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domingo 12 de noviembre de 2017

"Si un hijo deseado te deja así, un hijo no deseado es inviable"

Cuando una se ve atravesada por la maternidad, no hay profesión, curso de posgrado, estudio antropológico o psicoterapia que alcance: cada una vive la experiencia a su manera. Las mujeres hemos evolucionado al punto de ya no aceptar los clichés sociales al respecto de maternar. Están las que se desarman de placer amamantando y también las que –como yo– nunca soportaron dar la teta, las hay enamoradas de la demanda de sus bebés, y también están las "mamás malas", como quiso llamar Carolina Justo von Lurzer –una investigadora del Instituto Gino Germani, que pertenece a la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA– al libro que escribió luego del nacimiento de su segundo hijo.

Mamá Mala acababa de parir y la estaba pasando mal. Muy mal. Y lo decía, lo comentaba en Facebook. Pasó por un puerperio opresivo, en el que, como ella misma dijo, "lo único que quería era apretar control + z y volver todo para atrás".

Esos posteos que Carolina (40) escribió la mantuvieron conectada con la realidad, con la vida cotidiana que fluía más allá de un encierro doméstico que la agobiaba. Además, descubrió que cientos de mujeres habían pasado por experiencias similares, y que al verse reflejadas en lo que ella escribía, no sentían esa mezcla de culpa y vergüenza de contar que no siempre la maternidad real se condice con la esperada y elaborada en nuestras mentes. Entonces, ante esta perplejidad de no poder cumplir ni con las propias expectativas ni con las que el entorno impone, la frustración crece.

Con el tiempo, "Mamá Mala" se convirtió en un libro, ilustrado por Florencia Sgandurra, que Carolina vino a presentar en la Feria del Libro local, acompañada por integrantes del Instituto de Género de Mendoza (Idegem).

En esta entrevista cuenta cómo fueron aquellos días en los que "Mamá Mala" la salvó de ahogarse en sus propios sentimientos, qué piensa de la maternidad "obligada" y por qué, a su criterio, es indispensable debatir acerca del aborto legal.

–¿Cómo nació "Mamá Mala"?
–Tiene que ver una serie de inquietudes, de cuestiones de género que no aparecen casualmente sino por mi formación. Sucedió después del nacimiento de mi segundo hijo. Comenzaron siendo posteos privados en Facebook, que después decidí hacer públicos y de a poco, este alter ego de Mamá Mala tomó forma, vida propia.

–¿Qué te animó a compartir lo que te pasaba?
–Tenía una depresión muy importante. Pasaba muchas horas en mi casa sola. Para colmo era diciembre, hacía calor. Mis horas del día transcurrían a solas con el bebé, que la verdad que en los primeros tiempos no te devuelve nada, después cuando es más grande ya comienza a responder. Pero yo estaba muy mal. Esa escritura me salvó.

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–¿Esto también pasó la primera vez que fuiste mamá?
–No, yo no lo había atravesado con mi primer hijo, claro que son dos niños distintos, pero yo también era una mujer distinta a cuando fui madre por segunda vez.

–¿En qué habías cambiado?
–Me había hecho muchas preguntas, como mujer, como mamá, como profesional. Me empecé a sentir mal, frustrada. Entonces lo canalice desde un lugar de humor y de ironía.
–¿Cuál fue la reacción de la gente que te leía?
–Empezó a tener gran repercusión entre las mujeres de mi entorno que sabía quién era yo. Y me pasó algo muy particular: personas cercanas a mí, que no me lo habían contado antes, de pronto me empezaron a relatar experiencias muy similares a la mía. Me pasó con una de mis mejores amigas, que no había podido expresarle a nadie lo que sintió con el nacimiento de su hija. No se animaba a contarlo.

