se autoboicotean todo lo bueno que les sucede. ¿Por qué ocurre esto? Porque no nos permitimos fracasar y nos negamos a aceptar la frustración. Entonces, frente a ella, nos enojamos o nos deprimimos. En realidad, aquel que vive con culpa tiene la creencia de que no es merecedor de lograr cosas buenas y disfrutarlas.Insistir en lo que no nos da resultadoA veces intentamos algo una y otra vez pero no lo conseguimos. Hacer reiteradamente algo que está probado que no funciona solo nos puede llevar a tener los mismos resultados negativos, sin que nada cambie alguna vez.Cuando cometemos un error, lo ideal es revisar en nuestra mente la situación vivida para establecer dónde nos equivocamos. Solo así podremos aprender del error y cambiar los resultados. El problema no es equivocarse, sino no tomarnos el tiempo necesario para aprender de lo que hicimos mal y que en el futuro no vuelva a suceder.Un ejemplo de esto son esas personas que le prestan plata a alguien y son estafadas. Con el tiempo, y a pesar del disgusto que sufrieron, vuelven a prestarle dinero a otra persona... ¡con las mismas características! ¿Por qué? Porque a pesar de la situación que vivieron, nunca pudieron ver dónde estaba su falla y, como resultado, no aprendieron del error cometido.No deberíamos sentirnos mal, ni castigarnos, por cometer un error, ya que este puede convertirse en una fuente de crecimiento. Solo necesitamos llevar a cabo una revisión correctiva y sacarle el máximo provecho para que, la próxima vez, todo nos salga bien. Las personas que llegan a la meta y logran todo lo que se proponen no son aquellas que nunca se equivocan. Sino aquellas que tienen la valentía suficiente como para esforzarse y trabajar incansablemente en pos de sus sueños, a pesar de haberse equivocado en más de una ocasión. No se trata de seres perfectos sino aquellos que, con su propósito de vida muy claro, han incluido en su vida la mejora progresiva y continua, la cual tarde o temprano los ubica en la cima.