–¿Tu libro se refiere a todo lo que te sucedió durante el embarazo?
–No, Mamá mala habla del puerperio. Que es, dígamoslo claramente, un agujero negro. Hay lecturas sobre embarazo, parto, lactancia o crianza. Pero del puerperio no te habla nadie. Da vergüenza.

–¿Cómo lo describirías?
–Como un momento del que te da vergüenza hablar. De repente, estás haciendo todo mal. Porque según los mandatos sociales, ¡te tendrías que sentir superfeliz!, tenés un bebé sano, tiene todos los dedos, no hay problemas evidentes, debería ser tu mayor momento de plenitud y felicidad, y no la estás pasando así.

–¿Particularmente qué sentías?
–No me podía conectar con mi hijo. Quería apretar control + z y volver todo para atrás. El tema es que, en el caso de una pareja heterosexual, el varón puede huir, de hecho lo hace, a los tres días se va a trabajar y su rutina es la misma de siempre. La madre no. Hasta los varones más copados huyen.

–¿Vos creés que en las parejas homosexuales esto no sucede?
–Siempre en una pareja hay alguien que puede huir. Y lo hace. Hay una demanda que solo puede satisfacer la madre, o quien cumpla ese rol. En mi caso, fue muy doloroso y muy difícil.
–¿Te sentías atrapada?
–Claro, pero no se trata sólo de satisfacer la demanda, porque la demanda animal del bebé puede estar cubierta, pero hay algo de ese primer vínculo del que no te podés despegar, que está asociado con nosotras, y que cuando no deseas estar ahí, es una carga tremenda.

–¿Cómo lo sobrellevaste?
–La verdad es que no encontraba respuestas en ningún lugar, ni en el feminismo antimaternal, que te dice "esto te pasa por el destino biologisista que elegiste, vos lo seguiste, nosotros te avisamos". No encontraba ningún lugar en el que me sintiera a gusto. Probé hablar con el pediatra, la puericultora, hice terapia, fui al homeópata, ¡hasta a una astróloga! Y sólo escribir como "Mamá Mala" me salvaba.

–¿Así fue creciendo el personaje?
–Lo que pasó fue que una periodista amiga, Luciana Peker, que trabaja en Página 12, me pidió una columna para Las Doce. Y yo no sabía si decirle que sí, porque lo que escribía, lo escribía como un vómito cuando me pasaba. No creía poder hacerlo sistemáticamente, todas las semanas.

–¿Pero lo hiciste?
–Sí, empecé a escribir una columnita en Las Doce y de repente, literalmente, "me llovió" una catarata de mensajes de mujeres, porque alrededor del puerperio hay una especie de "pacto de silencio", algo que nadie te cuenta.

–¿Pero nunca lo pensaste como libro?
–No, para nada, esto fue por la demanda. Lo editó Hekht, una editorial gestionada por dos mujeres feministas. Ellas son las dueñas, y buscan armar un recorrido de lecturas feministas. Lo que hacen es muy interesante.

–Digamos que casi lo tenías armado.
–Mamá Mala se hizo con el material de un año de posteos de Facebook, cronológicamente ordenados, a los que se le sumaron las maravillosas ilustraciones que hizo Florencia Sgandurra.

–¿Seguiste escribiendo?
–Ahora, "Mamá Mala" escribe de vez en cuando, siempre por cuestiones ligadas a la maternidad, que también tienen que ver con situaciones sociales. El tema es que para mí, "Mamá Mala" tuvo un tiempo muy específico, aunque ahora el libro tiene una vida propia.

–¿Hay una demanda para que sigas escribiendo?
–Ahora me llaman para ir a conversar a lugares, he estado en dos espacios de crianza, charlando un poco del libro. Pero yo no doy consejos sobre maternidad, lo que más mal me hizo el conjunto enorme de consejos que me dijeron. Por eso yo no lo hago.

–¿Pensás que la gente quiere imponer su propia experiencia sobre la maternidad, sobre lo que es bueno o malo, en forma totalitaria?
–Existe una gran tergiversación sobre algunos planteos con respecto a decisiones ligadas a la maternidad que pueden ser positivas, pero que generan posiciones extremas. Por ejemplo, el tema del parto humanizado. Que es simplemente el que cada mujer desee tener, no necesariamente es un parto en la casa, o en el agua.

–¿Por qué pensás que pasa esto?
–Creo que es por los modos en los que hemos aprendido a ser mamás y a cumplir con estándares que no son los que nos hacen felices. Hay situaciones que no podemos sobrellevar.

–¿Por ejemplo?
–La crianza con apego, está muy bien, pero ¿cómo hacen las mamás que tienen que trabajar 14 horas? Hay muchos mandatos viejos, pero también hay nuevos mandatos con los que nos frustramos por no poder cumplirlos.

–¿Trabajarías en una investigación sobre esta etapa de la maternidad?
–No, porque hay muchas investigadoras que lo hacen muy bien, sí trabajo en recopilar experiencias sobre el puerperio, experiencias que cuenten qué les pasa a las mujeres en este momento.

–¿Qué situaciones se repiten en esos testimonios?
–Que se suspende la vida de la mujer. Al menos por un tiempo, todo gira en torno de los ritmos y necesidades de ese otro. Es la mayor pérdida de autonomía en toda la vida de una mujer. Nunca sentí que tenía menos posibilidades de decidir que en ese momento.

–¿Pensaste que desaparecías detrás del niño?
–Pensaba en la absoluta imposibilidad de ser yo, eso es desaparecer. Y eso que los busqué a los dos y al último, mucho más que al primero.

–¿Qué fue lo que más te cambió con el segundo hijo?
–El segundo vuelve a romper cierto equilibrio logrado. Y yo pensaba ¿qué pasó acá? Tenía otra vida, era una mujer hecha y derecha para esa altura, ya manejaba esa tensión que tenemos las mujeres de salir a trabajar y dejar al niño, y todo volvió a cero.

–¿Vos creés que las madres no podemos descansar nunca?
–Siento que salimos en condiciones precarias a trabajar, y que nunca podemos desligarnos de la carga mental que significa un hijo. Si no te tenés que ocupar directamente de cuidarlo, llevás a tus hijos en la cabeza todo el tiempo. Qué necesitan, quién los va a ir a buscar a la escuela, o a sus actividades, si les faltan medias, o el mapa que tiene que llevar a clase. Esa es la carga mental.

–¿Sentiste culpa?
–¡Claro que sí! Me daba muchísima culpa que no me pasara nada con el bebé, lo único que quería era que se quedara callado y quieto. Me acuerdo de haberme quedado sentada en la cama, quieta hasta que se me acalambraban los brazos. Porque mi momento de tranquilidad era cuando él estaba ausente. No le faltaba nada porque yo era funcional. Cumplía. Él estaba protegido, su integridad física no corría peligro, cuando se despertaba le hacía caras de mamá buena. Pero mi deseo era no estar ahí.

–¿Cuál es el papel del varón, de la pareja, o del otro u otra en esto de maternar?
–Yo puedo hablarte de mi experiencia, de mujer de clase media y heterosexual. Desde este lugar te digo que los varones tienen permitida la huida y el abandono. Los varones pueden dejar a sus hijos y no volver más. Está aceptado, aunque haya una suerte de condena social, que un padre huya. En cambio, una madre que se va, que abandona a "su cría", es absolutamente patologizada, es considerada una enferma, una loca. La mujer no se puede fugar de su hogar, y no volver nunca más. Ese es el diferencial entre el lugar del padre y el lugar de la madre, es muy distinto en esta sociedad.

–¿Opinás que en esto también cabe discutir el tema del aborto legal?
–Claro que es necesario que se legalice el aborto, los hijos son sólo con deseo. Y si no, no son. Si un hijo deseado te deja así, un hijo no deseado es absolutamente inviable.
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